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El fallecimiento de Fidel Castro reabre y potencia una serie de polémicas sobre el carácter de clase de la dirección castrista, del Estado Cuba antes y después de la restauración capitalista, sobre el papel de Fidel y del individuo en la historia. Presentamos a nuestros lectores una serie de textos escritos en el año 2006 y publicados originalmente en el libro “El Veredicto de la Historia”, de Martín Hernández.

Por Martín Hernández, de la LITci

Cuba y la sucesión de Fidel Castro

En los últimos años crecieron las especulaciones sobre cómo será Cuba sin Fidel. Esas especulaciones dieron un salto y se transformaron en importantes enfrentamientos políticos a partir del momento en que Castro fue sometido a una intervención quirúrgica que lo obligó a pasar el mando a su hermano Raúl.

En el momento que escribimos este artículo no se sabe si Fidel se va a reintegrar a sus funciones al frente del gobierno cubano o, si por el contrario, su alejamiento será definitivo. Las autoridades cubanas guardan sigilo sobre el tema mientras que representantes de otros gobiernos dan informaciones contradictorias. Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, que visitó a Castro en el hospital, dice que se está recuperando  y dentro de poco tiempo retornará a sus antiguas funciones. Por el contrario algunos representantes del PT brasileño, estrechamente ligados al gobierno cubano, informaron que el alejamiento de Castro es definitivo.

Es lógico que esta situación provoque tantas especulaciones y debates. Fidel fue el máximo dirigente de la revolución y ha estado al frente del gobierno de su país por casi 50 años. Por otra parte es necesario llevar en consideración que, partir de los “procesos del Este europeo” (restauración y revolución) es difícil pensar que en Cuba la sucesión de Fidel Castro se dará sin enfrentamientos y crisis.

¿Vuelta al capitalismo?

La amplia mayoría de la izquierda considera que en la ex-URSS, y en todo el Este europeo, se ha restaurado el capitalismo, pero que en Cuba no. Nadie niega las presiones restauracionistas pero consideran que el capitalismo no ha sido reintroducido en Cuba dada la resistencia de la dirección, particularmente del propio Fidel.

Cuba, de esta forma, sería uno de los últimos “bastiones socialistas”. Las pruebas presentadas para demostrar esta caracterización son varias: los discursos de Fidel contra el imperialismo y por el socialismo; la continuidad por parte de los EE.UU. del bloqueo económico y la permanente y creciente hostilidad contra el gobierno cubano de la burguesía exilada en los EE.UU. (los “gusanos”).

Para quien razona de esta forma el temor por lo que podría suceder con el alejamiento de Fidel está ampliamente justificado: el imperialismo norteamericano, junto con los “gusanos”, se podría aprovechar de la situación para restaurar el capitalismo en la Isla.

Sin duda es verdad que están tratando de sacar provecho de la actual situación pero no es correcto decir que su objetivo sea restaurar el capitalismo por la simple razón que en Cuba el capitalismo ya fue restaurado.

Nunca hubo acuerdo, a nivel de la izquierda, sobre el carácter del Estado cubano después de la revolución que llevó a Fidel Castro al poder. Unos hablaban de un estado “socialista”, otros de una “economía popular” y no faltaron los que caracterizaron a Cuba como un “capitalismo de Estado”. De nuestra parte consideramos que a partir de la expropiación del capitalismo Cuba se transformó en un “Estado obrero burocratizado”.

No es el objetivo de este artículo tratar de demostrar cuál de las definiciones es la más correcta pero sí queremos señalar un hecho sobre el cual hay bastante acuerdo: a partir de la ruptura con el imperialismo y la expropiación de la burguesía el Estado cubano sufrió un cambio cualitativo. Dejó de existir una economía capitalista. Surgió un estado de un nuevo tipo en donde no reinaba la anarquía del capital sino una economía planificada. De esta forma, el Estado cubano formaba parte de la economía mundial pero era, al igual que China y el conjunto de los estados del Este europeo, una parte contradictoria de esa economía.

Esta somera descripción del Estado cubano post revolución posiblemente sea respaldada por la amplia mayoría de la izquierda. Pues bien, nosotros opinamos que un estado de este tipo, independiente del nombre que reciba, ya no existe más. Por eso decimos que el imperialismo no tiene como objetivo restaurar el capitalismo porque el mismo ya fue restaurado. Entonces, el verdadero debate que hay en Cuba y que involucra a la dirección castrista, los “gusanos”, el gobierno norteamericano y el imperialismo europeo no es sobre si con el posible alejamiento de Fidel habrá o no restauración. El debate es sobre cómo continuar la restauración, y es ahí que surgen diferentes posiciones políticas en función de los diferentes intereses económicos en juego.

La restauración

Hay una enorme resistencia en el conjunto de la izquierda a nivel mundial a reconocer que el capitalismo ha sido restaurado en Cuba. Sin embargo, si analizamos la realidad, y no solamente los discursos de la dirección castrista, la restauración surge como un hecho incontestable.

La existencia de una economía “no-capitalista” no estaba sustentada en discursos sino fundamentalmente en tres pilares económicos. En primer lugar, el grueso de los medios de producción eran de propiedad estatal; en segundo lugar, la cantidad y calidad de lo que se producía no era determinado por las leyes del mercado sino por un plan económico central al cual todas las empresas estaban subordinadas y, por último, todo el comercio exterior, es decir, todo lo que el país compraba y vendía, estaba monopolizado por el estado.

Las conquistas económicas y sociales que Cuba alcanzó se basaron en estos tres pilares económicos. Pues bien, estos tres pilares ya no existen más. Por eso, hoy no podemos decir que en Cuba hay una economía “no-capitalista” y también por eso se están perdiendo, una a una, las conquistas de la revolución.

A fines de la década del 70 comenzaron las concesiones al capitalismo, pero fue en el año 1990, en consonancia con el proceso que se estaba dando en la ex-URSS y en el Este europeo, que en Cuba la restauración dio un salto cualitativo. A partir de ese momento, siguiendo el ejemplo de lo que ocurrió en China a partir del año 1978 y en la ex-URSS a partir del año 1986, las medidas para desmontar el antiguo estado obrero se sucedieron, una tras otra, a tal punto que en poco tiempo el gobierno acabó con el monopolio, por parte del Estado, del comercio exterior y se acabó con la economía centralmente planificada. Así las antiguas empresas del Estado fueron dejando de operar en base a un plan central y pasaron a responder a los designios de las leyes del mercado. Esto es fácilmente comprobable por un hecho: la Junta Central de Planificación, que dirigía la economía planificada, fue simplemente disuelta.

En el marco de este proceso de restauración cobró gran importancia con una ley aprobada por la Asamblea Nacional en septiembre de 1995. La Ley de Inversiones Extranjeras. Por medio de esa Ley, el tercer pilar económico del antiguo estado obrero (la propiedad estatal de los principales medios de producción) fue destruido. Las empresas estatales comenzaron a ser privatizadas, no en base a un capital nacional, sino al capital proveniente fundamentalmente del imperialismo europeo. A partir de esa ley prácticamente todos los sectores productivos del país fueron puestos a disposición del capital extranjero el cual pasó a asociase con empresas del Estado para explotar los recursos del país. Los principales “socios de Cuba” hoy son, en este orden, España, Canadá, Italia, Francia y el Reino Unido.

