Presentación
Ha llegado a nuestras manos el manifiesto “Hay que tomar partido” lanzado por un comité conjunto entre CRT y la autodenominada CR-IV. El manifiesto se propone impulsar un proceso constituyente para la fundación de una nueva organización socialista revolucionaria en el Estado español, aunque en verdad hace tiempo que ambas fuerzas son ya una única organización: la CRT. En nombre de lo que es la integración efectiva de “CR-IV” a la CRT hablan de impulsar un “proceso constituyente”.
Corriente Roja y la LIT-CI nos consideramos un instrumento al servicio de la construcción del partido revolucionario y de la histórica tarea de la construcción de dirección revolucionaria internacional. Así, aspiramos a construirnos en el movimiento obrero para contribuir a la victoria de nuestra clase sobre el capitalismo y a acabar con toda opresión y explotación. Somos plenamente conscientes que tales objetivos exigen un debate honesto y leal con el resto de la izquierda revolucionaria para avanzar en común en estas tareas.
Pensamos, no obstante, que el manifiesto “Hay que tomar partido” está muy lejos de contribuir al debate honesto y leal, en primer lugar, porque las tesis que nos imputan en él son, ante todo, una construcción arbitraria que no se corresponde con la realidad. Por nuestra parte, nos vemos en la obligación de dar una respuesta. Entendemos que es necesario señalar algunas cuestiones básicas de método, programa y estrategia que interesan, por su importancia, a todos los y las interesadas en quienes nos proponemos construir una fuerza nítidamente socialista y revolucionaria. Entre estas cuestiones vamos a referirnos al problema de las nacionalidades oprimidas y las tareas democráticas, a la incapacidad de la CRT/CRP de reconocer la agresión imperialista de Rusia contra Ucrania[1] y también a la política del PTS argentino, el partido-madre de la CRP, que el manifiesto coloca como la gran referencia mundial de los/las revolucionarios/as.
I. Una incomprensión profunda de la lucha de las nacionalidades oprimidas por su liberación y del combate por las consignas democráticas
Como sabemos, la cuestión de las nacionalidades oprimidas ha estado en el centro de los problemas del régimen político español a lo largo de la historia moderna y lo sigue estando, con altos y bajos, en el régimen surgido de la Transición. El procés, como se dio en llamar al período de movilizaciones multitudinarias en defensa de la República catalana que se inició en 2013 y tuvo su culminación en el referéndum del 1 de octubre de 2017, es prueba de ello. No es extraño que aún esté pendiente de aplicarse la Ley de Amnistía.
Como referimos en anteriores elaboraciones,[2] la CRT y su corriente internacional (la Fracción Trotskista (FT), recientemente renombrada como CRP) padecen una profunda incomprensión sobre cómo abordar el problema de las nacionalidades oprimidas. Lejos de esforzarse por entender la dinámica viva de los procesos de lucha contra la opresión nacional, defiende un doctrinarismo que desprecia las consignas democráticas y que aplica a toda circunstancia y lugar. Como si las consignas democráticas no formaran parte del programa de transición para la revolución socialista. De tal forma, cuando llegan momentos decisivos como el procés catalán, quedan convertidos en una fuerza exterior, ajena a la movilización popular.
Llama también la atención que una organización como la CRT y su corriente internacional, que se presentan como faros del marxismo revolucionario y únicos trotskistas del mundo, que acostumbran a sentenciar los debates con citas, hayan “olvidado” esta vez toda referencia a las políticas adoptadas por Trotsky y la Oposición de Izquierda Internacional en los tumultuosos años 30 del siglo pasado en el Estado español. Un período en el que la lucha contra la monarquía y el problema nacional catalán ocuparon el primer plano de la lucha de clases hasta el estallido de la guerra civil.
Los problemas de la corriente internacional de la CRT no se limitan, por lo demás, a la cuestión nacional, sino que abarcan la lucha general por las consignas democráticas y la batalla de pueblos oprimidos, como Palestina y Ucrania, por su liberación nacional.
