Compartir este artículo

Tercer artículo de la serie “Los primeros pasos de Trump”

Las grietas interburguesas que Trump ha provocado con su política se dan también en el plano internacional, al atacar dos de los pilares de las políticas centrales que las potencias imperialistas han impulsado en las últimas décadas. En primer lugar, ataca y pretende dejar de lado la política que hemos llamado reacción democrática: enfrentar situaciones difíciles en la relación de fuerzas con las masas (que impiden o limitan las posibilidades de acción militar directa) a través de pactos, negociaciones y elecciones. Con esos ataques, aumenta la polarización de la situación política y los enfrentamientos en regiones como Medio Oriente y Latinoamérica, y países como México, Israel-Palestina, Irán, etc.

Por Alejandro Iturbe

En segundo lugar, como ya hemos señalado en artículos anteriores es la política de los tratados internacionales de libre comercio, que expresan un aspecto importante de la política del imperialismo en las últimas décadas.

En ambos aspectos, Trump ha roto o deteriorado lazos con gobiernos que son aliados naturales del imperialismo estadounidense (o que hoy son importantes en políticas que este impulsaba). Podemos decir que, hasta ahora, no ha hecho más que “ganar enemigos”.

El caso más notorio es el del presidente mexicano Peña Nieto, uno de los más serviles agentes semicoloniales del imperialismo yanqui, que gobierna uno de los principales socios comerciales de EEUU. Con la propuesta del muro fronterizo y la exigencia de que México lo pague, lo ha obligado a enfrentarlo en oposición a su construcción y a su financiamiento. De modo inmediato, puede ser que Peña Nieto gane un poco de aire en México al aparecer resistiendo al imperio. Pero, de modo más profundo, su gobierno se debilitará. En primer lugar, porque Trump amenaza cerrar o debilitar la principal vía de desarrollo subordinado, a la que se habían integrado sectores importantes de la burguesía mexicana: las industrias maquiladoras del norte del país y su trabajo semiesclavo. En segundo lugar, porque Trump quiere cerrar la válvula de escape que la emigración hacia Estados Unidos representaba para muchos mexicanos que huían de la pobreza y la miseria de su país. Y, fundamentalmente, lo debilitará frente al proceso de ascenso y movilizaciones que Peña Nieto enfrenta en su país. No es casual que las movilizaciones en la frontera del país con EEUU contra Trump y su muro también se dirigen contra Peña Nieto.

De modo menor, también debilitó sus lazos con agentes proimperialistas como Temer en el Brasil y Macri en la Argentina al endurecer los trámites de visas de ingresos de los ciudadanos provenientes de esos países. En el caso argentino, además, suspendió la autorización de ingreso de limones argentinos que había autorizado Obama. Si bien el monto de estas posibles exportaciones es pequeño (veinte millones de dólares) fue un hecho simbólico que, en el marco de una crisis de la economía argentina, debilitó a Macri y le ocasionó fuertes críticas internas.

Tanto o más importantes que el caso mexicano es el deterioro de las relaciones con el régimen de China. Este país, como economía subordinada al imperialismo, es uno de los principales proveedores y socios comerciales de Estados Unidos. Por un lado, sale del proyecto del TTIP y amenaza gravar con impuestos las importaciones de productos industriales provenientes de este país. Con eso, no solo se enfrenta con las multinacionales que tienen fábricas directas o asociadas en China sino que, además, amenaza la dinámica del conjunto del “modelo chino” en un momento en que este evidencia serias señales de crisis. Dicho sea de paso, esta salida del TTIP también lo enfrenta con Japón que depositaba muchas expectativas económicas en ese tratado.

Por otro lado, de modo bastante gratuito, Trump comenzó a coquetear con el régimen de Taiwán, un isla en la que se refugió la burguesía china expulsada del continente y sobre la que el gobierno central chino reclama soberanía. Con esas políticas se enemista con el régimen chino, que objetivamente es un aliado natural del imperialismo yanqui (de carácter dependiente, pero de peso).

