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Dedicamos esta nueva edición de la revista Correo Internacional a la situación del Brasil. Lo hacemos, en primer lugar, por la importancia objetiva que este país tiene en Latinoamérica y el mundo. En segundo lugar, porque en Brasil actúa e interviene la principal organización nacional de la LIT-CI: el PSTU (B).

En los distintos artículos de esta revista, intentaremos abordar los diferentes componentes de esta situación.

El punto de partida es la comprobación que el proceso de impeachment (juicio político) abierto en el Parlamento contra la presidente Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores – PT (que la apartó de su cargo por 6 meses), su reemplazo por el vicepresidente Michel Temer del PMDB[1] y la formación de un nuevo gobierno, lejos de cerrar la crisis política y fortalecer al régimen lo ha fragilizado aún más.

Con escasísimo apoyo de masas (las encuestas para una posible elección presidencial le dan a Temer un resultado de 5%), con una base parlamentaria inestable y desprestigiada por la corrupción del Parlamento en su conjunto[2], con la obligación de aplicar un brutal ajuste económico sin atenuantes, el gobierno Temer se parece más a un débil gobierno de transición que a un gobierno estable que puede avanzar con fuerza en sus objetivos.

Como una expresión de esta debilidad, a poco más de un mes de haberse formado, dos de sus ministros debieron renunciar por denuncias de corrupción (la misma que supuestamente venían a eliminar) y gran parte del nuevo gabinete está acusado y procesado por razones parecidas. El principal articulador del impeachment en el Parlamento (el ex presidente de la Cámara, Eduardo Cunha) acaba de renunciar ese cargo, devorado por la dinámica de la crisis.

¿Cuáles son los factores que se combinan para configurar esta situación? Vamos a desarrollarlos en artículos específicos, por lo que aquí solo los enunciaremos brevemente.

En primer lugar, el marco más general es la crisis económica internacional que está golpeando muy fuerte en Brasil (con una importante caída del precio de las materias primas y, con ello, de las divisas que ingresan por exportaciones). Las políticas de impulsar el mercado interno a través de las exenciones impositivas y el crédito, aplicadas por el gobierno Dilma, han llegado a su límite. El resultado combinado es que entre 2015 y 2016, Brasil tendrá una caída de casi 10% de su PIB (cifra similar a la que dio marco al “argentinazo” de 2001).

Esto acentúa al extremo las disputas interburguesas por el control de los negocios que se reducen, y también acentúa la necesidad de las fracciones burguesas de controlar el Estado y la importante porción de estos negocios que se canalizan a través del presupuesto estatal. La realidad es que no hay dos proyectos económicos en disputa: ambos bloques disputan los mismos sectores patronales: hoy, la mayoría está con Temer, antes estuvo con Dilma, pero ambos trabajan básicamente con el mismo equipo económico. Por otro lado, la crisis obliga a la burguesía y a cualquier gobierno burgués a aplicar un durísimo plan de ajuste contra los trabajadores y las masas, a través de los aumentos de precios y la inflación, los despidos, los ataques a las conquistas (como la jubilación) y la educación y la salud públicas, etc. En realidad, se trata de seguir aplicándolo: el gobierno Dilma ya había comenzado a hacerlo.

En segundo lugar, existe un gran desgaste, elementos profundos de crisis de las masas con el actual régimen político. Uno de los componentes más importantes de ese proceso es que la base obrera y popular del PT está rompiendo con él porque no solo incumplió sus promesas de un cambio social profundo en el país sino que, además, traicionó su promesa de “limpiar la política” y entró de lleno en la corrupción estatal inherente al sistema capitalista. En ese marco, si bien no hay una alternativa de masas a la izquierda, las masas no están yendo hacia la derecha: están en contra de lo que “está ahora”. Por eso, incluso electoralmente, la derecha tiene dificultades para presentarse como una alternativa para las masas: la encuesta que ya citamos le da a Aécio Neves (principal figura del PSDB) una intención de menos de 20% de los votos. Para sectores muy importantes de las masas, el PT y la derecha burguesa “son lo mismo” y el gobierno de Temer es “tan malo” como el de Dilma.

Esta profunda insatisfacción con el régimen ya se había expresado en las gigantescas movilizaciones de junio de 2013 que, aunque lo hayan hecho de modo aún confuso, cuestionaron profundamente la situación del país y mudaron la relación de fuerzas. Hoy seguimos en la situación abierta en junio de 2013. La “maniobra parlamentaria” que destituyó a Dilma y puso a Temer no solo no ha cerrado esta brecha sino que la profundizó.

Ante la fragilidad del gobierno Temer, sectores de la burguesía brasileña y las alas más lúcidas del imperialismo consideran la alternativa de convocar a elecciones presidenciales anticipadas para intentar cerrar esta situación y fortalecer el régimen, en caso de que el nuevo gobierno no consiga construir las condiciones de gobernabilidad necesarias. La prueba vendrá cuando el gobierno tenga que descargar los ataques que necesita hacer contra el movimiento de masas. Hasta el momento, no ha hecho ningún ataque sustancial., si bien ya se están discutiendo la PL 257 y la PEC 241, de reformas de la previsión social y laboral.

La situación ha generado un durísimo debate dentro de la izquierda brasileña y latinoamericana sobre la caracterización de la situación y esencialmente sobre la política que se debe tener frente a ella. Dentro del Brasil, la mayoría de las corrientes y organizaciones opinan que hay un “giro reaccionario” de la situación política y que este se ha expresado en un “golpe institucional” de la oposición de derecha contra el gobierno del PT (el impeachment de Dilma y la asunción de Temer).