La entrada del capital extranjero se produjo en prácticamente todas las ramas de producción con un ritmo arrollador. Hoy las empresas mixtas (entre el Estado y el capital extranjero) dominan el 100% de la explotación del petróleo, de la minería metálica, de la producción de lubrificantes, de servicios telefónicos, de jabonería, de perfumería y de la exportación de ron. El 70% de las agroindustrias y de cítricos y el 50% de la producción de níquel, de cemento y del turismo.[1]

A pesar de todos estos datos muchos analistas dicen que en Cuba no hay un Estado capitalista porque aún existen muchas empresas del Estado y porque en la mayoría de las empresas mixtas el estado conserva el 51% de las  acciones.

Este análisis no tiene el más mínimo rigor científico. En todos los estados capitalistas existen empresas estatales y mixtas. Pero no es la cantidad de empresas estatales, o el porcentaje que tiene el estado en las empresas mixtas, lo que determina el carácter de esa economía (obrera o capitalista). La cuestión es saber, en el caso de Cuba, si esas empresas, mixtas y/o estatales, están subordinadas  a un plan económico central o si están subordinadas a las leyes del mercado, de  la oferta y la demanda. En Cuba, hasta  fines de la década del 80, las empresas estaban subordinadas a un plan económico central pero esa realidad cambió a partir de los años 90 y eso es lo que explica la entrada masiva del capital extranjero a partir de ese momento. Por ejemplo en 1990 sólo existían en toda Cuba siete acuerdos de asociación económica con el capital extranjero por un volumen total de 100 millones de dólares y esos acuerdos estaban restrictos al área de turismo. Cinco años después, en 1995,  existían 212 acuerdos de asociación económica con el capital extranjero, con una inversión de 2.100 millones de dólares abarcando 34 ramas de la economía.

Las relaciones de Cuba con la burguesía mundial

Cuba, durante muchos años, tuvo que soportar una permanente agresión política, económica e incluso militar del imperialismo norteamericano y de sus aliados. La revolución que derribó al dictador Batista triunfó el 1º de enero de 1959 y ya en el mes de octubre de ese mismo año el presidente de los EE.UU., Dwight Eisenhower, aprobó un plan de la CIA para realizar acciones terroristas en la Isla y a comienzos del año 1960 las refinerías de petróleo norteamericanas, instaladas en Cuba, comenzaron a boicotear la producción. En los meses y años siguientes estas agresiones se multiplicaron.

En diciembre de 1960 EE.UU. dejo de comprar azúcar cubano. En enero de 1961 rompió relaciones. En abril de ese mismo año cerca de 1.400 exilados cubanos, entrenados y armados por la CIA, desembarcaron en Playa Girón (Bahía de los Cochinos) con la intención de derribar al gobierno. En enero de 1962  Cuba fue excluida de la Organización de Estados Americanos (OEA). En febrero el presidente Kennedy ordenó el bloqueo económico total de Cuba.

En todos estos años la CIA preparó tantos atentados para matar a Fidel Castro que lo obligó a vivir prácticamente en la clandestinidad. Sólo en el año 1960 fueron descubiertos 8 complots para asesinarlo. Habiendo existido tantas agresiones contra Cuba y contra Fidel hoy en día muchos temen que la crisis provocada por la posible muerte de Castro, pueda llegar a ser aprovechada por los EE.UU. para invadir la Isla. Sin embargo las declaraciones del gobierno de los EE.UU. no parecen confirmar estos temores. A pesar de toda la política guerrerista del gobierno Bush, Condolleeza Rice fue muy categórica en declarar que bajo ningún punto de vista pretenden invadir Cuba. La  política es otra. Es presionar para que  se legalicen los partidos políticos y que el proceso sucesorio de Fidel sea decidido en las urnas. En este marco, Caleb McCarry, el hombre de Bush para garantizar la “transición en Cuba” llegó a declarar que, si la mayoría de los cubanos votan al Partido Comunista, los EE.UU. respetaran el resultado.

Si observamos la actual política de los EE.UU. y la comparamos con la anterior (atentados contra Fidel, desembarco de Playa Girón, bloqueo, etc.) resulta evidente que hay un cambio.

Con respecto a la URSS y del gobierno de Stalin, Trotsky decía:

“Mientras que el monopolio del comercio exterior no sea abolido, mientras que el derecho del capital no sea restablecido, la URSS, a pesar de todos los <<méritos>> de sus gobernantes, seguirá siendo para la burguesía del mundo entero un enemigo irreconciliable…”[2]

Lo mismo que decía Trotsky para la ex-URSS nosotros podemos decir para Cuba. Mientras que el monopolio del comercio exterior era del estado y mientras que los derechos del capital no estaban restablecidos, la burguesía de todo el mundo consideraba a Cuba como un enemigo irreconciliable.

El gobierno castrista, a partir de la década del 70, abandonó la idea de los primeros años, de intentar repetir en otros países la experiencia cubana. De esta forma, cuando los sandinistas tomaron el poder en Nicaragua, Fidel Castro les aconsejó que no expropiaran a la burguesía (“no hagan una nueva Cuba”). Pero de nada le sirvió este cambio. La mayoría de la burguesía siguió considerando a Cuba un enemigo irreconciliable.

La burguesía mundial sólo cambió de actitud cuando los “derechos del capital” comenzaron a ser restablecidos en la Isla. A partir de allí el respaldo fue tan grande que la mayoría de los gobiernos, no sólo de Europa sino del mundo, pasaron a cuestionar el boqueo americano. Por ejemplo en noviembre de 2005 la ONU condenó, por 14º vez consecutiva, el bloqueo a Cuba por parte de los EE.UU. Esta posición contó con el respaldo de 182 países. Esta nueva relación con una buena parte de la burguesía mundial fue “bendecida” por el Papa Juan Pablo II, que en 1998 visitó la Isla y por el patriarca Bartolomé I, líder espiritual de 140 millones de cristianos ortodoxos que lo hizo en 2004

La política de la burguesía norteamericana ha sido diferente, pero no tan diferente a la de la burguesía europea. Hay importantes sectores que reivindican el fin del bloqueo y el restablecimiento de plenas relaciones con Cuba que es, por otra parte, lo mismo que reivindica el gobierno cubano. Si aún eso no se ha conseguido es debido la presión que ejerce la poderosa burguesía cubana exilada en los EE.UU. Posiblemente la mayoría de ese sector sólo acepta relacionarse con Cuba en base a la recuperación del poder y de sus antiguas propiedades. Sin embargo estos no han logrado impedir que crezcan los sectores que están a favor de restablecer relaciones con el actual régimen cubano.

Por lo pronto es un  hecho que el número de estadounidenses que visitan Cuba no para de crecer. Sólo en el año 2002  fueron 230.000 (40.000 en forma ilegal). Pero no son sólo turistas los que visitan la Isla. En mayo de ese mismo año, Jimmy Carter, el ex-presidente de los EE.UU, visitó Cuba y diciembre del año 2004 más de 300 empresarios norteamericanos viajaron a La Habana para reunirse con Fidel Castro.

Hay otros hechos que también muestra una nueva relación que se está estableciendo entre los EE.UU. y Cuba. En el año 1988 el FBI desmontó una conspiración de exilados cubanos para asesinar a  Fidel Castro mientras que el juez norteamericano James L. King condenó a seis exilados a más de 20 años de prisión por haber participado del secuestro de un avión en la Isla.

Por otra parte, a partir del propio gobierno, el bloqueo económico comenzó a ser cuestionado. Hoy los EE.UU. ocupan el cuarto lugar, a nivel mundial, en lo que se refiere a exportaciones a Cuba. Esto se debe fundamentalmente a que la poderosa industria farmacéutica de ese país exporta a Cuba con el argumento de que se trata de “ayuda humanitaria”. Esta maniobra contra los “gusanos “sólo se pudo consumar porque contó con el respaldo del gobierno.

