Hoy es 1 de febrero y, como cada año en esta fecha, a las militantes de Corriente Roja nos azota con crudeza algo más que el frío. La ausencia de Yolanda González nos recuerda tozudamente una herida sin cerrar que nos acompaña allá donde vamos.

Por: Congreso Extraordinario de Corriente Roja, que votó por unanimidad que la mesa de honor fuera presidida por Yolanda González

Una de las tareas de todo revolucionario y revolucionaria es cuidar la memoria. No solo recordar a quienes nos precedieron, sino mantener vivo su legado, porque gracias a que ellos fueron, nosotros somos hoy. Por ello nuestro compromiso es transmitir a las nuevas generaciones de revolucionarios y revolucionarias el legado de Yolanda, tal como nos lo transmitieron a nosotras antes, y cada 1 de febrero dedicamos tiempo a traer de vuelta el recuerdo de una compañera, Yolanda, que nos fue arrebatada demasiado pronto, con tan solo 19 años, a manos de un comando fascista. 

En 1980, la movilización obrera y popular que había empezado un poco antes de acabar la dictadura aún seguía muy viva. Había muerto el perro, pero no la rabia. Sobre el papel, había “democracia”, pero estaba muy lejos de cumplir las reivindicaciones de la clase obrera, la juventud, las nacionalidades oprimidas, etc. Además, esos años en los que arreciaba la lucha estuvieron marcados por una intensa violencia fascista, amparada por los cuerpos represivos del Estado.

Por aquel entonces, Yolanda era una joven militante vasca, de familia obrera, que se trasladó a Madrid para estudiar electrónica en un centro de Formación Profesional de Vallecas, mientras combinaba sus estudios con un trabajo en el sector de la limpieza. Dicen que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi biológica y Yolanda representaba este dicho a la perfección. A los dieciséis años se afilió a las Juventudes Socialistas de España y, más tarde, en Madrid, empezó su militancia política en el trotskismo afiliándose al Partido Socialista de los Trabajadores (PST), del cual ella fue una de las fundadoras. El PST es uno de los partidos en los que Corriente Roja tiene su origen. 

Yolanda se convirtió en una destacada dirigente de la lucha estudiantil por su importante papel en la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media de Madrid y por levantar activamente la bandera de la unidad del movimiento estudiantil y la clase obrera. Por todo ello, se convirtió en un objetivo de la reacción. Yolanda, como Ángel Almazán, Vicente Cuervo, Arturo Ruiz y tantos otros, fueron asesinados por luchar, pero el crimen de Yolanda cobró una brutalidad fuera de lo común: fue secuestrada en su domicilio, torturada y finalmente asesinada a bocajarro. Su asesinato quería dejar un mensaje claro: quien emprendía el camino de la lucha, entraba en la diana de la represión a cualquier precio. 

Su asesinato fue ordenado por el partido fascista Fuerza Nueva, con la colaboracion de elementos ultraderechistas de la policía y la Guardia Civil. El principal autor material del asesinato fue Emilio Hellín Moro, quien solo pasó 14 años en la cárcel. Cuando decimos que la herida de Yolanda está sin cerrar no es solo por su ausencia, sino también por el hecho de que el asesino de nuestra compañera campa a sus anchas, recibiendo favores del Estado, asesorando durante años fuerzas policiales como los Mossos d’Esquadra y desempeñando cargos como perito. Por eso recordar a Yolanda es también denunciar, con la rabia de quien no tolera la injusticia, la impunidad de sus asesinos.

Yolanda, tu recuerdo es imborrable. Te sentimos parte de nosotras y de nuestro proyecto, no por haberte conocido o haber compartido unas siglas, sino por la empatía de ser o haber sido jóvenes que, igual que tú con 19 años, tomamos la decisión de sumarnos a las filas del socialismo y tomar la tarea más noble -pero también la más difícil- que podemos tomar: poner nuestra vida al servicio de la clase trabajadora y la lucha por la revolución socialista mundial, convertirnos en soldados del tiempo para cambiar este mundo podrido de opresión y explotación y construir una sociedad nueva, libre, donde el ser esté por encima del tener. 

Sería muy fácil elucubrar y fantasear con lo que hubiera sido hoy Yolanda, si hubiera seguido militando aquí o allí, pero eso sería faltarle a una verdad que pesa como una losa. Decidir lo que hoy sería Yolanda era un derecho suyo, y solo suyo, que le fue brutalmente arrebatado, por eso nosotras le recordamos por lo que era entonces: una joven trotskista, revolucionaria, militante de un partido al servicio de la reconstrucción de la IVa Internacional. Ese era su compromiso entonces, y ese es el que nosotras tomamos hoy. 

Los asesinos de Yolanda quisieron aleccionarnos, pero nosotras tenemos también un mensaje para ellos y sus voceros: la lucha sigue. Mientras siga habiendo estudiantes que montan asambleas y se organizan para luchar, mientras siga habiendo quien grita “No pasarán”, mientras siga habiendo luchadoras y revolucionarias, mientras siga habiendo quien cree que otro mundo es posible, su legado estará presente y su recuerdo perdurará.

Por Yolanda, por Carlos, por Vicente, por Ángel, por Pedro, por Arturo. Por toda aquella gente anónima que dio su vida por un mundo nuevo. 

¡Yolanda gogoan!