Cuando se critican las políticas de los gobiernos del PP, de la Unión Europea, … es habitual, hacer una relación de cales son, a saber: deuda, recortes en los servicios, rescates bancarios y privatizaciones, reformas laborales y rebajas de salarios, o sea, empobrecimiento general de la sociedad. Se da como un hecho conocido su relación, estableciendo cómo prioritario la deuda, los recortes y las privatizaciones.Por Roberto Laxe (25/10/2013)

Esta claro que hoy por hoy la respuesta social más contundente a las políticas de los gobiernos vienen por el flanco de las luchas contra las privatizaciones, la sanidad a la cabeza; es por eso que ante la sociedad se visualice la relacion entre deuda, recortes y rescates bancarios. Por otro lado, a lo largo de todos estos años se vendió la imagen de que los problemas de deficit y deuda venían, también, de los salarios y las condiciones de trabajo de los funcionarios, que sufrieron en sus carnes los golpes de las congelaciones salariales y los recortes. Ahora es la enseñanza, con sus huelgas contra la Ley Wert, las que aparecen como el centro de las políticas de los gobiernos.

La deuda y su pago, el desmantelamiento del estado del bienestar y los rescates bancarios no solo están íntimamente ligados, sino aparecen nítidos delante de la sociedad -no es difícil hacer las sumas y restas-, por eso, ésta centra sus odios en los bancos. Así, en las encuestas los empresarios, sobre todo los pequeños y medianos, salen bien parados, se les ve cómo victimas igual que a la clase trabajadora, mientras que los bancos y las grandes empresas -conocida cómo la “oligarquía financiera”- aparecen como los ogros, lo que sin duda es sano y progresivo, pues apuntan el corazón del sistema.

Pero, que relación tiene esto con los salarios de los 13 millones de asalariados y asalariadas que no son de la pública, y los 5 millones de parados. No es la deuda pública la que provocó esta situación; no fueron los bancos, ni los grandes empresarios los que de manera directa destruyeron todos esos puestos de trabajo, no son ellos los únicos que bajaron los salarios, aumentado las jornadas laborales; es más, la última reforma laboral la hicieron a la medida no sólo de los grandes, sino de los medianos y pequeños empresarios al modificar la relación de fuerzas dentro de la empresa, abaratar el despido, permitir rupturas de la negociación colectiva, etc., en el camino que todos ellos quieren: el desregulamento total de las relaciones laborales.

Burguesia u oligarquia financiera

No hace falta ser un lince para enterarse de que esta diferenciación, como la que se hace entre “economía especulativa” y “economía real” es interesada. Proviene de sectores de la izquierda en su sentido más amplio que buscan un recambio dentro del sistema capitalista; que renunciaron a la revolución socialista y necesitan de una muleta burguesa para su propuesta de cambio. Por eso teorizan que los problemas de la sociedad están en la economía especulativa a la que nos abocó la oligarquía financiera, salvando de esta manera la cara de aquellos capitalistas “productivos”, que sí quieren crear empleo y desarrollar la sociedad, pero que “pobres ellos”, la falta de crédito bancario se lo impide.

Lógicamente esta diferenciación interesada parte de la caracterización que hacen de la crisis; el problema actual no está en las estructuras de la economía capitalistas sino en la codicia de algunos y en el neoliberalismo, que quisieron hacerse ricos por encima de las propias leyes burguesas. Fueron los especuladores y banqueros, los aprovechados, los corruptos, ayudados por los políticos, los que nos trajeron hasta aquí. Los demás, desde empresarios hasta trabajadores/as, la sociedad civil dirían algunos, fueron sus victimas, por lo que se impone un acuerdo, una mayoría social, entre los empresarios sanos y los trabajadores/as (llamados “clase media”) para sacarnos del agujero. Que esta alianza de clases se dé a nivel nacional, estatal o europeo ya depende del marco en el que se mueva cada uno.

Desde un punto de vista socialdemócrata y progresista esta es una perspectiva teórica lógica, no tienen la menor intención de llevar adelante una política anticapitalista; su objetivo no es otro que volver a los “buenos viejos tiempos” del estado del bienestar.

Pero la crisis económica tiene otras causas y por tanto convierte este discurso en una fantasía.

La causa central de la crisis no está en un problema subjetivo -la codicia de unos banqueros y políticos corruptos-, esa es una de sus manifestaciones, sino objetivo; la rentabilidad de los capitales invertidos cae fruto de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Es la burguesia en su conjunto, como detentadora de esos capitales, la que “sufre” la crisis agudizando las contradicciones entre sus distintos sectores.

