La guerra entre el ejército de Bashar Al Assad y los distintos grupos armados de la oposición continúa en Siria. En las últimas semanas el centro de los enfrentamientos se desplazaron a Alepo, debido al avance sobre el terreno de los rebeldes, a pesar de su inferioridad armamentística. Los signos de debilidad del régimen son claros. En julio un atentado en la sede nacional de seguridad acabó con la vida del ministro de defensa, del ministro del interior y del cuñado del presidente. Perdieron el control de varios puestos fronterizos, ya son 27 los altos oficiales que desertaron, y entre la tropa se cuentan por cientos.
Al Assad respondió intensificando los bombardeos, alcanzándose 19.000 muertos desde el comienzo de la revolución. No sólo contra los grupos armados se desata la represión, también sigue continuando matanzas sobre civiles. La última fue en Daraya, un barrio obrero de Damasco que apoyaba mayoritariamente la revolución, que fue "limpiado" por el ejército del régimen dejando tras de sí varios centenares de cadáveres. El odio del pueblo Sirio les hace declarar a la prensa que sueñan con un final como el de Gadafi.
La revolución sigue siendo encabezada por el pueblo alzado. Esto se comprueba viendo la clara inferioridad armamentística de los rebeldes: ¿cómo podría ser así si es la OTAN la que está combatiendo? Las en general precarias armas que usan los revolucionarios proceden de los arsenales del ejército Siria, y de lo que los rebeldes han podido comprar. Por supuesto el imperialismo juega sus cartas en Siria, como en todas las revoluciones, pero para su frustración continúa estando muy lejos de controlar la situación. Hasta el momento se limitó a dejar correr la sangre, y a intentar encauzar un pacto de estabilidad entre el régimen y sus sectores afines en la oposición.
Mientras la revolución continúa, es importante que el pueblo Sirio, dentro y fuera del país, se organice para combatir a todos sus enemigos, incluso a los que se presentan como amigos. El régimen asesino de Assad debe caer con todo, doblegado por el ímpetu de los valerosos combatientes. Pero la victoria revolucionaria no debe cristalizar en confianza en un gobierno del Consejo Nacional Sirio, que ya se ha mostrado como traidor aceptando la tutela del país por las autoridades de Assad y pidiendo la intervención militar de la OTAN, los mismos que sostienen el Estado nazi-sionista de Israel. Sólo la organización democrática del pueblo trabajador, desde los comités locales y las milicias, junto con las fuerzas populares e independientes de Assad y el imperialismo, pueden dar una salida completa a la revolución siria.
Vídeo 1: Los combatientes libres se apoderan de armamento del ejército de Al Assad.
Vídeo 2: El Ejército Libre de Siria avanza posiciones.
