Antes de comenzar la polémica nos parece necesario denunciar, de nuevo, los métodos usados por la CRT que, en su manifiesto conjunto, ataca a Corriente Roja por defender la tesis de que Galicia es una colonia española. La verdad, sin embargo, es que jamás hemos defendido esta tesis y que la CRT y sus nuevos socios lo saben perfectamente. Es, literalmente, una mentira cuya necesidad se nos escapa.
II.1. La lucha por la República Catalana
Entrando ya en la polémica, CRT comienza, como es su costumbre, con la letanía de que Corriente Roja y la LIT defendemos una “política seudoetapista”[3] de “revolución democrática” que “desliga las demandas democráticas de la perspectiva del poder obrero”.
Prosiguen diciendo que, dado que “la república catalana solo será posible si es conquistada por medio de una gran lucha social encabezada por la clase trabajadora […] solo será posible como una república socialista […]”. En cambio -continúan – defender, como hizo Corriente Roja[4],“la consigna de República catalana (…) “acaba condenando a un partido revolucionario a sumarse al furgón de cola de la política nacionalista burguesa y pequeñoburguesa”.
En verdad, CRT ni siquiera reconoce que el procés fuese una movilización popular por la independencia catalana y, de manera pudorosa, solo hablan de “un movimiento democrático por el derecho a la autodeterminación”.
Un artículo de Guillermo Ferrari[5] de 14/10/13, escrito cuando el procés ya había comenzado y la CRT aún se llamaba “Clase contra Clase”, sintetiza a la perfección sus posiciones. En él rechaza, de entrada, la consigna de República Catalana porque “no define si es una república capitalista o socialista”. Asimismo, porque “decanta la relación entre Catalunya y el resto del Estado español desde una forma determinada”, cuando lo que hacía falta era una “Asamblea Constituyente Revolucionaria” -surgida de su imaginación- “donde todas las nacionalidades puedan discutir y resolver sobre la cuestión nacional y todos los problemas”.[6]
Frente a las acusaciones de CRT, vamos a reproducir aquí una parte fundamental de las tesis que defendió Corriente Roja[7]:
“1/El conflicto catalán se ha convertido en el elemento más avanzado de la crisis del régimen monárquico en descomposición. La gran movilización por su soberanía nacional ha hecho de Cataluña el principal bastión de la lucha contra el régimen y, por ello mismo, la avanzada del proceso de la revolución española. El curso del conflicto y sus resultados son decisivos para la clase obrera y los pueblos del Estado español.
2/El conflicto catalán muestra a las claras que no es posible ejercer el derecho democrático a la autodeterminación sin romper con la legalidad del régimen monárquico. La prohibición de la consulta ha mostrado que un referéndum de autodeterminación sólo es posible si Catalunya asume la plena soberanía nacional.
3/Esta realidad política obliga a plantear con toda claridad que la proclamación de la República catalana independiente es la condición y el instrumento para asegurar la autodeterminación.
4/La batalla por los derechos nacionales, por la soberanía, por la República catalana, ha de ser ante todo una reivindicación de la clase trabajadora, que debe convertirse en la campeona de esta lucha democrática. El movimiento obrero no puede permanecer ajeno a esta lucha ni limitarse a desempeñar el papel de acompañante a disposición de Mas o, llegado el caso, de Junqueras.
7/Luchamos por una República catalana “social y soberana”. Soberana no sólo de Madrid sino de Bruselas y Berlín, que asegure las necesidades básicas de la clase trabajadora y de la pequeña burguesía empobrecida ((prohibición de desahucios; revertir los recortes y privatizaciones; derechos laborales y políticos; derogación de la reforma laboral; prisión para corruptos y corruptores e incautación de lo robado; suspensión del pago de la Deuda y Auditoría; toma de control de los bancos catalanes -La Caixa y Sabadell- y de las empresas estratégicas; incautación de las empresas que amenacen con la deslocalización si se declara la independencia…) y que ponga en marcha un proceso constituyente para un cambio radical, que dé la palabra al pueblo trabajador organizado desde abajo. La lucha por medidas como éstas da a la consigna de República catalana un carácter transicional hacia la conquista del poder por la clase trabajadora. (…)
8/La lucha por la República catalana no es una lucha “independentista” sino el principal punto de apoyo para acabar con el régimen monárquico y la mejor base para batallar por una libre unión de pueblos libres o, como lo expresaban nuestros precursores en la lucha, la libre unión o confederación de repúblicas ibéricas. Para nosotros, esta unión libre es indesligable de la lucha por una Europa de los trabajadores y los pueblos. No hay “socialismo en un solo país” sino que tiene dimensión europea y mundial. La República catalana, la unión libre de repúblicas y la Europa de los trabajadores y de los pueblos es una combinación de consignas que forman un todo indisociable.”