Otro caso significativo es el de Irán y el régimen de los ayatolás. Cuando ya era clara la derrota en la ocupación militar de Irak, el propio Bush primero y muy claramente Obama después buscaron integrar al régimen iraní (desde la revolución de 1979 un “enemigo”) a la política imperialista de intentar estabilizar la convulsionada región de Medio Oriente. Este régimen juega un papel muy importante en Irak (es el principal respaldo del gobierno central de Bagdad, apoyado por Estados Unidos) y en Siria, donde apoya al sangriento gobierno de Bashar Al Assad. Con su “muslim ban” y su veto a los ciudadanos de Irán, Trump comenzó a dinamitar una relación trabajosamente construida por años. El gobierno iraní ya anunció que bloqueará la entrada de ciudadanos estadounidenses a su país y se apresuró en lanzar la prueba de nuevos misiles.

Finalmente, Trump ha abierto grietas con las potencias imperialistas europeas y de otros países del mundo. La reciente cumbre de los mandatarios de la Unión Europea criticó las políticas del presidente estadounidense sobre la inmigración y los refugiados y sobre los tratados comerciales internacionales. Hasta la misma alemana Angela Merkel (que difícilmente pueda ser considerada “progresiva”) dijo que las políticas de Trump dejaban a Europa en una “posición incómoda”. Trump llegó incluso a cortar una conversación telefónica con el premier australiano porque criticó su posición sobre la inmigración y los refugiados.

Como hecho casi risible, en Gran Bretaña, en el marco de un petitorio con un millón de firmas para que Trump no viajase a Inglaterra a ver a la reina Isabel, hasta el príncipe Charles declaró que era mejor que esa visita no se realizara porque “afectaría la imagen de la reina” (sic).

Para entender el cuadro, es importante señalar que, a pesar de algunos aspectos que aparecen como similares, la política de Trump es muy diferente de la que impulsó el gobierno de George Bush hijo, a partir de 2001. Bush provenía del corazón del partido republicano y representaba un sector de dirigentes agrupados en el proyecto denominado Nuevo Siglo Americano. Este sector consideraba que el inicio del siglo XXI estaba definido por la disputa por el dominio de los recursos naturales en el mundo (esencialmente el petróleo) y que si los Estados Unidos no garantizaban su hegemonía en este campo, retrocederían como potencia mundial.

Para ello, era válido y necesario utilizar métodos agresivos y bélicos contra otros países. La política exterior aplicada por Clinton y los demócratas se caracterizaba como “insuficiente” y “tímida” porque conducía al debilitamiento de EEUU y era necesario cambiarla. Es decir, Bush y su equipo proponían un giro de timón: terminar con el “síndrome de Vietnam” y la política defensiva de la “reacción democrática” y pasar a la ofensiva, retomando el garrote como elemento central para enfrentar y derrotar al movimiento de masas en el mundo.

En un primer momento (las invasiones a Afganistán e Irak) contó con el apoyo de varias potencias imperialistas europeas (Gran Bretaña, Italia y España) que luego, ante el resultado cada vez más desfavorable de esas guerras, se fueron apartando. Trump también quiere cambiar la política de “reacción democrática” pero no con una ofensiva general en el mundo, como Bush, sino a través de una política que, con aspecto agresivo, es esencialmente aislacionista (meterse para adentro). Lo que incluye la rediscusión de los acuerdos internacionales de libre comercio. Él parte de la visión de que “el mundo se ha aprovechado de los Estados Unidos” y ahora sería el momento de priorizar la defensa de los Estados Unidos (“América´First”) y… los “demás que se arreglen”.

Para todas las demás potencias imperialistas, esta política tiene todas las desventajas de la política de Bush (los riesgos de agravar la situación que quiere solucionar) y ninguna de las posibles ventajas que hubiera tenido de ser victoriosa. Por eso, a diferencia de lo sucedido con Bush, estas potencias critican a Trump desde el inicio mismo de su gobierno.

Lea la serie Los primeros pasos de Trump:

“El primer mes de Trump”, en http://litci.org/es/mundo/norteamerica/estados-unidos/el-primer-mes-de-trump/

“Trump y la burguesía estadounidense”, en http://litci.org/es/mundo/norteamerica/estados-unidos/trump-y-la-burguesia-estadounidense/

Compartir este artículo