El objetivo de estos sectores de la burguesía norteamericana es claro: no quedar afuera del proceso de recolonización de la Isla encabezado actualmente por el imperialismo europeo.

Bonapartismo y democracia burguesa

Para cualquier analista resulta evidente que si Fidel Castro muere, o se ve imposibilitado de continuar en el gobierno, el régimen cubano va a quedar sumamente fragilizado. Sería esta una oportunidad excepcional para que el imperialismo se adueñara del poder por medio de los “gusanos”. Sin embargo no hay nada que indique que la política de los norteamericanos, y mucho menos del imperialismo europeo, sea la de desestabilizar al régimen. Por ahora, más adelante pueden cambiar, la política parece ser la de “presionar sin desestabilizar”.

¿Por qué no quieren desestabilizar al régimen cubano? Porque es con ese régimen que se está restaurando el capitalismo. ¿Y por qué entonces presionan por una salida “democrática”? Porque los diferentes sectores de la burguesía mundial buscan, mediante la legalización de los partidos políticos, y mediante las elecciones, ganar terreno en el interior del proceso de restauración, tanto en relación a los otros sectores burgueses como frente al propio gobierno que hoy día tiene el control del proceso, lo que está dando origen a conformación de una nueva burguesía ligada al Estado. Es en esto que se resume, a nivel de la burguesía y del gobierno cubano, el debate sobre la sucesión de Fidel.

La prensa mundial se hizo eco de las movilizaciones de los exilados cubanos en Miami y esto dio fuerza a la idea de que los EE.UU. estarían preparando una invasión o como mínimo una ofensiva brutal para derribar al actual régimen. Sin embargo no es eso lo que opinan los analistas más informados. Así por ejemplo, el periodista y escritor argentino Andrés Oppenheimer[3], un conocedor de Cuba y con muchos años de trabajo en  los EE.UU., escribió: “Observando los últimos acontecimientos de Cuba desde esta parte del mundo, uno tiene la impresión de que la comunidad internacional –incluyendo a los Estados Unidos– no tendrá mucho apuro en buscar una transición rápida hacia la democracia en la isla”.[4]

Por otra parte, el mismo Oppenheimer, cita una declaración de Emilio Cárdenas, un ex embajador argentino ante las Naciones Unidas “Nadie está apurado por ver grandes cambios en Cuba. En un primer momento, esto podría significar apoyar la dirección de Raúl Castro”.[5] Para entender esta contradicción (no desestabilizar el régimen bonapartista y presionar por cambios) es necesario hacer una comparación de Cuba con el resto de los estados capitalistas.

Las salidas bonapartistas, dictatoriales, son una alternativa para la burguesía cuando en función de la intensidad de la lucha de clases y/o los enfrentamientos interburgueses se hace necesario colocar orden en los negocios de la burguesía. Es en esos momentos que hasta lo más “democráticos” sectores de la patronal optan por ir a  golpear la puerta de los cuarteles. Por otra parte el bonapartismo es la expresión, en la superestructura política, de la existencia los monopolios por eso hay una presión constante de la economía mundial por salidas de este tipo. Sin embargo esos regímenes no logran perpetuarse porque normalmente intervienen tres factores contrarrestaste. Los propios sectores burgueses que buscan mayor espacio para desarrollarse, una tendencia de los gobiernos que encabezan esos regímenes a independizarse de la burguesía que los colocó en el poder y la acción de las masas contra esos propios regímenes.

Siempre que un régimen bonapartista es derrocado es porque, con mayor o menor fuerza, intervienen estos tres factores. En la mayoría de los estados capitalistas los regímenes bonapartistas surgieron después que el mecanismo tradicional de la burguesía para ejercer su dominación de clase, la democracia burguesa, fue cuestionado. Pero en el caso de Cuba no estamos hablando de un estado burgués típico sino de un estado burgués que surgió como producto de la restauración del capitalismo en un Estado obrero. En estos casos este tipo de régimen es una necesidad desde el mismo momento del nacimiento de ese Estado capitalista. Esta es la lección que el conjunto de la burguesía parece haber aprendido de los otros procesos de restauración.

Por ejemplo, en la ex-URSS, después de iniciada la restauración del capitalismo, las masas fueron a las calles para enfrentar a esos regímenes y el grueso de la burguesía mundial apoyó “alegremente” ese movimiento que acabó tirando abajo el aparato estalinista. Sin embargo esa realidad planteó graves problemas en el proceso de restauración. Por el contrario, en China la restauración que se inició en el año 1978, no llevó a un enfrentamiento de las masas con el régimen. Esto posibilitó que la restauración se fuera haciendo sin sobresaltos. En 1989, cuando las masas fueron a las calles y amenazaron acabar con el régimen dictatorial del PC, estuvo planteada la posibilidad de que en China se repitiese la experiencia Rusa y que el proceso de restauración pasara por dificultades, pero el gobierno Chino logró, mediante una masacre, controlar la situación. Esto produjo un reforzamiento del carácter bonapartista del régimen.

Aparentemente la burguesía mundial consiguió un gran victoria en el Este europeo con el surgimiento, en los países más importantes de la región, de regímenes democráticos burgueses y por el contrario habría sido derrotada en China porque allí, mediante la represión, se reafirmó el régimen dictatorial del Partido Comunista. Sin embargo, las cosas no fueron, ni son vistas de esta manera por la burguesía y eso es lo que explica que en todos estos años haya sido China (a pesar de las trabas idiomáticas y culturales) y no el Este europeo, el destino de las principales inversiones imperialistas.

Un dato de reciente aparición ejemplifica el porqué de la postura del imperialismo. El costo de la mano de obra para producir un coche en China es de 170 dólares por vehículo mientras que en los Estados Unidos supera los 2.000. Este es el “milagro chino” que sólo se lo puede conseguir en base a una dictadura sanguinaria en la que los trabajadores no tienen garantizados lo más mínimos derecho laborales.

Eso es lo que explica por qué la GM, a nivel mundial, logró salir de su crisis en el año 2005 a partir de sus plantas en China y esa es la razón de por qué el 50% de todos los productos exportados por las 500 multinacionales más importantes del planeta son fabricados en China.

Desde el punto de vista de los intereses de las potencias imperialista no tendría sentido una política para derribar al régimen del PC chino. De igual manera no tendría sentido una política para derribar al régimen controlado por el PC cubano.

El gobierno cubano le da todas las garantías a las empresas imperialistas para explotar los recursos de la Isla. Les ofrece la posibilidad de contratar una mano de obra altamente calificada pagando los menores sueldos del continente y junto con eso el estado le garantiza a las empresas que esos trabajadores no harán huelgas ni reclamos. Esto genera una enorme plusvalía, la cual puede ser enviada, casi sin restricciones, al exterior ¿A qué más puede aspirar el capital internacional?

Sin embargo la existencia de un proceso de restauración, dirigido por una dictadura del Partido Comunista les crea contradicciones, no sólo al imperialismo norteamericano sino también al europeo. Ambos quisieran tener el control total de este proceso y hoy en día no lo tienen y esto hecho hace que a partir del Estado vaya surgiendo una nueva burguesía nacional que ningún sector imperialista tiene interés en desarrollar, de allí las presiones para “democratizar” el Estado.

