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La operación Lezo, con el encarcelamiento de Ignacio González y la difusión de la implicación del Gobierno y la Fiscalía en la cobertura de la trama, ha puesto en evidencia una corrupción generalizada y sin freno y ha dejado a Rajoy literalmente a la intemperie.

Editorial PR 42

 Según el periódico Huffington Post, hay “más de 175 tramas desde que comenzó la democracia, 126 originadas solo entre PP y PSOE, 1.660 causas en 2013, en datos del Consejo General del Poder Judicial, y hasta 125 casos de corrupción en 2016”. Aquí se integran también las que afectan al partido de Pujol y Artur Mas. En este tema PP y PSOE actúan de la misma manera y por eso ambos prefieren que no se investigue nada hasta el final.

Unidos Podemos ha anunciado la intención de presentar una moción de censura contra el gobierno Rajoy, al tiempo que sigue paseando su Tramabus y convoca una concentración el día previo a la comparecencia de Rajoy ante el Congreso de los Diputados.

Sobran razones y ganas para echar al PP. Pero cuando los dos principales partidos del régimen, varias de las principales empresas del país, jueces, el fiscal general del Estado, la fiscalía anticorrupción… son parte del problema, por activa o pasiva, la moción de censura no vale por sí sola. No vale porque el problema no es de una “trama” sino del sistema y del régimen mismo (ver páginas centrales). No vale la moción en sí misma si el recambio de Rajoy es Susana Díaz, porque eso es cambiar seis por media docena.

Y no vale la moción de censura, por si misma, porque cambiar un “entramado”, que tiene uno de sus sostenes en este Parlamento antidemocrático, apelando a sus propias reglas de juego, es apostar por un fracaso seguro, remitir la acción política a un “postureo” y distraer las fuerzas de la tarea más importante: llenar las calles el 27 de Mayo con las Marchas de la Dignidad.

Si Unidos Podemos quieren de verdad, echar al Gobierno de Rajoy, poner a los corruptos y corruptores en la cárcel, vetarles el “negocio” a los amigos de lo ajeno, e imponer un verdadero plan de rescate para los trabajadores/as y el pueblo, la moción hay que presentarla contra el Gobierno y contra este Parlamento mismo, que es el la tapadera vergonzante del régimen monárquico que heredamos del franquismo y que está sustentado en una antidemocrática ley electoral hecha para que ganen siempre los mismos.

La moción de censura debe exigir que se vayan todos y elecciones a Cortes Constituyentes. Esa moción solo se puede ganar desde la calle, desde la lucha. Y quienes, como Unidos Podemos, están hoy en las instituciones, desde los Parlamentos centrales y autonómicos a los Ayuntamientos, deberían poner esos cargos al servicio de esa lucha. Deberían aprobar mociones desde esas instituciones, exigiendo elecciones a Cortes Constituyentes. Y acompañar esa exigencia echando de los Ayuntamientos a todas las empresas implicadas en la corrupción y remunicipalizando esos servicios.

Solo así se podrá diferenciar el “postureo” de una propuesta legítima digna de apoyo.

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