En Corriente Roja pensamos que estas tesis se vinculan con la tradición del marxismo revolucionario en el Estado español y, en particular, con las posiciones que tomaron León Trotsky y la Oposición de Izquierda en 1934, cuando estalló el conflicto frontal entre Cataluña y el gobierno central en torno a la Ley de Contratos de Cultivo. Un conflicto queconfluía y se integraba como una pieza central en el choque general del movimiento obrero del conjunto del Estado contra el gobierno reaccionario de Madrid.
En una carta, enormemente crítica, de Trotsky[8] a los dirigentes de la Izquierda Comunista Española (ICE), les planteó la urgencia de un giro radical:
«Cataluña puede convertirse en el eje de la revolución española. La conquista de la dirección en Cataluña debe ser el centro de nuestra política en España.” (…) “El proletariado ha de demostrar en los hechos a las masas catalanas que tiene un interés sagrado por la defensa de la independencia catalana. Es aquí donde residirá el paso decisivo hacia la conquista de la dirección en la lucha de todas las capas sociales de la ciudad y del campo prestas a la defensa.»
Del mismo modo, entre otras cuestiones clave, como la del armamento popular, Trotsky les decía que «dada la extrema división del proletariado catalán[9], que no le permite establecer su hegemonía en Cataluña, no puede, en la situación actual, proclamar por sí solo la independencia de Cataluña. Pero puede y debe llamar a la proclamación con todas sus fuerzas y exigirla al gobierno pequeñoburgués de ERC.«
Por supuesto, la batalla por la proclamación de la República catalana no alejó a Trotsky y a la Oposición de Izquierda de la vía revolucionaria. Como escribió Alfonso Leonetti en nombre del SI de la LCI (Oposición de Izquierda) en una carta anexa a la de Trotsky:
«Evidentemente, nosotros, marxistas, no somos “separatistas”; pero no somos tampoco “demócratas”. A pesar de esto, luchando por la “democracia” pensamos llegar al socialismo y al poder proletario. La misma cosa con la cuestión nacional.
Luchando por la independencia catalana, por la República catalana, en suma, la clase obrera no pierde de vista ni un instante que su tarea es luchar por una libre república catalana obrera y campesina dentro de una libre república obrera y campesina de España.»
II.2. La oposición de la CRT a la consigna República
La misma línea de oposición a la consigna de República Catalana se repite con la consigna de República a escala del Estado español. Guillermo Ferrari, en el artículo citado, es quizás quien mejor expresa la postura que mantiene CRT. Es así cuando nos criticaba, por ejemplo, apoyar iniciativas de referéndum contra la Monarquía que entonces se estaban llevando a cabo en distintos lugares. Nos decía, en una muestra de doctrinarismo difícil de igualar, que pedíamos “(¿a quién?) un Referéndum para que la gente vote si quiere la Monarquía o una República (no importa si es burguesa). Y la revolución socialista queda para un futuro indefinido.”
En otra parte de su artículo escribía que su organización “no luchamos por la III República, sino que luchamos por una República Obrera que acabe la explotación del hombre por el hombre y todas las opresiones”.
Sin embargo, esta metodología, muy poco tiene que ver con la tradición marxista, cuyo programa combina la batalla por las reivindicaciones democráticas, transicionales y socialistas en la lucha por la revolución mundial.
Dirigentes como León Trotsky aplicaron esta tradición en la España de principios de los años 30 del siglo pasado, en plena lucha contra la monarquía. En una carta a los camaradas españoles de junio de 1930, les escribió llamándolos a ponerse al frente de la lucha por las reivindicaciones democráticas:
“No comprenderlo sería cometer la mayor falta sectaria. Poniendo por delante las consignas democráticas, el proletariado no quiere con ello decir que España va hacia la revolución burguesa. Sólo podrían plantear así la cuestión fríos pedantes atiborrados de fórmulas rutinarias.”[10].