Ya señalamos anteriormente la contradicción que tiene la burguesía norteamericana con la burguesía cubana cosa que le impide disputar, de igual a igual con el imperialismo europeo, la recolonización de Cuba. Pero también la contradicción señalada anteriormente afecta al imperialismo europeo y por eso también, al igual que los norteamericanos, si bien no trabajan para derrocar al régimen cubano, no paran de presionarlo por salidas “democráticas”. Por ejemplo en noviembre de 2004, el Parlamento Europeo exigió de Cuba la liberación de los presos políticos y el presidente de España, José Luis Zapatero, exigió “pasos rápidos en la democratización”. En octubre de 2005 el Parlamento Europeo le entregó el Premio Sakharov de los Derechos Humanos a las “Damas de Blanco” un grupo de esposas de disidentes cubanos presos en el 2003.

En este marco el gobierno cubano no ha sido inmune a las presiones y los norteamericanos están empezando a reconocer este hecho. Por un lado el gobierno Cubano ha venido dejando en libertad a una serie de disidentes y por otro en el mes de mayo de 2005 permitió que se realice en La Habana un encuentro de 150 representantes de grupos opositores que se reunieron para discutir un plan para la transición política en la Isla. Frente a estos hechos el jefe de la Sección de Intereses de los EE.UU. en La Habana (Sina) Michael Parmly declaró: “…algún día el pueblo cubano hará posible las transformaciones, ya iniciadas, que conducirán a la democracia” y a su vez Caleb McCarry declaró que la cuestión de la restitución de las propiedades a sus antiguos propietarios (los “gusanos”) o la indemnización por las mismas,  que siempre fue la bandera central de los cubanos exilados, es un tema que debe ser “discutido”, es decir negociado.

El verdadero temor del gobierno cubano

Independientemente si Fidel se reintegra o no a las tareas de gobierno la sucesión ya ha comenzado. Casi como en una dinastía designó a su hermano Raúl como su sucesor y,  junto con eso, nombró un triunvirato, de dirigentes más jóvenes, para asumir el poder en forma conjunta. Son ellos Ricardo Alarcón, Presidente de la Asamblea Nacional, Carlos Lage actual Vicepresidente y Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores.

Todos estos movimientos se están haciendo sin que se conozca el real estado de salud de Fidel Castro. La información al respecto se ha convertido en un secreto de estado.  ¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué no se divulga un boletín médico sobre la salud de Fidel? Si el imperialismo no está intentando derribar al régimen castrista ¿qué es lo que explica esta actitud del gobierno? ¿Por qué se han reforzado las medidas de seguridad? ¿Qué es lo que teme el gobierno cubano?

Un hecho ocurrido en 1994 nos ayuda develar el por qué de tanto misterio y preocupación. Jon Lee Anderson [6], un periodista y escritor norteamericano que vivió diez años en Cuba, describe de esta manera lo ocurrido en el verano de 1994 durante la crisis de los “balseros”[7] “…en el auge del “período especial”, después de los choques entre las autoridades y los que pretendían emigrar, centenas de hombres y jóvenes salieron en manifestación por el Malecón. Castro se dirigió al lugar con sus guardaespaldas nerviosos y penetró en la multitud. Los manifestantes tenían en sus manos piedras y ladrillos pero, cuando vieron a Castro, las dejaron caer al suelo y comenzaron a aplaudir. El tumulto, que se estaba expandiendo peligrosamente, se comenzó a disipar.” y Anderson, después de hacer esta descripción, llega a la siguiente conclusión: Es difícil imaginar que algún sucesor de Castro hubiese tenido autoridad para tomar esa medida y la rebelión se podría expandir por toda la isla…” [8]

Una posible rebelión de las masas es la principal preocupación del gobierno cubano.   Para los lectores posiblemente resulte extraño pensar que una rebelión pueda llegar a ocurrir en Cuba, sin embargo el gobierno tiene razón en estar preocupado porque fueron justamente las rebeliones de masas la norma en prácticamente todos los procesos de restauración del capitalismo.

Existe la falsa idea, difundida por los medios capitalistas y asimilada por la mayoría de la izquierda mundial, que los procesos de restauración no provocaron reacciones en  la población. Más aún, se dice que las masas fueron a las calles para exigir la vuelta del capitalismo. Eso no fue así. El capitalismo fue restaurado y esto tuvo efectos devastadores en el nivel de vida de los trabajadores y el pueblo y, a partir de allí, fue que las masas fueron a las calles a enfrentar a los regímenes restauracionistas. En la ex-URSS  el desmantelamiento del estado obrero comenzó en 1986 y esto provocó, en  1989, el inicio de una reacción generalizada de las masas que se extendió por varios años y culminó con la derrota del régimen de partido único del PC. En China la destrucción del estado obrero comenzó en 1978 y esto generó una insurrección, en el año 1988 que, a diferencia de la ex-URSS, pudo ser controlada por medio de una masacre.

En Cuba la restauración del capitalismo tuvo las misma consecuencias para el nivel de vida de las masas que en la ex – URSS y en la China y esta realidad provocó un profundo descontento. Sin embargo en Cuba, al igual que en Vietnam, ese descontento no se concretó, hasta ahora, en grandes enfrentamientos contra el gobierno restauracionista y esto no fue producto de la casualidad.

Tanto en la URSS, como en China, el proceso de restauración se hizo en nombre del socialismo y del bienestar de los trabajadores y el pueblo. Pero estas mentiras no se sostuvieron por mucho tiempo porque quienes las decían eran burócratas sin pasado y alejados de las masas. Pero en Cuba y en Vietnam la realidad fue diferente. En estos países también la restauración del capitalismo se hizo en nombre de la lucha por el socialismo pera quienes estaban al frente de esa campaña no eran burócratas alejados de las masas sino los antiguos líderes de la revolución y de la expropiación de la burguesía.

La crisis que se plantea con la posible muerte o alejamiento de Fidel es justamente esa. Muerto Fidel ¿quién podrá impedir la rebelión contra las consecuencias de la restauración? ¿Podrá Raúl Castro reemplazar a Fidel en esa tarea ?

La revolución cubana sólo generó, por fuera de Fidel Castro, dos grandes líderes de masas: Camilo Cienfuegos y Che Guevara, pero ambos están muertos. Raúl Castro es parte de esa misma generación pero nunca tuvo el carisma y la influencia de aquellos. El gobierno cubano sabe de este grave problema y eso es lo que explica que el diario oficial del PC y del gobierno, el Granma, haya comenzado a hacer una apología de Raúl Castro. En una de sus últimas ediciones se republica una noticia del periódico Oriente, del 30 de julio de 1953, en donde se informa de la prisión de Raúl por haber participado, junto con Fidel, del asalto al fuerte de La Moncada en la Habana. La intención es clara: recordar la participación de Raúl en el proceso revolucionario que llevó a la derrota del dictador Batista. Esta apología viene a mostrar, por otra parte, que la dirección cubana, más que temer al imperialismo teme a su propia población porque es a ella que está dirigida este tipo de noticias mostrando el pasado revolucionario de Raúl Castro.

Como decíamos anteriormente, el imperialismo no desea desestabilizar al régimen cubano pero no puede garantizar que las masas no lo hagan. Si esto ocurre, un nuevo escenario estará creado y con seguridad el imperialismo va a tratar de intervenir, dado que una rebelión de masas, en su dinámica, no sólo va a cuestionar al régimen sino al propio proceso de restauración capitalista.

