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El lanzamiento de la nueva película de Star Wars (El Despertar de la Fuerza) fue un éxito rotundo. Después de la espera entusiasmada de unos y el escepticismo de otros, la serie logró complacer tanto a los nuevos fans, especialmente la generación actual, como los aficionados de toda la vida.

Por Gustavo Linzmayer, de Brasil

Con tres trilogías, cada una lanzada en una generación, con grandes momentos de sus películas individuales, la serie trae en sí mismo, construcciones narrativas y símbolos que se relacionan con los valores y las concepciones básicas de la sociedad global contemporánea. Sumado a esto, una trama con conflictos que permanecen en el diálogo con el presente, y tiene una franquicia que se extiende por décadas y el agregado de grandes comunidades de fans.

El conflicto entre el bien y el mal, las pruebas por las que los héroes tienen que pasar para no sucumbir a sus impulsos agresivos y deseos más egoístas y la acción de la individualidad como un factor decisivo en los acontecimientos que se desarrollan son los elementos de la tradición occidental, hoy globalizada, que dan la tónica de los acontecimientos de la saga.

En todas las películas, este conflicto tiene el contexto de las fuerzas republicanas que luchan contra los regímenes dictatoriales o la amenaza de fuerzas totalitarias que tratan de tomar el poder por sí mismos en un universo geopolítico intergaláctico. En la nueva trilogía, estas fuerzas son encarnadas por la llamada Primera Orden.

Pero esa apelación de las “fuerzas democráticas” de la República en contra de un enemigo que representaba un imperio dictatorial que trajo la serie no era algo tirado al azar. Es más, iniciada a finales de 1970, coincide precisamente con la llamada “reacción democrática” impuesta por el imperialismo norteamericano después de la derrota en Vietnam. Significaba reemplazar sus intervenciones militares tácticas de dominación por dichos regímenes democráticos burgueses. De ahí la apelación a la “democracia” en contra de los “poderes dictatoriales” y obscuros, que también se asocia con los ya decadentes países de la URSS y del Este de Europa.

Pero eso no es lo que explica la grandeza de Star Wars. Su universo narrativo está lleno de misterios y sorpresas. Quien vivió el lanzamiento de la segunda película, “El Imperio Contraataca”, sin duda quedó sorprendido por la revelación de que no había muerto el padre de Luke Skywalker, como había dicho su maestro, Obi-Wan, pero que no era nada más que el villano de la serie, Darth Vader.

Con un universo lleno de planetas y personas desconocidas, que no se explican en las películas, Star Wars desató la imaginación de sus fans que por crónicas, libros, juegos de rol y otros tipos de producción propia, creó una secuela de la saga, el llamado Universo Expandido que a menudo se considera oficial. Varios elementos de la segunda trilogía, como El Orden de los Sith, fueron diseñados en el Universo Expandido.

Y entonces, la fuerza emerge…

Muchos creían que Star Wars sería la historia de Anakin Skywalker, quien se convierte más tarde en el villano Darth Vader. Por lo tanto, con la trilogía que muestra el fin del imperio y la muerte de Vader y la segunda trilogía, lo que demuestra su infancia y cómo se corrompió, convirtiéndose en un caballero del mal, la trama estaría completa.

Sin embargo, con la compra de los derechos de la serie por Disney, se anunció que una nueva trilogía se produciría. Justificadamente, los aficionados estaban molestos porque Disney es conocido por hacer películas que trivializan y distorsionan cuentos e historias clásicas convirtiéndolas en enlatados comerciales.

No obstante, por diversas presiones de movimientos, Disney no pudo actuar de la manera que quería y se vio obligada a insertar elementos que agradarían a segmentos importantes de la población. Los fans de siempre, pertenecientes a las comunidades de fans, fueron los encargados de hacer que los productores tuvieran rigor y la nueva saga no chocara con las viejas trilogías ni con el Universo Expandido.

Surgió con fuerza, por otra parte, la necesidad de pensar en la construcción de los personajes con el fin de romper el estereotipo discriminatorio del papel blanco y masculino. A finales de los 70 se podía, con más comodidad, producir una película centrada en el hombre blanco, con una preponderancia de hombres. Hoy en día, gracias a los esfuerzos de los movimientos negros y feministas, se trata de una demanda significativa del público la ruptura en general con esta lógica.

A pesar de las protestas de grupos racistas, el personaje Finn fue un gran éxito. Este es un soldado de las unidades Stormtrooper que, a pesar de un severo tratamiento militar y el lavado de cerebro, no acepta las órdenes del ejército totalitario y rompe con la Primera Orden. Finn es el personaje más querido entre los jóvenes.

El otro personaje que aparece para dar un nuevo giro a la saga es Rey, una misteriosa habitante de un planeta desierto que, en medio del conflicto, termina uniéndose a Finn y al grupo rebelde. La fuerza se manifiesta de forma increíblemente intensa en Rey, tal vez incluso más fuerte que el héroe de la trilogía más antigua, Luke Skywalker, ya que Rey aprendió a usar los poderes de la fuerza (lectura de mente) y manejar un sable de luz muy hábilmente.

Los próximos momentos de la trama dejan algunos misterios intrigantes en el aire para resolver. En primer lugar, quién es Rey? ¿De dónde vino? ¿Quiénes son sus padres? No menos sorprendente es la figura del Líder Supremo Snoke, quien encabeza la Primera Orden y tiene dominio sobre el poder. Si todos los jedis del lado oscuro fueron asesinados, de dónde surge esta nueva amenaza?

Sea cual sea la dirección que tome la trama, la fuerza está con Finn y Rey, y ambos merecen un entrenamiento jedi para convertirse en héroes en esta nueva etapa del universo Star Wars.


Traducción: Virginia Quiles

Publicado originalmente en: Star Wars: Uma nova geração com a força

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