De las 2000 personas afectadas por el conflicto de Baena Franco y Agrícola Espino, la mayoría son mujeres. Las hay de todas las edades. Hablamos con algunas de ellas de Tocina, Los Rosales, Carmona, Guadajoz.. y todas cuentan lo mismo:”He trabajado en la aceituna, el melocotón, la ciruela, la naranja, la fresa, haciendo hoyos, quitando plásticos… No hay tareas masculinas o femeninas, depende si el empresario te quiere contratar o no, aunque las tareas más mecanizadas mayormente las hacen los hombres.” Muchos manijeros reconocen que las mujeres trabajan más: “Te esfuerzas más para no dar lugar a ningún comentario”.Por Laura Requena

En algunos cultivos como el melocotón o la fresa siempre han preferido mujeres, “porque es un trabajo más fino y delicado que exige especial cuidado”. Incluso en la poda, llegó a haber cuadrillas enteras de mujeres, que fueron las primeras en ser despedidas cuando faltó el trabajo.
Machismo y recortes en el campo andaluz
Desde que empezó la crisis económica y los hombres empezaron a volver de la construcción, las mujeres tienen cada vez más dificultad para ser contratadas y reunir las 35 peonadas que les dan derecho al subsidio.
En la poda había cuadrillas enteras de mujeres, que fueron las primeras en ser despedidas cuando faltó el trabajo
Desde hace unos años se repite la misma situación en todas partes: “A no ser que conozcas de muchos años al manijero, es muy difícil que te contraten. Te dicen simplemente que no quieren mujeres, pero no te dan argumentos porque no los tienen. Simplemente es así. Hay poco trabajo y a ti te discriminan por ser mujer. No miran si eres cabeza de familia, como en mi caso, que soy madre soltera.”

Todas apuntan que aunque los compañeros no están de acuerdo con esta discriminación, la solidaridad no llega hasta el punto de parar los tajos cuando esto ocurre. La competencia es muy grande y la necesidad aprieta mucho.

Algunos datos son ilustrativos al respecto: De los 497.00 trabajadores andaluces inscritos en el REASS (Régimen Agrario de la Seguridad Social), 242.000 son mujeres, ligeramente por debajo del 50% y en algunas provincias, las mujeres superan a los hombres. (Fuente: EPA)

No obstante, de los 256.527 contratos que hubo en el último trimestre de 2016 (99,55% de ellos temporales), solo 89.689 fueron hechos a mujeres. Desglosados por edad:

GRUPOS DE EDAD
Menores 25 años
Entre 25-44 años
+ de 45 años

     HOMBRES
23.265 contratos
90.370 contratos
53.203 contratos

       MUJERES
7.980 contratos
48.211 contratos
33.498 contratos

(Fuente: SAE. Observatorio ARGOS)

El contrato tampoco garantiza cobrar el subsidio porque la mayoría de los empresarios no sólo se saltan los convenios (“No se está pagando lo estipulado, te pagan por kilos o por horas”), sino que muchos ni siquiera dan de alta en la Seguridad Social. A las incluidas en la renta agraria, a diferencia de las que están en el subsidio agrario o “paro antiguo” no les sirven los trabajos que se realizan en el PFEA (Plan de Fomento del Empleo Agrario o antiguo PER) para reunir las 35 peonadas ni pueden disfrutar de la prestación todo el año a partir de cumplir los 52, sin necesidad de juntar dichas peonadas. Hablamos de mujeres, muchas de ellas enfermas de los huesos, obligadas a seguir trabajando hasta los 65 años para conseguir una miseria de jubilación.

También los recortes sociales de estos años como la casi paralización de Ley de Dependencia, ayudan a propagar la idea de que son las mujeres las primeras que tienen que volver a la casa para ocuparse de lo que son “naturalmente sus funciones”. Además de las tareas domésticas, desempeñadas mayoritariamente por mujeres en el medio rural, muchas de ellas, sobre todo las más mayores, tienen que cuidar de las personas mayores, enfermas o dependientes en su familia. Las más jóvenes tampoco lo tienen fácil. En el único colegio público que hay en Villanueva del Rio y Minas, no hay posibilidad de optar al comedor, si uno de los dos progenitores no está trabajando. En Tocina ni siquiera hay comedor en ninguno de los dos colegios que existen.
Las mujeres son las más activas en el conflicto de Agrícola Espino y Baena Franco. Son ellas las que hablan más en las asambleas, están más dispuestas a movilizarse y a tomar responsabilidades
Las mujeres son las más activas en el conflicto de Agrícola Espino y Baena Franco. Son ellas las que hablan más en las asambleas, están más dispuestas a movilizarse y a tomar responsabilidades. Y no es casualidad. Algunas logran encontrar empleo en otros sectores como limpiar casas o en la hostelería, pero para las más mayores es difícil. Saben que si no luchan, les van a arrebatar los pocos derechos que les quedan. “El gobierno andaluz quiere usar este conflicto para dar un castigo ejemplar, a nosotros y a los que vengan detrás, para que no volvamos a levantar cabeza”- explican durante una asamblea en Guadajoz-, preparando las marchas del próximo 11 de Septiembre.
Por un cambio en el modelo productivo y un aumento del gasto social
El aumento del desempleo agrícola y el desmantelamiento del campo, son la consecuencia de un modelo productivo que nos impone una UE al servicio del capital.

El 73% de las mujeres afiliadas al REASS a nivel estatal son andaluzas. Esto da cuenta del impacto que tiene para ellas el desmantelamiento del campo andaluz.

La discriminación laboral y el resurgir del machismo que sufren las mujeres es la prueba evidente de que para los capitalistas, las mujeres no somos mas que “ejército de reserva”, destinado a entrar y salir del mercado laboral en función de sus intereses económicos. La opresión a las mujeres es uno de los mecanismos que utilizan para dividir y por tanto debilitar a la clase trabajadora.
La discriminación laboral y el resurgir del machismo que sufren las mujeres es la prueba evidente de que para los capitalistas, las mujeres no somos mas que “ejército de reserva”
La lucha y la denuncia contra la discriminación laboral que sufren tiene que ser una tarea conjunta de toda la clase. Pero la salida de fondo para su situación pasa por rechazar todas juntas las imposiciones de la UE y acometer una reforma agraria que expropie a los terratenientes. Para poder enfrentar el machismo, es imprescindible que las mujeres en los pueblos exijamos la inversión suficiente en servicios públicos gratuitos y de calidad, que nos liberen de las tareas de cuidados que ahora recaen sobre nuestros hombros.