Y siete meses más tarde, añadía:
“Cuanto más valerosa, decidida e implacablemente luche la vanguardia proletaria por las consignas democráticas, más pronto ganará a las masas y privará de base a los republicanos burgueses y a los socialistas reformistas; de un modo más seguro los mejores elementos vendrán a nuestro lado y más rápidamente la república democrática se identificará en la conciencia de las masas con la república obrera.”[11]
Es curioso, por otra parte, que mientras maldice la lucha por la República, la CRT no aplique la misma maldición a la consigna de “una cámara única que fusione los poderes ejecutivo y legislativo y que sea electa por sufragio universal” que defiende en su programa[12].
II.3. Un programa de transición esquemático y abstencionista.
Los errores programáticos que hemos visto tienen graves consecuencias sobre la lucha de clases por su postura abstencionista implícita[13]. Con esta lógica, en 2017, tres días antes del referéndum del 1 de octubre – que solo se garantizó en base a una enorme movilización popular que garantizó la apertura de los colegios a pesar de la enorme represión – la CRT defendió: “No llamamos a votar Sí porque ni somos independentistas ni compartimos el proyecto de república y proceso constituyente que propone Junts pel Sí y la CUP. Tampoco somos defensores del No, en tanto es percibido como el mantenimiento del estado de cosas actual. Nos posicionamos en el voto blanco o nulo”[14].
En comparación, Corriente Roja nos posicionamos desde el 5 de septiembre en defensa de una “República catalana social y soberana” y “Por la libre unión con el resto de pueblos del Estado”. Así,“Llamamos a votar Sí porque no ha podido quedar más claro que no hay posibilidad de ejercer el derecho a decidir sin la ruptura con el régimen monárquico del 78, inseparablemente ligado a la herencia del franquismo (…) Nuestro Sí es un llamamiento a luchar para no pagar una Deuda que es ilegítima y para aplicar los recursos económicos a un plan de emergencia social”.[15]
El llamamiento al voto nulo era la condena a cualquier posibilidad real de abrir un proceso revolucionario de ruptura con el Régimen del 78, enemigo del pueblo trabajador de todo el Estado español.
El llamamiento a votar “sí” en el referéndum de 2017 era el llamamiento a la lucha de los/las trabajadores/as de todo el Estado por una unión libre de repúblicas, sin la losa de la monarquía y las instituciones herederas del franquismo. El llamamiento al voto nulo, en cambio, era la condena a cualquier posibilidad real de abrir un proceso revolucionario de ruptura con el Régimen del 78, enemigo del pueblo trabajador de todo el Estado español. En el régimen del Estado Español es imposible un referéndum libre y sin represión, la proclamación de la República Catalana era imprescindible para poder ejercerlo y decidir libremente la forma de unión con los pueblos del resto del Estado y para aplicar un programa de emergencia social.
Sin embargo la CRT, en nombre del “socialismo” y del “camino revolucionario” sistemáticamente opone la lucha por la republica a la lucha por la asamblea constituyente. En primer lugar, deberían explicar qué tiene de “socialista” la asamblea constituyente por sufragio universal, que en numerosos países ha sido realizada para aprobar constituciones burguesas. En segundo lugar, ¿qué tipo de asamblea constituyente sería libre, si se realiza mientras se mantiene el Rey como jefe del estado y del ejército? La posición de la CRT condena a la abstracción tanto la “república socialista” como la asamblea constituyente.
Desde Corriente Roja nos esforzamos por combinar ambas reivindicaciones, lo cual no supone ningún tipo etapismo o “seudo-etapismo” sino tener en cuenta las enseñanzas que nos de las revolución española. Recordemos que esta empezó en el contexto de la salida de Alfonso XII y la proclamación de la II República (¿la CRT se habría opuesto en 1931 a su proclamación en nombre del socialismo?). Entonces se realizó una asamblea constituyente, sí, pero que dio lugar a una constitución era burguesa que no resolvió las necesidades de la clase trabajadora.