Por lo tanto, ahora, lo principal es derrotar ese “golpe” y “defender la democracia”. En ese marco, la lucha contra el gobierno de Temer sería un paso hacia la vuelta de Dilma a la presidencia. Esta posición es defendida no solo por el PT y los partidos que integraron su gobierno sino por organizaciones que fueron críticas a él, como el Movimiento de los Trabajadores sin Techo (MTST) y la mayoría del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), e incluso el MRT. Es decir, unidad con el PT y las movilizaciones que [este] está llamando.

El PT vive una fase de decadencia similar a la de las organizaciones socialdemócratas europeas como el PSOK griego o el PSOE. Intenta recomponerse y “limpiarse” con alianzas hacia izquierda. Es su política construir un Frente Brasil Popular (encabezado por Lula) para las elecciones de 2018, en las que el PT se camufle incorporando movimientos sociales y al PSOL (en el estilo del Frente Amplio uruguayo).

Con los argumentos ya citados, esta política integra al PSOL dentro de uno de los dos campos burgueses enfrentados (el que encabeza el PT) porque es “más progresivo”, “se lucha contra el golpe” y “se defiende la democracia”. La realidad es que, sobre la base de un análisis falso, se justifica así que, en la agonía del gobierno burgués de frente popular y cuando las masas están rompiendo con él, haya que abrazarse a él para defenderlo y frenar la ruptura, porque representa un “giro reaccionario” de las masas o un golpe de derecha.

Las críticas a la posición del PSTU

En las movilizaciones de junio de 2013 y después de ellas, el PSTU tuvo una política de impulsar el ingreso pleno de la clase obrera en el proceso, a través de su movilización y organización. Mantuvo esta orientación después de las elecciones de 2014 (que Dilma, con “propaganda engañosa”, consiguió ganar por escaso margen). Era una política destinada a intentar quebrar la falsa polarización entre ambas alternativas burguesas y generar una alternativa propia de los trabajadores y las masas, enfrentando al gobierno Dilma, a la oposición de derecha y al conjunto del régimen corrupto.

En el marco de que la oposición de derecha (PSDB y DEM), aliado ahora a otro sector burgués que rompía con el gobierno (PMDB), iniciaba su ofensiva legal y parlamentaria para sacar a Dilma de la presidencia, esta política fue calificada por la mayoría de la izquierda brasileña como “funcional a la derecha” e, incluso, como [de] “apoyar el golpe”. Era la cobertura para el apoyo (abierto o encubierto) al sector burgués alineado con el PT.

Sin que se haya cerrado este debate del período anterior, ahora se ha abierto uno nuevo. Sectores de la izquierda del PSOL y otras organizaciones ya no hablan de que hubo golpe sino una “maniobra parlamentaria reaccionaria” o “un golpe parlamentario”. Incluso responsabilizan al propio gobierno de Dilma y al PT por haber llegado a esta situación.

Este conjunto de organizaciones han formado un Bloque de Izquierda Socialista cuyo único punto es impulsar la más amplia unidad de acción para luchar contra el gobierno Temer. El PSTU y la LIT-CI están totalmente a favor de esta unidad de acción. Así lo han expresado en artículos y declaraciones que incluyen el llamado de Zé Maria de Almeida para organizar una huelga general como modo de llevar adelante esta lucha. En ese marco, interviene de modo unitario en cada lucha concreta contra este nuevo gobierno y los de los Estados. Para nosotros, la caída del gobierno Temer por la vía de la acción de las masas sería muy progresiva. Por eso, llama a impulsar la jornada de unidad de acción de todas las centrales para el día 16 de agosto. Entonces, no es esa la discusión.

El debate pasa por dos puntos. El primero es que un sector de los que son llamados a participar de esa unidad de acción (como el PT y la CUT) lo hacen con la propuesta implícita o explícita del “Vuelve Dilma”. Algo que, por otro lado, no moviliza porque la clase obrera no quiere la vuelta de Dilma. Es parte de una política del PT de no movilizar realmente sino preparar la campaña de “Lula Presidente” en una nueva elección presidencial. Es decir, echemos a Temer para que reasuman Dilma y el PT o, más de fondo, para que Lula gane las próximas elecciones. Incluso en el marco de una posible unidad de acción, es imprescindible diferenciarse de esta propuesta y combatirla.

El segundo punto es que el programa de la formación de un Bloque de Izquierda Socialista no puede limitarse al Fuera Temer. Debe incluir también la lucha contra el PT y el campo burgués que encabeza, por un programa que exprese el conjunto de las propuestas de una “izquierda socialista” y la afirmación clara de que nuestra perspectiva es impulsar la lucha por el poder de los trabajadores. En caso contrario, más allá de su nombre, no será un Bloque de Izquierda Socialista sino una cobertura (por izquierda) de Lula y el PT.

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El curso del proceso brasileño es de una importancia central para la situación latinoamericana y mundial. En el debate sobre la política que deben tener los que se reivindican de “izquierda socialista” se repite, esencialmente, los que se dieron sobre el chavismo en Venezuela y sobre Syriza en Grecia. Es necesario sacar conclusiones de esas experiencias fracasadas y no repetir las mismas políticas que solo nos llevarán a nuevas derrotas y frustraciones en el camino de la lucha por el socialismo.

EL EDITOR

[1] El burgués Partido del Movimiento Democrático Brasileño que, hasta el proceso de impeachment, era el principal aliado del PT en el gobierno y en el Parlamento.

[2] Además del PMBD, esta base parlamentaria está formada esencialmente por el PSDB (que era principal partido de la oposición burguesa de derecha al gobierno del PT) y otros partidos menores.

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