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El nuevo año comienza, como ya es habitual, con esa pugna entre la ficción de los discursos del Gobierno y la realidad de la vida cotidiana de millones de personas. Como en la célebre trilogía de la escritora norteamericana Suzanne Collins, Los juegos del hambre: de un lado el rico Capitolio y del otro los Distritos pobres, obligados a participar en los juegos, convirtiendo en un reality show su lucha por sobrevivir.

Estamos en plena recuperación económica, dicen desde el “Capitolio” del PP avalado por la Troika. Ahí están las cifras macroeconómicas que lo “prueban”: “una expansión de +3,1%, que supondrá la mayor tasa de expansión dentro de los principales países de la Eurozona por tercer año consecutivo”.

Pero la realidad mundial y la nuestra es otra muy diferente para los habitantes de los “distritos”.

El 2017 concluye con una deuda mundial global de 193 billones de euros, un nuevo récord. Salir al paso de esta deuda, que es más de tres veces lo que se produce en un año (319% del PIB mundial), y seguir garantizando suculentos beneficios para la élite capitalista, solo es posible a golpe de tijeras y palos. No es de extrañar que conflictos tan diferentes y distantes entre sí como Argentina, Irán, Honduras o Venezuela tengan como detonante común la economía de los de abajo: el hambre, la precariedad, los recortes sociales… “En Honduras lo que hay es hambre, y punto”, afirmaba uno de los candidatos de la oposición.

El discurso de la “recuperación” es cierto para los de siempre, entre otros, para esos bancos que en los nueve primeros meses del 2017 obtuvieron 10.168 millones de euros de beneficio neto. La realidad para millones de trabajadores/as y jóvenes es otra y opuesta.

Frente a la política de tijeras y palo (en especial el artículo 155 en Cataluña y la Ley Mordaza) no cabe la espera a unas próximas elecciones (con las leyes electorales de siempre y el control mediático de los de siempre) que “arreglen las cosas”. Ese es el camino que proponen los partidos parlamentarios, los de siempre y los del “cambio” y la “nueva política”. En esa vía está también instalada la burocracia sindical, la de siempre, la que presenta como gran triunfo un Salario Mínimo Interprofesional que Álvarez y Sordo deberían aplicarse a sí mismos para probar de su propia medicina.

El camino para revertir la actual situación y echar al Gobierno desde la calle pasa por poner las luchas en el centro de la situación, empezando por arropar las que están en curso, las laborales, como Titanlux, y las democráticas, rodeándolas de apoyo y solidaridad. Y continúa por preparar desde ya acciones centralizadas en las que converjan todas las luchas. La jornada internacional de lucha del 8 de Marzo (Día Internacional de la Mujer Trabajadora) y la Marcha básica contra el paro y la precariedad que concluirá en Madrid el 24 de marzo son hasta la fecha las dos grandes convocatorias ya anunciadas. Prepararlas desde abajo pasa a ser la tarea central de estos meses.

El creciente descontento social, el incremento de la conflictividad laboral (un 119% más que en el 2016), las luchas contra la represión y por demandas democráticas, en especial en Cataluña, por el cierre de los CIEs, contra la violencia machista o por acabar con los desahucios, por una parte y, por la otra, la crisis de un gobierno, cercado por la corrupción, atropellado electoralmente en Cataluña y perdiendo apoyo social y votos por millones, crean una especie de “ciclogénesis explosiva” que brinda la ocasión para plantearse echar desde la calle al Gobierno del PP y dar un giro de 180 grados a la actual situación.

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