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Tras una severa crisis, que ha defenestrado al Secretario General Pedro Sánchez, el PSOE ha permitido la nueva investidura de Rajoy. Faltando a su palabra durante toda la campaña electoral, el PSOE permite la continuidad del gobierno de la Reforma Laboral, de la Ley Mordaza y de la corrupción. Rajoy ya ha anunciado que inaugurará la nueva legislatura con nuevos recortes, ordenados desde la Unión Europea. Después de infinidad de citas electorales volvemos a la casilla de salida, sólo que el “nuevo” gobierno nace ya herido después de años de repudio generalizado de la población.

Juan P, de Andalucía

El PSOE vive un momento convulso. Las esperpénticas escenas del Comité Federal y la votación dividida en el Parlamento quedarán registradas como parte de la historia del partido. Esta profunda división se da después de varias citas en las que el PSOE registraba sus peores resultados electorales históricos, perdiendo el gobierno de numerosas autonomías y ayuntamientos.

El PSOE es uno de los pilares del régimen

La Transición inauguró el régimen político que permanece inalterado hasta día de hoy. En él, bajo la figura del Rey, dos principales partidos se turnaban en el poder central. Se crearon las Comunidades Autónomas para encajar a las burguesías “periféricas” y para destensionar las reivindicaciones nacionales de vascos, catalanes, gallegos (y andaluces).

Pedro Sánchez no representa ninguna alternativa positiva frente a Susana Díaz o Felipe González

En ese orden de cosas, el PSOE servía para canalizar a las clases populares. Felipe González en aquel momento era la “nueva política”, la representación de los trabajadores y los pueblos, la promesa de romper con lo que había sido el orden económico y social de la dictadura. Con el paso de los años, el entusiasmo inicial se fue apagando pero el PSOE consiguió mantener en orden a la gente trabajadora, que seguía en lo fundamental votándolos. La entrada en la OTAN, el terrorismo de estado del GAL, los escándalos de corrupción o la reconversión industrial desgastaron ese lazo, sin llegar a romperlo.

No estamos de acuerdo en tomar posición por Sánchez frente a Susana, la Gestora y González, como están haciendo –discretamente y por intereses electorales- Podemos e IU. Entendemos y compartimos la indignación de la base popular de la militancia del PSOE contra el bando Susana-González, pero la opción Sánchez no es la de un sector que defiende los intereses de la clase trabajadora sino un gobierno con Ciudadanos, la  continuidad de la sumisión a la UE y la unidad forzada de España.

Podemos, con su aparato dirigente dividido entre Iglesias y Errejón, aspira a ganar la base electoral que el PSOE amenaza perder masivamente en esta crisis. Su intención es sustituir al PSOE para convertirse en la “nueva socialdemocracia”, respetuosa como el PSOE con los límites de la UE y de la “economía de mercado”, aunque partidaria de un nuevo encaje territorial en el marco de la Monarquía.

Crisis económica y desigualdad social: fin de la estabilidad

El estallido de la crisis económica supuso un terremoto en la estabilidad social del país. Indudablemente se ha ensanchado la brecha entre ricos y pobres. Los EREs, la deuda ilegítima y el rescate a los banqueros, los desahucios, un rey despilfarrando dinero público, la lucha minera, el 15M o las mareas conformaron el nuevo paisaje habitual. El PSOE que se había engalanado siempre como el partido del progreso social y la modernización se destapó con crudeza como el partido que legalizó los desahucios express, que hacía reformas laborales o que reformaba la Constitución para sacralizar el pago de la deuda ilegítima antes que cualquier gasto social. Como culminación de esa putrefacción, el PSOE ya ni siquiera es el partido que se turna con el PP, sino que es directamente su sostén.

La crisis del PSOE es producto de su decadencia. Distintas familias pugnan por conservar el aparato del partido y por decidir cómo afrontar la nueva realidad que les toca. Y su decadencia es producto de un régimen que tiene dificultades para continuar recibiendo la confianza de la gente trabajadora, entre quienes resuena cada vez con más fuerza el “No nos representan”.

En este sentido, Pedro Sánchez no representa ninguna alternativa positiva frente a Susana Díaz o Felipe González. Simplemente se enfrentan distintas opciones de cómo navegar en una misma dirección. Recordemos que Sánchez fue dirigente y diputado del PSOE en los últimos años y jamás se desmarcó de ninguna de las políticas del partido. El nuevo Comité Federal ha tomado cianuro ayudando a Rajoy a gobernar. Una posible vuelta de Sánchez a la dirección permitiría que el PSOE pudiera borrar su responsabilidad sacrificando al nuevo Comité Federal y devolviendo un lugar prominente a Sánchez.

Además la cuestión “social”, la otra gran brecha en el régimen es la cuestión nacional catalana. Aquí también el PSOE es el reflejo más avanzado de esa grieta. El PSC votó separadamente del PSOE en el Parlamento, votando NO a la investidura de Rajoy. En este mismo periódico puede encontrar un mayor análisis sobre Cataluña en el artículo “El proceso soberanista catalán se acelera”.

El destino de la socialdemocracia

Durante décadas el PSOE ha sido la principal referencia política de los trabajadores de nuestro país. Pero el PSOE no es ya un partido de los trabajadores, ni por sus políticas ni por su aparato dirigente, repleto de consejeros de grandes empresas. En los últimos tiempos incluso perdió buena parte del voto obrero que tenía. Este fenómeno no es exclusivamente español, en toda Europa se dan procesos similares. El PASOK en Grecia ha pasado a ser un partido residual. Los PS alemán y francés también se hallan con fuertes crisis. En Islandia un partido “nuevo” irrumpe en el escenario político amenazando a los partidos “tradicionales”.

Al PSOE hace mucho que nada lo une a la clase trabajadora. Ya es momento de que la clase trabajadora quememos los últimos puentes de confianza que manteníamos con el PSOE

La socialdemocracia cimentó su fortaleza en la gestión del “estado del bienestar”, apareciendo como su garante. Pero el capitalismo se encuentra en mitad de una profundísima crisis que sólo puede superarse de dos maneras: bien los capitalistas aumentan nuestra explotación y con ello recuperan a nuestra costa sus beneficios, bien las y los trabajadores conseguimos acabar con el capitalismo para inauguran una nueva época de planificación democrática de la economía para atender las necesidades sociales.

En una u otra alternativa el viejo “estado del bienestar” no volverá. La socialdemocracia clásica ha perdido su sustento social y su sentido histórico, siendo difícilmente distinguible de las opciones de la derecha tradicional. El PP y el PSOE (y Ciudadanos) son básicamente iguales, son régimen, “casta”, son el capitalismo.

Al PSOE hace mucho que nada lo une a la clase trabajadora. Ya es momento de que la clase trabajadora quememos los últimos puentes de confianza que manteníamos con el PSOE.

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