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La situación política en Catalunya tras el 1-O, ha desvelado las posiciones de las diferentes clases sociales, gobiernos, partidos y sindicatos. Con la lucha de clases, lo que vale son los hechos y no las palabras ambiguas bajo argumentos aparentemente “de izquierdas”, que terminan siempre abalando el accionar de la burguesía.

Así ha sido el vergonzoso y cobarde comportamiento de los dirigentes de CC.OO y UGT, que desde el primer momento mostraron su apoyo al régimen que los subvenciona, uniendo sus voces a la patronal, al gobierno de Rajoy y a Sánchez y Rivera. No solo no defendieron un derecho democrático, sino que no movieron un solo dedo contra la represión, limitándose a tibias condenas, apelando al diálogo y el entendimiento. Se han dedicado a desmovilizar y a impedir por todos los medios una respuesta obrera contundente. En la convocatoria del 3-O, buscaron que no se convirtiera en un paro laboral sino un “paro de país” simbólico, pactado con la patronal; y el 8-N se desmarcaron de la convocatoria de Huelga General, acatando el 155 como “gente de orden” que son.

Así no es de extrañar los agradecimientos del gobierno por “la actitud de ayuda y responsabilidad que UGT y CCOO han prestado en estos tiempos duros y complicados”. Es el reconocimiento a unos dirigentes sindicales, que en lugar de defender los intereses de los/as trabajadores/as, se convirtieron hace años en uno de los grandes puntales del gobierno, del régimen y la “paz social”. Sindicatos que son parte en la gestión del capitalismo, totalmente dependientes de la financiación del estado, sin intención de morder la mano que les da de comer.

Por eso una de las conclusiones que debemos sacar es que al igual que con las mareas, los mineros o el Ave en Murcia, la enorme demostración de fuerza y autoorganización popular se consigue por fuera y contra estos dirigentes y organizaciones que siempre ponen todo su esfuerzo en reconducir la lucha a los carriles de las instituciones burguesas.

 

¿Por qué los sindicatos deben hacer política?

Lo sucedido en Cataluña nos debe servir también para reflexionar acerca de para qué y que tipo de organización sindical necesitamos. Hay un sector del activismo que honestamente se niegan y se resiste a la actividad política en el sindicato. Según ellos, los sindicatos deberían abstenerse de cualquier actividad y opinión política y limitar su actuación a lo estrictamente laboral. Nosotros opinamos que eso es un error muy grande y que por el contrario debemos discutir y hacer política dentro de los sindicatos porque el problema es que hoy en día no hay manera posible de defender los derechos “estrictamente laborales” sin atacar las bases del sistema capitalista; la propiedad privada.

No nos engañemos, el vacío político que dejemos los/as trabajadores/as será llenado por la política de la patronal en cualquiera de sus variantes.

Lo que la realidad demuestra es que todos los sindicatos hacen política. CCOO Y UGT la hacen poniéndose del lado del gobierno y la patronal y a su manera con sus vacilaciones la CGT en Cataluña. No es verdad que no hacen política, lo que no hacen es una política de clase que represente los intereses de los/as trabajadores/as.

La orientación política es clave en la vida de cualquier organización sindical. Necesitamos una orientación que parta de la independencia de clase, la democracia obrera, de la autofinanciación y haga del sindicato una trinchera de lucha y organización obrera contra todas las formas de opresión (machismo, racismo, nacionalismo español…) y explotación capitalista. Ésta es la única garantía junto a la movilización permanente para que un sindicato no se burocratice y termine cediendo a la política posibilista de la negociación de las “migajas” o de lo “menos traumático”.

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