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Después de doce meses de crecimiento ininterrumpido de las principales bolsas de valores chinas (Shangai y Shenzhen), que llegaron a valorizarse en 147%, una vertiginosa caída causó una pérdida de 32% en apenas 17 días (entre el 12 de junio y el 9 de julio), el equivalente a U$S 1,3 trillones solo en la bolsa de Shangai, cantidad próxima al valor de mercado negociado en las cuatro bolsas del Estado Español. Una pérdida asombrosa.

En los doce meses de alza continua, el gobierno chino estimuló la compra de acciones proporcionando crédito a bajos intereses para las intermediarias de compraventa en el mercado financiero, que prestaban dinero para que los inversores comprasen acciones ofrecidas por ellas mismas. El total de préstamos llegó a U$S 322.000 millones el 27 de mayo, según la Bloomberg. El negocio parecía tan lucrativo que la principal fuente de renta de familias de clase media pasó a ser ese, y muchos abandonaron el empleo para dedicarse exclusivamente a “jugar” en la bolsa.

Campesinos afirmaban que la compra de acciones daba mucha más ganancia que su cría de animales o sus pequeñas plantaciones. Y todos se embarcaron en la ola, comprando acciones de empresas pequeñas y medianas que prometían mayores rendimientos, sin embargo con alto riesgo de retorno, siempre incentivados por el gobierno, que afirmaba era un negocio seguro. La valorización llegó a tal punto que las acciones de esas empresas llegaron a costar 147 veces la ganancia recibida, mientras el valor medio de este índice (llamado PER – price/earning ratio) es de 22 en los Estados Unidos. Teóricamente, el PER significa el número de años en que la inversión puede ser recuperada bajo la forma de dividendos. Pero, obviamente, nadie estaba dispuesto a esperar tanto tiempo, y las acciones eran negociadas diariamente.

Caída en el precipicio

Bastaron 17 días para acabar con los sueños de enriquecimiento fácil de millones de chinos. La caída solo no fue mayor porque el gobierno nuevamente inyectó miles de millones de dólares en la forma de préstamos y reducción de intereses, además de la reducción del depósito compulsivo de los bancos (para aumentar el dinero disponible para préstamo), el permiso para que los fondos de pensión invirtiesen hasta 30% de sus patrimonios en las bolsas, entre otras medidas, además de permanentes declaraciones del gobierno del PCCh de confianza en el “mercado”.

La causa del crecimiento…

Muchos hablan de la explosión de la una burbuja especulativa. Que había una “burbuja” (o capital virtual) y no deudas. Sin embargo, hay causas ligadas a la economía “real” de China que están en la base tanto del crecimiento como de la caída de las bolsas.

Y la base más importante es la industria de la construcción civil, que ya fue analizada en artículos anteriores, cuando se afirmó que se vivía una fase de superproducción sin precedentes.

Después de años de producción creciente de inmuebles –casas y propiedades de lujo, edificios de oficinas y shopping centers futuristas– alimentada por la facilidad de crédito dado por el gobierno y el consecuente aumento en los precios, las ventas se paralizan. Ciudades fantasma surgen por todas partes, edificios enteros sin un único morador, shopping centers sin locales abiertos. Los precios comienzan a caer y la gallina de los huevos de oro de la industria china para de poner. Las ganancias dejan de ser atractivas y obras quedan sin terminar, ya que no compensa más invertir en este ramo.

El crecimiento de los emprendimientos inmobiliarios en mayo de este año fue de 5,1% comparado con mayo de 2014. Un número significativo, pero fue el menor desde el inicio de 2009. La compra de tierras cayó 26% y el inicio de nuevas obras tuvo una reducción de 16%. Las inversiones se destinaron, principalmente, a terminar obras ya comenzadas.

Esta caída tiene un peso enorme en la economía china. Algunos economistas estiman que la industria de la construcción civil –desde la producción de acero y cemento hasta la industria de electrodomésticos y muebles– contribuye con más de 20% del PIB chino.

No obstante, si había superproducción de inmuebles, había también dinero en exceso en las manos de empresas constructoras e inmobiliarias, producido por la súper ganancia de la época de expansión. Ese capital, ávido por valorizarse, fue a buscar refugio en las bolsas de valores y fue la causa de su crecimiento en los últimos doce meses.

… y de la caída de las bolsas

No obstante, un mercado de acciones en alza permanente tendría sentido si hubiese una expansión de la actividad económica, lo que no es el caso incluso del propio ramo de la construcción civil. Según el FMI, el PIB de China debe crecer 6,8% en 2015 y 6,3% en el próximo año, en comparación con el 7,4% de 2014. El Banco Central chino bajó de 7,1% para 7,0% su propia previsión de crecimiento para este año. Números significativos; sin embargo, decrecientes.

En el sector industrial hay una situación de estancamiento. El índice PMI, que mide la variación de las encomiendas hechas por los departamentos de compras de las industrias (e indica, por lo tanto, la posibilidad de crecimiento futuro) fue de 50,2 en junio, el mismo valor de mayo. El valor de 50 es la frontera entre retracción y expansión.

Por fin, los datos de mayo muestran que las importaciones cayeron 18% en relación con el mismo mes del año anterior.

Fue esta situación de la economía china que causó la caída de las bolsas para más allá de la corrida especulativa. La valorización de las acciones no fue seguida por un crecimiento económico, no porque no hubiese dinero para invertir, al contrario, sino porque no hay sectores suficientemente lucrativos en los cuales invertir. En este caso, la inversión en la propia bolsa se torna atractiva, hasta que, sin anuncio previo, la valorización es tan grande que todos (o un grupo grande) deciden vender y se instala el pánico.

Una economía con acumulación enorme de contradicciones

A primera vista, el gobierno chino consigue impedir –una vez más– una caída catastrófica de la economía del país, que podría tener repercusiones internacionales inimaginables, principalmente para los países que dependen de exportaciones para China, como el Brasil o Australia, pero también para el propio imperialismo norteamericano, que podría ver evaporarse su capital invertido en el país.

Además, consigue evitar que la actual ola creciente de huelgas, que se desarrolla por los más variados motivos, se propague y se unifique en torno a la lucha contra el propio gobierno, lo que sería el primer paso para el derrumbe de la dictadura del PCCh.

Pero en ninguno de los aspectos fue dicha la última palabra, pues la salida encontrada por el gobierno no resuelve los problemas estructurales de la economía, siendo el primero la crisis de superproducción en varias ramas ligadas a la construcción civil, como la industria siderúrgica, del cemento, inmuebles, etc.

¿Qué hace acumular contradicciones?

En primer lugar, la liberación de más crédito, la reducción de intereses, los préstamos hechos por los bancos estatales aumentan su deuda pública (incluso las deudas de los gobiernos locales), que ya era de 282% de su PIB hasta 2014, según la Consultora McKinsey.

En segundo lugar, el mecanismo de obligar a las empresas estatales a comprar sus propias acciones para evitar más caídas hace que estas empresas cambien dinero vivo por papeles que difícilmente volverán a los valores previos a la caída. Principalmente porque, al comprar estas acciones, las empresas se descapitalizaron, lo que va contra su propia valorización. La tendencia es de aceleración de la caída de la economía “real” después de estas jugadas peligrosas por parte del gobierno.

El margen de maniobra es cada vez menor y el propio imperialismo comienza a dudar de la capacidad del presidente chino Xi Jinping de conducir a buen término la actual crisis económica y salvaguardar los intereses de su burguesía en el país. Los próximos pasos dados por la clase obrera pueden ser decisivos.

Traducción: Natalia Estrada.

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