Dice I.I. Rubin en los Ensayos sobre la Teoría General del Valor que las crisis son la ruptura del equilibrio entre producción y distribución. La ruptura de esta proporcionalidad o del equilibrio fruto de la caida de la tasa de ganancia es la que provoca la situación actual, y afecta a la burguesia como clase; más allá de que pertenezca a la “oligarquía” financiera, al capital industrial o al comercial. Todos ellos están unidos por una relación superior, las relacions sociales de prducción capitalistas, el trabajo asalariado y la propiedad personal y gestión de los medios de producción y distribución, de la que depende sus medios de vid.

La reforma laboral, la deuda y el capital financiero

 Es ya casi un lugar común afirmar que la deuda pública que atenaza a decenas de estados viene de la socialización de las pérdidas de los bancos, que desde el 2008 hasta hoy han endosado a los estados por las más diversas vías, rescates directos, avales, préstamos, compra de activos tóxicos, etc., etc. Esto condujo a reformas constitucionales, a recortes brutales en las condiciones de vida de la ciudadanía y en los derechos de los trabajadores/as públicos, en sus salarios, etc.

La deuda pública es la justificación que todos los gobiernos utilizan para recortar en los servicios, para proceder a su privatización: tras la marcha del estado entran los bancos y las aseguradoras personales. Pero que tiene que ver esto con el desregularización de las relaciones laborales, la caída de los salarios de los 13 millones de trabajadores de la empresa privada; que tiene que ver con las reformas laborales. Como afirman desde sectores progresistas de la sociedad, la política de recortes y austeridad es contraproducente porque desciende el poder de compra, se reduce la demanda, se hunde el comercio y caen los ingresos del estado, llevándonos la un gusanillo hacia abajo.

Aun siendo justa esta critica, su concepción de la crisis hace que su denuncia al PP, Angela Merkel, la UE, la Troika – recordemos que los que defienden estas tesis están bien instalados en la lo izquierda, la oficial y la alternativa, en las cupulas sindicales, en sectores de las ONGs, etc.- se limita a que no se mantiene el poder de compra de la clase trabajadora, y que son “suicidas”, gobernando al servicio de una ínfima minoría del capital, la “oligarquía financiera”. En el fondo, su critica sólo lleva a un capitalismo de “rostro humano”.

Como analizamos más arriba es bastante difícil diferenciar “la oligarquía financiera” de la burguesia como clase social propietaria y gestora de los medios de producción y distribución; ahora veamos como se interrelaciona la crisis entre los distintos sectores de la burguesia.

Lenin, en el Imperialismo Fase Superior del Capitalismo, expuso que fruto del desarrollo del capitalismo los distintos sectores del capital se funden en uno, superior, que llamó “capital financiero”, según lo cual los banqueros, los industriales y los comerciantes se convierten en propietarios directos o indirectos de grandes trusts, que nosotros llamamos multinacionales. Que sea un fenómeno especifico dentro del capitalismo, donde confluyen diversos sectores de la economía, no excluye el que esos sigan existiendo y cada uno sujeto a las leyes generales del capital; pero por su interrelación hace que las crisis se contagien de una manera más rapida.

Marx hablaba de que crisis dentro del capitalismo había de muchos tipos, bancarias, comerciales, industriales; y el contagio, aunque existía se producía de una manera distinta a la actual. En el siglo XIX la caída de la tasa de ganancia afectaba al capital bancario porque los industriales -y por derivación los comerciantes- dejaban de pagar los préstamos o los intereses que debían. Con el capital financiero, los bancos son accionistas de las grandes empresas industriales, y los industriales son accionistas de los bancos; la caída de la tasa de ganancia golpea directamente en los bancos no sólo a través del aumento de la morosidad, sino también en los repartos de dividendos. Es concreto y directo.

Para recuperar la tasa de ganancia tiene que aumentar la tasa de explotación de la clase trabajadora, y esto no tiene nada que ver con la deuda, que es una manera de maquillar las cuentas de resultados, sino con las reformas laborales que buscan el aumento de la productividad del trabajo. Por todo ello, lo que para los socialdemocratas parece incomprensible, porque el gobierno aparentemente mete en un callejón sin salida a los capitalistas con su política de empobrecimiento social, aparece nitido delante de nosotros. El gobierno actúa cómo lo que es, el comité central de la burguesia, que más allá de los intereses particulares de tal o cuál sector capitalista, quiere imponer las medidas que recuperen la tasa de ganancia, única manera que tienen para salir de la crisis.

En esta línea apunta también el aumento de la deuda pública. Lo que el gobierno busca con el desmantelamiento del sector publico no es reducir la deuda, sólo pagarle los intereses a la banca y acreedores, y el déficit, sino resolver la caída de la tasa de ganancia a través de la ampliación de los sectores productivos. Para eso tiene que convertir los servicios públicos no generadores de plusvalía porque no trabajan para el mercado, en generadores de plusvalía introduciendo los criterios de competencia y productividad, que mejore la aportación de trabajo humano no pagado al sistema.

