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El terrorismo, incluido el terrorismo de Estado, es uno de los fenómenos más importantes de nuestro tiempo. En los últimos 30 días, según distintas fuentes, decenas de ataques considerados terroristas han tenido lugar, la mayoría reivindicada por el autodenominado Estado Islámico, habiendo ocasionado miles de muertos en países como Irak, India, Pakistán, Nigeria y Siria. Europa también ha sido víctima de distintos ataques, como el de Barcelona.

Por Gabriel Huland

Llama la atención que la absoluta mayoría de los ataques se han dado contra personas que profesan la religión musulmana y han tenido lugar en países “periféricos”, como Irak, Afganistán, Pakistán, Siria y Nigeria.

El discurso del “choque de civilizaciones”, utilizado ampliamente en los últimos meses por los políticos europeos y norteamericanos para “explicar” el terrorismo, carece por lo tanto de cualquier sentido de realidad y poco ayuda a entender este fenómeno tan complejo y extendido. Tampoco sirven las falsas nociones difundidas cada día por los medios de comunicación como “Occidente”, “Islam”, “Nación” o “Mundo libre”.

Para entender el “terrorismo” necesitamos en primer lugar intentar entender el mundo en que estamos. En un mundo “globalizado”, no sólo la economía es global, sino también los conflictos, las revoluciones, las crisis, la lucha de clases, las guerras…y el terrorismo asociado a éstas.

El discurso del “Choque de civilizaciones” no pasa de una ideología utilizada por las clases dominantes de los países imperialistas, los dueños del poder, para justificar las guerras, los bombardeos, las ocupaciones y la represión contra distintos sectores oprimidos.

Según Arshin Adib-Moghaddam, autor de “Una metahistoria del ´Choque de Civilizaciones`, Esta idea sirve a un pequeño estrato de la sociedad que se beneficia del conflicto y la guerra; políticamente, ideológicamente y, por supuesto, materialmente.

ISIS, Rusia y EEUU

La ola actual de ataques está sin duda vinculada a la situación en el Medio Oriente, especialmente en Siria e Irak. Por otro lado, el surgimiento del autodenominado Estado Islámico sólo se puede entender si analizamos algunos hechos históricos durante por lo menos los últimos 40 años:

  1. La invasión de Afganistán en 79 por la exURSS y el papel de EEUU en financiar a grupos extremistas suníes que lucharon y derrotaron la invasión soviética.
  2. El papel de EEUU en armar el régimen iraquí y estimular la invasión llevada a cabo por Saddam Hussein –en este momento aliado de los norteamericanos- contra la recién creada República Islámica de Irán.
  3. La invasión norteamericana a Irak en el año 2002.
  4. El papel de EEUU y Europa, por un lado, en abandonar la oposición siria a su propia suerte en la Revolución Siria, y de Rusia, por el otro, en financiar a Assad e intervenir directamente en el conflicto bombardeando sobre todo zonas civiles controladas por el Ejército Sirio Libre y los Comités Locales.

No podemos disociar “terrorismo” del agravamiento de la crisis social ocasionada por la denominada “recolonización” de distintos países periféricos por los países centrales y sus capitales; crisis sociales que han provocado una gran conflictividad social, revoluciones y guerras civiles.

Ni tampoco lo podemos desvincular de las injerencias políticas y militares que las principales potencias mundiales han llevado a cabo en los países citados anteriormente. Asimismo, es de gran importancia el uso, por parte de las burguesías regionales y locales, de las diferencias étnicas/religiosas existentes en cada país para dividir a la clase trabajadora y “sectarizar” los conflictos, como hace Assad en Siria.

No se combate el “terrorismo” con intervenciones militares, medidas represivas, ni recortes de libertades. Sólo puede ser vencido atacando los problemas estructurales que afligen estas sociedades y regiones del mundo. Desarrollaremos estas y otras ideas con más profundidad en futuros artículos.

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