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El 18 de marzo se inició la campaña presidencial francesa, con un primer turno  el 23 de abril. Las elecciones se dan en medio de una grave crisis política e institucional que alcanza de lleno a los dos grandes partidos que se han alternado en el gobierno francés durante décadas: la derecha gaullista tradicional, con François Fillon al frente, y el partido socialista, con Benoît Hamon. Ambos partidos se encuentran desgarrados y en el caso del PSF en un avanzado proceso de descomposición. Todas las encuestas les vaticinan una gran derrota electoral.

La crisis francesa está directamente asociada a la de la Unión Europea (UE), el proyecto que el gran capital europeo ha venido construyendo desde 1945, en asociación con el imperialismo norteamericano.La UE, con un rechazo popular cada vez mayor, celebra el 60 aniversario del Tratado de Roma en su peor momento, con una crisis que amenaza su propia existencia, en particular tras el Brexit y la elección de Trump.

El gran capital europeo, que inicialmente se ensañó con la periferia en Grecia, Portugal, Irlanda o España, se ha visto más tarde obligado a atacar también de frente en países centrales del imperialismo europeo, empezando por Francia, sumida en un proceso de decadencia respecto al imperialismo alemán. Este es el significado profundo de la reforma de la ley laboral del gobierno Hollande-Valls, destinada a cambiar el patrón de explotación de la clase trabajadora francesa, lo que provocó importantes huelgas y grandes manifestaciones, que tuvieron que enfrentar una enorme violencia policial.

La extrema derecha nacional-imperialista, racista y xenófoba del Front National (FN) trata de capitalizar la crisis del PSF y de la derecha tradicional. La candidatura de Marine Le Pen defiende una alternativa anti-inmigración aún más dura que la de Hollande y un referéndum para sacar a Francia del euro, al tiempo que despliega una fuerte demagogia social, teñida de racismo y chovinismo. Marine Le Pen está actualmente en primer lugar en las encuestas y se da por hecho que pasará a la segunda vuelta. Electoralmente compite, ante todo, con Macron y con Jean Luc Mélenchon, el candidato cuyas expectativas de voto están creciendo más y reúne los mítines más multitudinarios.

Macron, ex-banquero y ex-ministro de Hollande, es el candidato del capital financiero francés y europeo y cuenta con el apoyo del ala derecha del PSF.

Mélenchon, ex-ministro del  socialista Lionel Jospin, se presenta al frente de la candidatura “Francia Insumisa”, apoyada por el Partido Comunista. Se identifica con la “nueva izquierda europea” de Podemos, el Bloco de Esquerda portugués, Die Linke o  Syriza, de quien no se ha desmarcado. Como todas esas fuerzas, no plantea la ruptura con la UE sino “modificar los tratados”. Su programa, con un sesgo marcadamente nacionalista, no defiende ninguna medida de fondo contra los banqueros y los grandes grupos capitalistas. Propone reformas moderadas y una Asamblea Constituyente para refundar una VI República parlamentarista. También defiende la salida de la OTAN y la inclusión del derecho al aborto en la Constitución. Se presenta como el abanderado de  la “Revolución Ciudadana”.

A la izquierda de Melenchon, hay dos candidatos: la profesora universitaria Nathalie Artaud, de Lutte Ouvrière, y el obrero de la Ford, Philippe Poutou,del Nouveau Parti Anticapitaliste (NPA), que presenta un programa cuyos  puntos centrales son la prohibición de los despidos, la reducción de la jornada laboral sin reducción salarial, la defensa y fortalecimiento de los servicios públicos y la apropiación social de los sectores clave de la economía. Se enfrenta asimismo al racismo y a la violencia policial. Su programa, sin embargo, queda cojo a la hora de denunciar al imperialismo francés y de plantear el repudio y la ruptura con la UE.

A pesar de ello, la candidatura de Poutou ofrece -a diferencia de la mayoría de la izquierda europea- un punto de apoyo para contraponerse a las candidaturas burguesas y de conciliación de clases así como para  agrupar al activismo obrero y social, tal como se ha mostrado en los debates públicos electorales.

Por eso, la Liga Internacional de los Trabajadores llamamos a votar a Philippe Poutou en las próximas elecciones presidenciales.

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