La deuda y las relaciones sociales de producción

 En general la deuda no atenta contra las relaciones sociales de producción puesto que es el método de financiación de cualquier sistema basado en la producción de mercancías. Crisis de deuda las hubo en el Estado Español desde que se lanzó a la aventura americana; la expulsión de los judíos por los RR CC tiene mucho que ver con la deuda de estos, es decir, del estado con los comerciantes judíos. El drama de la deuda no es tanto monto, sino la falta de ingresos para sostener el pago de las cuotas.

Es en general, porque en el caso de la actual Unión Europea esta relación “deuda/ingresos” no es tan clara. Cuando vamos a lo concreto, a las relaciones jurídicas europeas en las que se concretan las relaciones sociales de producción capitalistas, vemos como el Tratado de Maastricht impone a los estados su financiación indirecta, a través de la emisión de deuda en los mercados financieros, donde van los bancos e inversionistas…. que compran el dinero a bajo precio al Banco Central Europeo. Redondo el negocio.

Por eso, cuando traemos a la actualidad la deuda soberana, pública o como se le quiera llamar, de los estados europeos hallamos con que está inflada artificialmente, por una decisión política que buscaba tapar los agujeros de la caida de la tasa de ganancia del capital financiero (dejemosnos de hacer el juego a los demagogos de la derecha, hablando de bancos y políticos corruptos solamente).

Volvemos a la piedra clave de todo el edificio, la tasa de ganancia y su tendencia a la caída. La deuda analizada en lo concreto, sirve para evitar que las relaciones sociales de producción colapsen fruto de esa caída. No es la causa de nada, pero es una buena muleta para imponer un empobrecimiento social que afecta fundamentalmente a la clase obrera en el que hace el salario indirecto, es decir, servicios públicos y sociales. La deuda se interrelaciona con las formas políticas y jurídicas que adoptan las relaciones sociales de producción, convirtiéndola en una herramienta del capital para tapar la crisis que le atenaza y asi evitar su colapso.

La tasa de ganancia expresión de las relaciones sociales de producción

 Aparte de su planteamiento matemático (G’=p/c+v), la caída tendencial de la tasa de ganancia expresa la relación inversamente proporcional entre el aumento de la productividad del trabajador/la y los beneficios empresariales, que se ve matizada y mitigada por las fuerzas contrarrestantes que Marx señala en El Capital, por eso es una tendencia, no una ley absoluta. De hecho la tendencia decreciente de la tasa de ganancia se deduce a medio y largo plazo, y principalmente, por sus manifestaciones, desempleo masivo, deuda pública y especulación.

El capitalista como individuo busca permanentemente revolucionar la competitividad de su empresa frente a los demás, con el fin del aumentar la tasa de plusvalía (el trabajo no pagado), introduciendo mejoras técnicas que aumentan la composición orgánica del capital -el trabajo muerto de la maquinaria, “c”- para reducir el tiempo de trabajo necesario para la producción de la mercancía y aumentar el no pagado (plusvalía relativa, “p”).

Pero el capitalista individual se mueve en un colectivo, la clase burguesa, y al hacer este movimiento lo que provoca es una tendencia a la deflación, es decir, a la caída del valor real de las mercancías, del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo, y con eso de la tasa media de ganancia (G’). El sistema, para contrarrestar esta tendencia, tiene varios mecanismos, uno, abrir el comercio, es decir incrementar la venta de mercancías, dos, ampliar el aparato productivo, con una aportación masiva de trabajo no pagado en sectores nuevos de la producción, tres, aumentar la explotación de los trabajadores/as que incremente la plusvalía absoluta generada. El cuarto mecanismo es la destrucción masiva de fuerzas productivas, especialmente el trabajo humano, que permita un nuevo proceso de acumulación de capital; algo así como uno “reseteo” del sistema.

Esta contradicción entre la necesidad del sistema de revolucionar constantemente el aparato productivo en la búsqueda de una mayor rentabilidad y la tendencia a la caída del valor real de las mercancías, es la que esta en el fondo de la crisis actual, incluida la de la deuda, que se convirtió en el maquillaje para tapar esa caída.

La relación entre deuda y tendencia decreciente de la tasa de ganancia es la que existe entre la lucha social en defensa de los derechos de todos y todas la unos servicios públicos y las conquistas sociales con la lucha de la clase trabajadora por acabar con el mecanismo fundamental que genera las crisis del capitalismo, las relaciones sociales de producción, que imponen que el criterio de riqueza social se base en la acumulación de capital y no en la resolución de las necesidades sociales.

Galicia, a 25 de octubre del 2013

Publicado originalmente el 5 de noviembre de 2013 en http://econonuestra.org/analisis/item/479-deuda-relaciones-laborales-y-relaciones-sociales-de-producci%C3%B3n