Si este nuevo escenario se crea en Cuba, la izquierda mundial estará frente a una nueva disyuntiva. ¿De qué lado estar? Hasta ahora, la mayoría de la izquierda (reformista y revolucionaria) en función de su apoyo a la supuesta “Cuba socialista”, se ha hecho cómplice de una dictadura capitalista y se ha hecho también cómplice de los planes de recolonización del imperialismo europeo. Cuando surjan las movilizaciones contra el gobierno cubano ¿seguirá con esta misma política o estará del lado de los trabajadores y el pueblo, luchando contra el régimen dictatorial del Partido Comunista y contra los nuevos conquistadores europeos y norteamericanos? El futuro de la izquierda, en especial de la izquierda revolucionaria, va a depender de cómo, en la práctica, responda a esta pregunta.

La dirección cubana

En  las organizaciones de izquierda hubo mucha resistencia a reconocer que en la ex-URSS y en el resto del Este europeo se había restaurado el capitalismo. En cierta forma esto es lógico porque el triunfo de la Revolución Rusa fue la más grande victoria de la historia del proletariado mundial y no es fácil reconocer que ella terminó en una derrota.  Sin embargo, hoy esta cuestión, veinte años después de iniciada la restauración,  está dejando de ser polémica. Ya casi nadie se anima  a negar la realidad. Pero con respecto a Cuba es diferente.

La realidad cubana tampoco debería dejar dudas, tanto sobre la restauración del capitalismo, como sobre el papel protagónico de Fidel Castro en esa tarea. Pero son muy pocos los que reconocen estos hechos. La mayoría del movimiento trotskista, por ejemplo, opina que Cuba continua siendo un Estado obrero y que la dirección cubana, con Fidel Castro a la cabeza, continua siendo, como mínimo, antiimperialista. Pero ni una ni otra cosa es verdadera.

¿Como hablar de un Estado obrero en donde ese Estado no tiene el monopolio del comercio exterior, en donde la economía no responde a una planificación central y en donde  imperan las leyes del mercado capitalista?

Y en relación a la dirección cubana, ¿Como decir que continúa siendo antiimperialista cuando está entregando el país al imperialismo europeo y Fidel hace rasgados elogios a sus gobiernos y en especial al  rey de España? Se podría decir que Fidel Castro no es antiimperialista, sino anti-americano, pero tampoco eso es verdadero. Fidel Castro, como el 80% de las personas que habitan el planeta, es anti-Bush. Está en contra de la actual administración de los EE.UU., pero actualmente no está en contra del imperialismo americano. Por ejemplo no está en contra del Partido Demócrata de los EE.UU., por el contrario, busca un acuerdo con él. Por eso en su reciente libro en forma de entrevista “Fidel Castro. Biografía a dos voces”, hace todo tipo de elogios a  sus dirigentes. Entre otras cosas, dice del ex-presidente John Kennedy (el mismo que inició la Guerra de Vietnam, mandó invadir Cuba y ordenó decenas de atentados contra el propio Fidel): “…el presidente Kennedy, realmente una persona de talento, tuvo la desgracia de esa expedición contra nosotros, la de Playa Girón y tuvo que asumirla. Fue corajoso frente a la derrota.”[9], y sobre su  familia afirma que “…después del asesinato de John Kennedy, mantuvieron contacto con nosotros y desarrollamos relaciones e intercambios realmente amistosos. Son pruebas de que no nos dejamos llevar por el odio”.[10]  Sobre Jimmy Carter[11], el ex presidente de los EE.UU. por el Partido Demócrata, dice: “…Carter era un hombre de ética. Su política fue constructiva en relación a Cuba y fue uno de los presidentes mas honrados. Tenía una ética, una moral… Carter no era capaz de decir una mentira.. .era un hombre bueno, decente… podríamos haber discutido la Ley de Ajustes pero no lo hicimos porque no queríamos perder tiempo y perjudicar a Carter… Resolvimos  hasta los secuestros de los aviones… venían con aviones secuestrados en los EE.UU.[12]…Nosotros se los devolvimos a Carter… Tengo la impresión que fueron condenados a cuarenta años de prisión… tomamos la decisión de entregarlos a las autoridades norteamericanas.”[13]

Los hechos, e incluso muchas declaraciones de Fidel, son categóricos. ¿Por qué entonces es tan difícil aceptar que en Cuba se restauró el capitalismo y que su dirección, actualmente, no tiene nada de anticapitalista y es muy poco antiimperialista? Porque por un lado Cuba fue, a nivel del continente americano, lo mismo que Rusia a nivel mundial: la más grande victoria de la historia del proletariado y por el otro porque al frente de Cuba esta Fidel Castro, el hombre que dirigió la lucha contra el dictador Batista, la ruptura con el imperialismo, la expropiación de la burguesía y justamente por haber hecho todo esto se convirtió en la dirección de millones de trabajadores, campesinos y jóvenes no sólo de Cuba sino de América Latina y el mundo. Justamente por eso para millones de sus seguidores es inaceptable siquiera pensar que el hombre que dirigió la revolución y que expropió a los capitalistas  ahora podría ser el jefe de la restauración.

Los argumentos para justificar lo injustificable son los más variados. La mayoría opina que no hay restauración porque Fidel y el pueblo cubano están en contra. Muchos, posiblemente la mayoría, consideran que Fidel, dado el aislamiento, se vio obligado a hacer concesiones al capitalismo, pero consideran esas concesiones inevitables para mantener el carácter socialista de la revolución. También están los más críticos, que opinan que las medidas restauracionistas están creciendo pero que  el responsable no es Fidel sino quienes lo rodean. Por fin hay una importante minoría opinando que realmente el capitalismo está siendo restaurado y que Fidel es el principal responsable, pero llegan a la conclusión, en forma nostálgica, que todo sería diferente si el Che Guevara estuviese vivo.

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Los individuos en la historia

Para el sentido común resulta muy difícil creer que la misma persona que dirigió una revolución que expropió a la burguesía puede llegar a dirigir la restauración del capitalismo. Es verdad que esto es una contradicción, pero también es verdad que esta es una contradicción muy frecuente.

Stalin, nadie lo puede negar, fue un abnegado militante revolucionario, constructor del Partido Bolchevique y como tal, en más de una oportunidad, colocó en riesgo su vida. Bastaría al respecto recordar que de todos los dirigentes bolcheviques fue él quien más tiempo pasó en las prisiones del zarismo. Sin embargo, fue ese mismo Stalin que se habría de transformar en el verdugo de la revolución y del Partido Bolchevique.

Tampoco nadie puede negar que en Nicaragua,  Daniel Ortega y sus compañeros del Frente Sandinista de Liberación Nacional fueron heroicos militantes en la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza. Sin embargo, hoy el mismo Daniel Ortega disputa las elecciones presidenciales de su país como candidato de una alianza entre FSLN y el PLN (Partido Liberal Nacionalista) fundado por Anastasio Somoza (padre), el asesino del general Augusto Cesar Sandino. La historia está llena de este tipo de situaciones. Por eso es imposible entender lo que está pasando en Cuba en función del pasado revolucionario de Fidel Castro.  Para el sentido común, la historia es la resultante de hombres buenos y malos que se enfrentan entre sí. Para los marxistas, la historia, desde que existe la sociedad dividida en clases, es la resultante del enfrentamiento entre las clases sociales (“La historia de la sociedad es la historia de la lucha de clases[14])

El marxismo no niega la importancia de los individuos en la historia, como Hitler, Lenín, Perón, Lula, Fidel Castro, Francisco Franco o el Che Guevara. Pero para el marxismo esos individuos, más o menos talentosos, más o menos valientes, nunca tuvieron una existencia por fuera de la lucha de clases. Por eso, para entender el comportamiento de esas personalidades, como en este caso Fidel Castro, se hace necesario hacer no sólo un análisis político de esos individuos y de esas direcciones, sino un análisis de clase. ¿Cuál es su origen social? ¿A qué clase representaron o representan? ¿En qué clase se apoyaban o se apoyan?

