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Mi nombre es Ana Salas, soy trabajadora en el área de educación, y en este exacto momento en que escribo estas líneas, tal vez yo sea una de las pocas trabajadoras venezolanas que no está sometida al hambre. Y es también debido a los pocos recursos que gano en el Brasil, en la condición de profesora de español, que mi familia en Venezuela tampoco está en situación de miseria total.

Por: Ana Salas

Tal como yo, miles de trabajadores venezolanos salen sin perspectiva de regresar al país. ¿Salen porque son de derecha? No. ¿Porque son contrarios a un supuesto gobierno socialista? ¿Porque apoyan una intervención yanqui? No.

Salen porque la situación social y económica de Venezuela hoy es propia de países arrasados por una guerra o alguna catástrofe natural. Mientras tanto, la mayor catástrofe que ocurre en aquel país caribeño es una catástrofe política, de llevar a millones de personas al hambre extrema, a condiciones inimaginables de subnutrición entre los trabajadores, con una media de 9 kg menos por persona, además de otros males como el corte diario de energía –lo que interrumpe las actividades en hospitales–, aumento de violencia urbana que envuelve a agentes de la represión de Estado y sus brazos paramilitares en los cerros de Caracas.

El chavismo como una farsa

El chavismo surgió como una salida aparentemente revolucionaria para la crisis que se abrió en Venezuela con la revuelta popular del Caracazo (1989). En ausencia de una dirección que realmente fuese revolucionaria y socialista, Chávez –desde las fuerzas armadas del Estado, expresando a un sector burgués nacionalista– consiguió canalizar para su proyecto político las perspectivas de cambios sociales y económicos que deseaba el pueblo pobre de Venezuela después de duros ataques neoliberales, iniciados en el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez.

Mientras tanto, entre la retórica que el chavismo adoptó y sus prácticas reales, hay un abismo de distancia, que ahora queda más claro para todos los trabajadores que creyeron en la farsa del llamado “Socialismo del Siglo XXI”, tal como yo y otros millones dentro y fuera de Venezuela.

Al contrario de un verdadero programa socialista, y consecuentemente antiimperialista, la política del chavismo, desde Hugo Chávez hasta Nicolás Maduro, mantuvo la condición de dependencia del país frente al imperialismo, sea por el pago de deuda externa, sea por el favorecimiento a los buitres nacionales, que por medio del aparato del Estado, casi que exclusivamente producto de la renta de petróleo, se transformó en una boliburguesía corrupta, extremadamente autoritaria y que mantiene negocios con los banqueros internacionales y al mismo tiempo actúa como una especie de agente de una submetrópoli en las pequeñas islas caribeñas, las cuales dependen del petróleo venezolano para sobrevivir, razón por el cual el gobierno Maduro mantiene apoyo entre los gobiernos de aquella región[1].

Sin embargo, los simpatizantes del chavismo en todo el mundo podrá preguntarnos sobre los programas sociales chavistas y sus beneficios para la población. Pues bien, si en la política económica no hubo un solo milímetro de ruptura con los presupuestos del capitalismo y del imperialismo, en las políticas sociales el chavismo se mantuvo fiel a las recomendaciones de las llamadas agencias internacionales, aunque las haya aplicado con un poco más de tinta roja para aparentar ser revolucionario.

Los programas sociales en Venezuela, conocidos como Misiones, no solo en esencia son propuestas de la Unesco y del Banco Mundial, como fueron programas aplaudidos por esas organizaciones. Para dar solo un ejemplo, basta decir que el programa de mercado popular creado por el chavismo –Mercal– no es capaz de suplir el hambre que se extiende por los barrios pobres de Caracas y otras ciudades. Y aquí cuestionamos: ¿por qué el programa Mercal nunca estuvo vinculado a una reforma agraria radical? Tal vez el empresario del grupo Polar y monopolista del ramo alimenticio, Lorenzo Mendoza, que hizo acuerdos con el gobierno Maduro, pueda respondernos.

La oposición de derecha no es la salida, ella es parte de la tentativa de derrotar al pueblo

Una de las mayores hipocresías que han presentado los sectores más reaccionarios de la derecha mundial por medio de los grandes vehículos de comunicación es que la Mesa de Unidad Democrática (MUD), de Leopoldo López y Henrique Capriles, lucha en defensa del pueblo venezolano. ¡Mentira!

La lucha entre el gobierno Maduro y la MUD es exclusivamente por el poder y por la renta del petróleo, mientras la lucha de los trabajadores y trabajadoras venezolanos es por su sobrevivencia más básica. No por casualidad, la MUD legitima en este momento las elecciones para gobernadores y prefectos convocada por el gobierno Maduro en la tentativa de desviar la movilización popular que toma cuenta del país.

Además, está reciente en la memoria de los trabajadores venezolanos la política abiertamente pro Washington que esta misma derecha que hoy se dice oposición llevó adelante cuando estuvo en el poder. Por razón, no es extraño que aun cuando la MUD haya pedido para que el pueblo dejase las calles, la juventud pobre sigue enfrentando con palos, piedras y escudos improvisados a la sanguinaria Guardia Nacional Bolivariana, responsable por más de cien muertos, cinco mil presos y decenas de torturados bajo la custodia de la Justicia Militar, que produce algo muy próximo de lo que hicieron las dictaduras militares del Cono Sur contra sus opositores.

¿Cuál es entonces la salida? La salida que nos lleve de la calle al poder

Inicié este texto afirmando que la crisis humanitaria en Venezuela no fue provocada por una catástrofe natural sino política. Pero la mayor catástrofe, con toda la fuerza que esa palabra pueda tener, no se resume a la confusión que el chavismo durante todos estos años provocó entre los trabajadores al asociar su programa nacional-burgués al socialismo, sino sí el apoyo vergonzoso de la mayor parte de la izquierda a ese proyecto que, en realidad, arma a toda la extrema derecha para que esta se coloque como única vía de dirección de los anhelos populares. Así, el chavismo retroalimenta a la extrema derecha, tal cual la extrema derecha realimenta al chavismo, creando dos campos de una misma perspectiva de clase: burguesa.

Por eso, como auténticos proyectos de la clase dominante, tanto el gobierno Maduro como la MUD temen lo que no podrán evitar: que el proceso de movilización popular cree desde sus entrañas una dirección que no solo devuelva la comida para el plato del pueblo pobre venezolano y la soberanía del país, sino que destruya este Estado capitalista que de tiempos en tiempos se camufla para continuar siendo lo que es: un mostrador de negocios de los empresarios, en el caso de Venezuela, un mostrador de ventas de petróleo. Para eso, esa dirección solo puede ser revolucionaria y socialista, no solo en apariencia sino también en esencia.

[1] Antigua y Barbuda; Haití, San Cristóbal y Neves; San Vicente y Granadinas; Santa Lucía y Surinam son los países caribeños que debido a la dependencia del petróleo venezolano siguen apoyando el gobierno de Nicolás Maduro.

Traducción: Natalia Estrada.

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