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Concentración enfrente a la Embajada Siria en Madrid

(Sábado – 17/12 – 17:00h)

Cese de los ataques en Alepo

Evacuación segura de civiles

 

A pesar de que las últimas semanas han estado copadas por las imágenes de muerte y destrucción en Alepo, la comunidad internacional ha sido incapaz de frenar los constantes bombardeos sobre la población civil asediada por las fuerzas militares rusas y el régimen sirio.

Por Plataforma de Solidaridad con el Pueblo Sirio (Madrid)

Alepo es el Gernika del siglo XXI y el mundo mira a otro lado mientras se repite una nueva matanza de civiles.

Los civiles, obligados a elegir entre morir bajo los escombros de sus casas o rendirse a quienes los bombardean, han visto cómo el acuerdo de alto el fuego alcanzado el 13 de diciembre para su evacuación fue roto en menos de 24 horas y cómo los intentos de evacuación han sido repetidamente boicoteados por milicias iraníes.

Hay cerca de 70 mil civiles atrapados en Alepo. Todos ellos se encuentran en peligro ante la toma de la ciudad por parte de Asad y Rusia. En los últimos días, Amnistía Internacional ha denunciado ejecuciones sumarias llevadas a cabo por las fuerzas de Asad similares a las que se produjeron en la antigua Yugoslavia. Las principales víctimas son las de siempre: civiles, trabajadores humanitarios, personal médico, periodistas, mujeres, niños y niñas…

Esta situación supone una gravísima violación de los Derechos Humanos y de las convenciones sobre el tratamiento de los civiles en situación de guerra, como ya sucedió en Srebrenica o en Grozni. No es, por desgracia, la primera vez que ocurre en Siria. A Alepo la preceden Homs, Daraya, Al-Qusair…

Además, esta situación puede empeorar: si se acepta, estos crímenes se repetirán inexorablemente en la ciudad de Idlib, donde algunos civiles de otras regiones evacuadas han decidido instalarse para evitar las zonas controladas por el régimen asadista.

Que la población asediada decida no refugiarse en territorio gubernamental es sintomático de la inseguridad que ello les supone, de su miedo insuperable a las represalias. Las Naciones Unidas han denunciado en los últimos días ejecuciones sumarias, desapariciones de decenas de hombres tras ser separados de sus familias y detenciones en el momento de la evacuación. También ha habido informes que revelan que algunas mujeres se han suicidado para evitar ser violadas ante la llegada inminente de soldados y milicias afines al régimen a sus barrios y casas.

Rusia, Siria y sus aliados no pueden, de ningún modo, utilizar el discurso contra el terrorismo para justificar estas graves violaciones de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario.

Queremos expresar nuestra absoluta solidaridad y apoyo a los civiles, a los defensores de los Derechos Humanos, periodistas, personal médico y trabajadores humanitarios sirios y sirias, y a todas las personas que desde hace años resisten la represión feroz de una dictadura aferrada al poder como si el país fuese de su propiedad.

Bajo el lema “Asad o quemamos el país”, esta dictadura ha ahogado en sangre las legítimas protestas populares que se iniciaron en 2011 en el contexto de las primaveras árabes.

Del mismo modo, queremos expresar nuestra firme condena al papel jugado por la comunidad internacional, que, lejos de condenar la actuación rusa y sus intereses imperialistas, ha decidido salvaguardar sus propios intereses a costa de la sangre siria.

Tanto Estados Unidos como Israel y el resto de potencias han utilizado las reivindicaciones legítimas de los sirios y sirias en su propio beneficio, saboteando las aspiraciones populares de construir una sociedad justa y representativa de la diversidad del país.

Recientemente, las posturas de las distintas potencias han dado un giro aún más peligroso: el reconocimiento y rehabilitación de Asad en la escena internacional como interlocutor en el llamado proceso de paz. Esta misma semana, el exministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, se ha pronunciado en este sentido en declaraciones al diario ABC.

El principal responsable de las muertes, destrucción, crisis humanitaria, crisis de desplazados y refugiados, y de la llegada y asentamiento de terroristas en Siria no puede formar parte de ninguna solución, ni al terrorismo de Daesh, ni a la crisis en el país y en el mundo.

Sin embargo, en las relaciones internacionales, ni la lógica ni el interés de las poblaciones o su deseo de decidir su destino suelen ser dominantes. Solo los intereses confluyentes de potencias internacionales y regionales siguen permitiendo que Siria se desangre a manos de quien estableció una dictadura hereditaria para perpetuarse en el poder.

En todo el mundo, en Sarajevo, en Copenhague, en Buenos Aires, en Nueva York, en Barcelona, en Madrid…, se están celebrando concentraciones en solidaridad con Alepo.

Pese al bloqueo de las potencias internacionales y a la complicidad de la ultraderecha y de la falsa “izquierda antiimperialista” con el régimen de Asad, miles de personas se están manifestando para denunciar estas masacres y para presionar a sus gobiernos y a las instituciones internacionales para que eviten un mayor derramamiento de sangre.

Los estados y las instituciones internacionales tienen la obligación de proteger a las poblaciones civiles ante crímenes de lesa humanidad, crímenes de genocidio y violaciones masivas de los derechos humanos.

Por todo lo anterior, exigimos el cese inmediato de los bombardeos. Exigimos también que se ejerza una presión real sobre Asad y Putin, pues las consecuencias de que ambos sigan gozando de absoluta impunidad serán aún peores de lo que hemos visto hasta ahora, para Siria y para el mundo entero.

España también ha sido cómplice con su silencio de la masacre en Siria. Mariano Rajoy asistirá esta semana al Consejo de Seguridad de la ONU para poner punto final a la presidencia de España en dicho órgano. Hasta ahora, la pasividad internacional frente a los bombardeos de civiles ha sido lamentable y España tiene la oportunidad de ayudar a que esta situación cambie.

Para ello, el gobierno de España debe llevar a cabo las siguientes acciones:

– Exigir el cese de los bombardeos de las fuerzas de Asad y Rusia sobre civiles, pues los barriles de dinamita son la principal causa de muerte y huida de civiles sirios.

– Exigir que la ONU entre en Alepo para no dejar la suerte de los civiles en manos de las fuerzas de Asad y Rusia, responsables de crímenes contra la humanidad.

– Exigir que se respeten los corredores humanitarios para que la gente pueda salir de forma segura y no caer en manos de las fuerzas de Asad, que están asesinando a los civiles que tratan de huir o que apresan en sus casas.

– Insistir en la protección de civiles, de periodistas y de personal médico y trabajadores humanitarios, incluidos los Cascos Blancos, que se encargan de las labores de rescate de las personas atrapadas bajo de los escombros y que sufren las represalias del régimen y Rusia.

Esta no es una cuestión siria, sino de la humanidad en su conjunto. Cuando aumenta la impunidad, aumenta para todos y para todas, contra todos y contra todas.

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