El carácter de clase de la dirección castrista y del Estado cubano

Si analizamos la dirección castrista desde el punto de vista de sus propuestas políticas encontramos una profunda contradicción entre su pasado y su presente. Pero si analizamos esa misma dirección desde el punto de vista social, tal contradicción desaparece.

El Movimiento 26 de Julio, que llevó adelante la lucha contra el dictador Batista, era un movimiento de origen y de carácter pequeño burgués, que se apoyó fundamentalmente en los campesinos pobres, en el movimiento estudiantil y en las capas medias de las ciudades. Como tal fue un movimiento extremadamente progresivo y jugó un papel revolucionario, al punto tal que avanzó mucho más allá de sus intenciones originales, llegando a expropiar al imperialismo y a la burguesía y dando origen así a un Estado de un nuevo carácter, un Estado obrero, ya que estaba basado en una economía estatizada y planificada.

Sin embargo, ese Estado obrero tuvo una grave contradicción desde su nacimiento: a su frente no estaba la clase obrera con sus organismos y menos aún había cualquier vestigio de democracia obrera. Por eso, desde el punto de vista científico, era equivocado definir al Estado cubano simplemente como “obrero”. Lo correcto era definirlo, desde su nacimiento, como un Estado obrero burocratizado.

El carácter del nuevo Estado cubano es una continuidad del carácter del Movimiento 26 de Julio, un “partido-ejercito”, lleno de valientes luchadores pero en el cual no había la mas mínima democracia, ni obrera ni de ningún tipo.

El carácter de clase de la dirección castrista ha dado origen a muchas controversias en el interior del movimiento trotskista. Hay muchos sectores que dicen que es verdad que el Movimiento 26 de Julio y su dirección tenían un carácter pequeño burgués, pero que al cumplir una acción revolucionaria (expropiar a la burguesía y al imperialismo y construir un Estado obrero) cambió su carácter social, convirtiéndose en una dirección obrera revolucionaria. Este tipo de razonamiento niega el marxismo porque un individuo puede llegar a cambiar de clase pero esto mismo no puede hacer un movimiento social, como en este caso el castrismo, porque, tal como señala Nahuel Moreno “Ningún sector social privilegiado acepta perder sus privilegios y transformarse en otro sector social inferior, diferente. Por el contrario, todo sector social con privilegios tiende a aumentarlos”.[15] La dirección de un sector privilegiado, burgués o pequeño burgués, puede “…obligada por las circunstancias objetivas, ir más allá de lo que pretendía en el terreno político para defender sus privilegios y aumentarlos cuando se ve amenazada de perderlos, pero nunca combatirá sus propios privilegios uniéndose a los sectores mas explotados que luchan contra ellos[16].

Es justamente este análisis de Moreno lo que explica porque el Movimiento 26 de Julio, contradiciendo sus planes políticos originales, llegó a expropiar a la burguesía y al imperialismo. Pero es también este análisis el que explica porque esa dirección fue incapaz de llevar hasta el fin el proceso revolucionario y a partir de allí comenzó a retroceder hasta llegar a la restauración del capitalismo.

El castrismo fue más allá de sus intenciones

La dirección castrista fue mucho más consecuente en su lucha contra la dictadura que la dirección Sandinista en Nicaragua. Por eso no se conformó con derrumbar a la dictadura, e intento recuperar la economía destrozada por el corrupto gobierno de Batista. Su intención no era expropiar al imperialismo y a la burguesía pero se vio obligada a hacerlo en función del boicot de ambos.

Así por ejemplo el nuevo gobierno cubano hizo un acuerdo muy ventajoso con la URSS para importar petróleo. El gobierno de EE.UU. se opuso a ese acuerdo y las destilerías instaladas en Cuba, que eran todas americanas,  se negaron a destilar el producto importado de la URSS. Esta medida dejó sin alternativas al gobierno cubano que acabó expropiando las destilerías americanas. Esto mismo fue ocurriendo, en poco tiempo, con el conjunto de la economía.

La lucha consecuente por sostener el nuevo gobierno surgido de la lucha contra Batista llevo a la dirección del Movimiento 26 de julio no solo a expropiar al capitalismo y a la burguesía sino a diferenciarse incluso de la URSS y del estalinismo a nivel mundial. La dirección castrista fue consciente de que Cuba estaba aislada y para defenderse precisaba atacar. Y así, en el mismo momento que la URSS, y todo el stalinismo a nivel mundial, defendía la “coexistencia pacífica con el imperialismo” Fidel Castro decía que había que “…transformar a la Cordillera de los Andes en la Sierra Maestra del continente americano[17] y el Che Guevara llamaba a construir  “dos, tres,  muchos más Vietnam”. Y estas no eran frases de efecto al estilo de las que pronuncia actualmente Hugo Chávez. Para concretizar su proyecto Fidel Castro colocó a Manuel “Barba Roja” Piñeiro, que era viceministro del interior, al frente del secreto Departamento de Liberación encargado de organizar los entrenamientos, políticos y militares, de centenas de guerrilleros de varios países latinoamericanos y de coordinar las medidas de apoyo a varios movimientos de liberación nacional como fue el caso del encabezado por Ben Bella en Argelia

Las limitaciones del castrismo

Cuando en la URSS los bolcheviques dirigieron la toma del poder buscaron en todo momento, por intermedio de los Soviet y de los sindicatos, y con base a la democracia obrera, que sea la clase trabajadora la que tomase en sus manos la construcción del nuevo Estado. Por otra parte la dirección bolchevique se aprovechó del prestigio ganado por su revolución para llamar a construir el estado mayor de la revolución mundial, la III Internacional, de la cual la dirección bolchevique paso a ser una parte minoritaria de su dirección.

Revolucionarios de muchas partes del mundo intentaron, después del triunfo de la revolución rusa, sin llevar en consideración la realidad de la lucha de clases, construir soviet y tomar el poder. La dirección bolchevique, y Lenin en particular, combatieron duramente a estos falsos bolcheviques y los llamó respectar el movimiento real de la clase obrera y las masas.

Con la dirección castrista sucedió todo lo contrario y por eso, todo lo progresivo que hizo, lo acabó transformando en su contrario. Expropió a la burguesía y al imperialismo pero en ningún momento buscó que sea la clase obrera y el pueblo, mediante sus organizaciones, las que se pusieran al frente de nuevo estado.

La dirección castrista buscó impulsar la revolución en otros países pero, a diferencia de la dirección bolchevique, nunca vio la revolución cubana como algo táctico en función de la revolución latinoamericana y mundial sino que, por el contrario, vio la revolución en los otros países como una táctica para defender la revolución cubana. Es decir la dirección cubana siempre vio la revolución mundial desde una óptica nacional.

La máxima expresión del carácter nacionalista de esta dirección fue que nunca llamó, a pesar de su prestigio internacional, a construir una dirección internacional de la que ella debía hacer parte. Así el carácter nacionalista y pequeño burgués de la dirección castrista acabó afectando el conjunto de la política internacional del castrismo y eso llevo a que la revolución cubana se aislase cada vez más.

Por toda América Latina surgieron jóvenes, en la mayoría de las veces provenientes de la pequeño burguesía, que estaban deseosos de repetir la experiencia cubana en sus países. La dirección cubana, lejos de orientar a esos jóvenes en dirección a la clase obrera, sus organizaciones y sus luchas, los llamó a organizar focos guerrilleros, sin llevar en cuenta la situación de la lucha de clases, para “crear” las condiciones para revolución.

Estas posiciones de la dirección castrista  penetraron profundamente entre muchos luchadores, especialmente en la vanguardia estudiantil latinoamericana y, como no podía ser de otra forma, esa experiencia terminó en una tragedia. Procesos revolucionarios fueron abortados. Golpes sangrientos fueron provocados. Miles de honestos militantes murieron en esa aventura. Entre ellos el propio Che Guevara, que murió asesinado en Bolivia.

La dirección cubana frente a estos desastres, por un problema de clase, fue incapaz de hacer un balance de esta tragedia y reorientar su política en dirección a la clase obrera y sus luchas. Hizo todo lo contrario, se acabó integrando, en forma definitiva al bloque dirigido por la URSS y su política de “coexistencia pacífica” con el imperialismo.

La nueva política de Cuba pasó por su mayor prueba en 1979. En ese año el Frente Sandinista de Liberación Nacional, después de destruir la Guardia Nacional de Somoza, tomó  el poder en Nicaragua. Las simpatías que existían en Nicaragua por la Revolución Cubana eran muy grandes. Por otra parte la dirección sandinista se consideraba discípula de Fidel Castro. Después de tomar el poder la dirección del FSLN  viajó a Cuba a entrevistase con Castro. Este felicitó a los sandinistas y les dio un consejo: “No hagan de Nicaragua una nueva Cuba”. El consejo fue claro. En otras palabras les dijo a los sandinistas: no avancen más allá del derrocamiento de la dictadura, no expropien al imperialismo y a la burguesía, no construyan un Estado obrero. Con ese consejo el destino de Nicaragua estaba sellado y el de Cuba también.

De la “coexistencia pacífica” a la restauración capitalista

La teoría utópica y reaccionaria de Stalin,  del “socialismo en un solo país”, llevó a la política contrarrevolucionaria de la “coexistencia pacífica con el imperialismo” y esta, como no podía ser de otra manera, condujo a la restauración del capitalismo en el conjunto de los ex-estados obreros.

La coexistencia pacífica con el imperialismo significó, en la práctica, permitir que las mayores potencias económicas del planeta no solo mantuvieron su superioridad, y por esa vía su dominio de la economía mundial, sino que ampliaran ese dominio en detrimento de los Estados obreros. Esto llevó a una crisis creciente, desde el punto de vista económico y social, a esos estados de tal forma que quedaron sólo frente a dos alternativas. O retomaban, mediante la lucha por la revolución mundial, la batalla por recuperar sus economías, o se entregaban, mediante la restauración del capitalismo, a los brazos del imperialismo. La crisis era tan grave que no les quedaba más que estas dos alternativas. La historia es bastante conocida. Por razones de clase, las burocracias gobernantes no estaban dispuestas a poner en riesgos sus privilegios por eso, de conjunto, caminaron en dirección a la segunda opción.

Cuba estaba, como los otros Estados obreros, frente a estas mismas alternativas, y es evidente que no optó por expandir la revolución basta para eso ver la experiencia de Nicaragua que citamos anteriormente. De esta forma, frente a al aislamiento que ella mismo había contribuido para crear, sólo le quedaba la restauración como opción. Y así,  de esta forma, hoy estamos presenciando el triste final de una dirección que por sus limitaciones políticas y especialmente de clase fue incapaz de llevar su propia experiencia hasta sus últimas consecuencias.

 Y si el Che no hubiese muerto

Como decíamos anteriormente, hay mucha gente, incluso en la propia Cuba, que dice que todo sería diferente si el Che estuviese vivo. También en cierta forma es lógico que surjan este tipo de planteos porque el Che Guevara murió cuando aún primaba la línea de exportar la revolución cubana por medio de la guerrilla. Por otra parte la imagen del Che está asociada a su valentía, a su desprendimiento de los bienes materiales y a su lucha contra cualquier privilegio personal.

Evidentemente no se trata de hacer ficción política pero es bastante difícil imaginar, que si el Che estuviese vivo, en Cuba no se habría restaurado el capitalismo o que el Che estaría encabezando, contra Fidel, la lucha contra la restauración. ¿Por que decimos esto? Porque la dirección cubana siguió el curso que siguió por sus profundas limitaciones, que no eran esencialmente políticas o teóricas, sino de clase, y el Che no era diferente del resto. Más bien por el contrario, era quien más expresaba esas limitaciones. El Che hacía parte de una generación de jóvenes de izquierda argentinos, de la década del 50, que fue lo más reaccionario que existió en ese país. La juventud universitaria, de “izquierda”, en función de su antiperonismo odiaba al movimiento obrero. La juventud universitaria, dirigida por el radicalismo y por el PC, desfilaba en las calles con la consigna de “¡Libros si alpargatas no!”

Al respecto del Che, y su falta de relación con el movimiento obrero, hay un hecho muy significativo: El Che, que era un joven muy sensible, se impactó con  la lucha para derrumbar al dictador  Batista sin embargo no se sintió tan impactado por la revolución boliviana del 52 a pesar de haber pasado por ese país algunos meses después de iniciado  ese proceso. Al Che no le provocó un gran impacto la más grande revolución obrera del continente, la derrota del ejército a manos de los mineros, la fundación de la COB, las milicias obreras y campesinas que impusieron un doble poder en Bolivia. Nunca estudió ese proceso y mucho menos sacó cualquier conclusión del mismo a tal punto que cuando en el año 1966 vuelve a Bolivia para organizar el foco guerrillero en ningún momento intentó tomar contacto con los mineros, vanguardia indiscutida, por décadas, de la revolución boliviana y latinoamericana.

Guevara, como toda la dirección castrista, nunca buscó que la clase obrera jugase un rol protagónico en la revolución y en la transición al socialismo y mucho menos luchó por la construcción del partido revolucionario de la clase obrera a nivel nacional y mundial. O, para ser más preciso, la dirección castrista y, el Che en particular, con su teoría del “foco guerrillero”, tenía una posición contraria a la tradicional del marxismo en ese terreno.

Por otra parte a menudo se lo muestra al Che como un luchador contra la burocratización del Estado obrero cubano. Eso es equivocado. El Che fue un ejemplo vivo de una lucha en contra de los privilegios materiales para los dirigentes de la revolución y el Estado pero el Che nunca luchó contra la burocratización del Estado. Nunca defendió la democracia obrera, que es la única posibilidad de luchar, con posibilidades de éxito, contra la burocratización.

El Estado obrero cubano no se degeneró unos años después de la toma del poder. El Estado obrero cubano nació burocratizado y Ernesto Guevara fue, desde sus inicios, uno de los principales dirigentes de ese Estado.[18]

La dirección rusa y cubana frente a la restauración

A lo largo de este texto hemos mostrado la diferencia cualitativa que hubo entre la dirección bolchevique, de Lenin y Trotsky, y la dirección cubana de Fidel Castro y el Che Guevara. Sin embargo, una lectura superficial nos podría llevar a  poner un signo igual en el comportamiento de ambas direcciones frente a la restauración.

En ambos procesos hubo una dirección que encabezó la expropiación del imperialismo y la burguesía y ambos procesos terminaron con la restauración del capitalismo.  Sin embargo la diferencia es cualitativa ya que la ex-URSS, sólo se pudo llegar a la restauración con la destrucción previa del Partido Bolchevique a manos del estalinismo. Por el contrario, en Cuba no fue necesario destruir la antigua dirección para restaurar el capitalismo. La misma dirección que dirigió la expropiación de la burguesía fue la que, sin crisis, encabezó la restauración.

Este hecho viene a demostrar que siempre hubo una profunda unidad, de clase, entre la dirección rusa y la cubana, pero no entre la dirección de Lenín y Trotsky con la de Fidel sino entre la dirección estalinista y la Fidel, unidad que existió aún en los momentos en que la dirección castrista tenía a una posición política diferente a esta.

El balance de la dirección castrista y la construcción de la dirección revolucionaria

En el medio de una situación revolucionaria como la que se vive actualmente en América Latina, la batalla por construir una dirección revolucionaria es la “Madre de todas las batallas”, pero esa construcción no comienza de cero.

Trotsky, haciendo el balance de la Revolución Rusa, decía: “Sabemos con certeza que cualquier pueblo, cualquier clase y hasta cualquier partido se instruyen principalmente por experiencia propia; pero ello no significa, en modo alguno que sea de poca monta la experiencia de los demás países, clases y partidos. Sin un estudio de la gran Revolución Francesa, de la revolución de 1848 y de la Comuna de Paris, jamás hubiésemos llevado a cabo la Revolución de Octubre.[19]

A nivel de del continente americano es imposible llegar a la victoria si no somos capaces de estudiar, y sacar todas las conclusiones del caso, de la única revolución socialista triunfante en el continente, la Revolución Cubana. Esa es la importancia de este balance histórico de la dirección castrista   no sólo para el presente sino fundamentalmente para el futuro.

Hay conclusiones fundamentales a sacar de la gran Revolución Cubana que iluminan nuestra batalla en el continente, tanto en el terreno objetivo como subjetivo. En primer lugar, la Revolución Cubana mostró que a la burguesía y al imperialismo se lo puede enfrentar y derrotar. Si eso fue posible en un pequeño país situado a pocos kilómetros de los EE.UU. ¿Por qué no puede ser posible que eso se repita en países mucho más importantes del continente como Argentina, Brasil, Colombia, Chile o México?

En segundo lugar los logros conseguidos por la Revolución Cubana en el terreno de la eliminación de la pobreza, de la salud y la educación, muestran que estos temas, que pareciera que son endémicos en el continente, pueden ser resueltos a partir de la expropiación de la burguesía y del imperialismo.

En tercer lugar la realidad mostró que sin la extensión de la revolución al resto del continente y el mundo, el camino de toda revolución victoriosa, que expropie al capitalismo, es inevitablemente la restauración del propio capitalismo.

En cuarto lugar la realidad también mostró que la dirección cubana, que apareció en su momento frente a los ojos de millones de luchadores de todo el mundo, como una alternativa de dirección revolucionaria frente a la decadente burocracia estalinista, sucumbió victima de sus graves contradicciones políticas y de clase.

En quinto lugar, y a modo de conclusión final: Es innegable que la Revolución Cubana potencializó, a nivel mundial, las energías revolucionarias de la clase obrera y el pueblo, pero, contradictoriamente, a nivel de la superación de la crisis de la dirección revolucionaria, el castrismo cumplió un papel nefasto.

El prestigio ganado por la dirección castrista, por haber dirigido la revolución, fue tan grande que retraso por décadas la gran tarea de superar la crisis de la dirección revolucionaria.  El castrismo cumplió un papel objetivo de alejar a la vanguardia de las dos grandes tareas estratégicas de los revolucionarios: la relación con la clase obrera y la construcción del partido de la revolución a nivel nacional y mundial.

El castrismo influenció y confundió no sólo a varias generaciones de luchadores sino organizaciones enteras y a importantes dirigentes marxistas revolucionarios. Nahuel Moreno, sin duda el más importante dirigente del trotskismo latinoamericano, no consiguió escapar, en los primeros años de la revolución, de la presión del castrismo. Así por ejemplo en un texto de polémica con el Che Guevara desarrollaba conceptos como este: “Fidel y Che han demostrado en los hechos y han popularizado varias cuestiones políticas y teóricas de fundamental importancia, que hace que de ellos se pueda decir, parafraseando lo que Sartre dice de la filosofía de Marx, que no hay hoy día otra corriente  revolucionaria en América que el castrismo[20]

Nahuel Moreno, a diferencia de la amplia mayoría de los otros dirigentes del trotskismo, siguió fiel a la clase obrera y al marxismo y, por esa vía, fue rompiendo cualquier tipo de relación con el castrismo. Prueba de esto es que el conjunto de las reflexiones que manifestamos en este artículo están inspiradas en las elaboraciones de Moreno de la década del 70 y 80.

En el libro Conversaciones con Nahuel Moreno él hace una reflexión muy profunda sobre este proceso de su relación y ruptura con el castrismo que deberían ser tenida muy en cuenta por todo aquellos que lucha por el poder de la clase obrera. El dice “A lo largo de mi vida política, después, por ejemplo, de mirar con simpatía al régimen que surgió de la revolución Cubana, he llegado a la conclusión de que es necesario  continuar con la política revolucionaria de clase, aunque postergue la llegada al poder para nosotros en veinte o treinta años o lo que sea. Nosotros aspiramos que sea la clase obrera la que verdaderamente llegue al poder, por eso queremos dirigirla.”


Notas:

[1] Fuente: Ministerio de Inversión Extranjera y Colaboración

[2] León Trotsky, La Revolución Traicionada (Editorial Fontamara, España, 1977) Pág. 192.

[3] Andrés Oppenheimer. Periodista y escritor argentino trabajó para la Associated Press y para The Miami Herald. Es autor del libro “La hora final de Castro”. En el año 1987 ganó el premio Pulitzer.

[4]Andrés Oppenheimer  “La sucesión cubana en el mundo”. Nuevo Herald, 10 de agosto de 2006.

[5] Ídem

[6]  Jon Lee Anderson es autor del libro “Che Guevara. Una biografía

[7]  “Balseros” fue el nombre dado a un movimiento de varios miles de personas que, en función de las penurias económicas, se lanzaban al mar en embarcaciones improvisadas para llegar a los Estados Unidos.

[8] “La última batalla de Fidel Castro” – Jon Lee Anderson – Caderno Mais – Folha de São Paulo, 6 de agosto de 2006.

[9] “Fidel Castro. “Biografia a dos voces.” Entrevista de Ignacio Ramonet, Editorial Boitempo,  São Paulo, Brasil, pág. 272

[10] Ídem

[11] Jimmy Carter, invitado por Fidel Castro, visitó Cuba entre 12 y 17 de mayo de 2002. Realizó una conferencia en la Universidad de La Habana, transmitida en vivo y en directo para toda la Isla, en donde difirió un duro ataque contra la Revolución Cubana. A posteriori, Fidel hizo un homenaje a Jimmy Carter ante varios miles de personas en un estadio de béisbol.

[12] Después del triunfo de  la revolución hubo muchos casos en que activistas antiimperialistas secuestraban aviones en los EE.UU., los llevaban a Cuba y pedían asilo político.

[13] “Fidel Castro. Biografía a dos voces.” págs. 370/371

[14] “Manifiesto Comunista”, Carlos Marx

[15] “Tesis para la actualización del Programa de Transición”, Nahuel Moreno, CS Editora, Sao Paulo, Brasil, pág. 61

[16] Idem, págs.  61/62

[17] Discurso de Fidel Castro, 21 de julio de 1961, Santiago de Cuba

[19] “Lecciones de Octubre”, León Trotsky, El Yunque Editora, Buenos Aires, Pág. 15

[20] “Dos métodos frente a la revolución Latinoamericana”,  Nahuel Moreno

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