Por otro lado, la proclamación de la República catalana por ERC en 1934 hubiera supuesto un avance frente a la reacción de la que era reflejo el gobierno de la CEDA. Por su parte, el proceso revolucionario continuó desarrollándose y la cuestión del poder obrero (y no la asamblea constituyente) se colocó de forma directa durante la guerra civil al calor del surgimiento de organismos de doble poder (comités de expropiación, milicias antifacistas, juntas revolucionarias).
Este es el mayor ejemplo de cómo funcionan los procesos vivos de la lucha de clases. La negativa de la CRT de defender la república, a la vez que enarbola permanente la asamblea constituyente, es un error que demuestra su incomprensión ante los procesos vivos de la lucha de clases.
Finalmente, no podemos sino señalar los bandazos en los posicionamientos de la CRT ya que ellos mismos acabaron por defender la república catalana el 29 de octubre, un mes después del referéndum y justo después de la aplicación del 155, que acababa con la autonomía. Así defendieron “resistencia para defender la república catalana y luchar contra la Corona y el Régimen en todo el Estado”. ¿Si es “a toro pasao” entonces no es etapismo?[16]
Su esquematismo en el programa, también en el caso palestino, como veremos a continuación, les acaba obligando a corregir empíricamente, mal y tarde, los errores programáticos a los que les lleva su base teórica.
II.3. Palestina libre del río al mar
Forma parte del mismo enfoque metodológico de la corriente internacional a la que pertenece la CRT su oposición histórica directa a la consigna de una “Palestina libre desde el río al mar”. Para ellos, respaldar esa consigna equivalía a defender una “etapa democrática” y renunciar al carácter socialista de la revolución palestina, justo cuando esa reivindicación era, y sigue siendo, el eje del programa para la revolución socialista en Palestina y toda la región. Actualmente, tras las históricas movilizaciones en solidaridad con el pueblo palestino, han pasado a asumir la consigna, pero sin dar ninguna explicación ni ofrecer autocrítica alguna.
Hay otros aspectos de su posición ante Palestina que también merecen atención y que se recogen en el artículo que indicamos a pie de página[17]: desde el tipo de crítica que hacen a Hamás[18], sus recelos poco disimulados ante la lucha armada palestina y, muy en particular, su tesis de que la confraternización de los palestinos con los trabajadores y la juventud judío-israelís[19] (colonos usurpadores de tierras palestinas y, a título de tal, apoyadores en su inmensa mayoría del genocidio y la limpieza étnica) es “la sola posibilidad de emancipación para ambos pueblos”.
II.4. Ucrania enfrenta una agresión imperialista de Rusia
Debido a nuestra defensa del pueblo ucraniano frente a la agresión imperialista rusa, CRT y asociados nos acusan de “capitular” ante el imperialismo norteamericano y defender “posiciones campistas pro-OTAN”. En contraposición, ellos dicen “rechazar por igual la invasión reaccionaria del régimen de Putin y el rol de la OTAN, que utiliza al pueblo ucraniano como peón de su disputa con Rusia”. Es decir, que estaríamos ante una guerra interimperialista y que, por tanto, debemos estar contra ambas partes, aunque, sorprendentemente, la CRT no caracterice a Rusia como potencia imperialista.[20]
Por supuesto, la intervención indirecta de los imperialismos norteamericano y europeo, así como la naturaleza burguesa y proimperialista del gobierno Zelensky no pueden ser relativizados en absoluto. Por el contrario, deben tenerse muy en cuenta para definir la política. Pero no modifican el hecho sustancial: que estamos ante una guerra de liberación nacional de Ucrania frente a una salvaje agresión imperialista rusa. Por eso hemos hecho campañas en apoyo al sindicato minero-metalúrgico ucraniano de Krivy Rhig, con afiliados en el frente, o a favor de la inclusión en los intercambios de prisioneros de Denys Matsola y Vlad Zhuravlev, dos luchadores clasistas apresados por los rusos en Mariupol.
Pensamos que solo es posible desenmascarar las intrigas y planes de la OTAN así combatir al gobierno proimperialista, corrupto y oligárquico de Zelensky, cada vez más cuestionado por la población, luchando desde las trincheras ucranianas
Solo si el mando efectivo de la guerra pasara a manos norteamericanas, lo que implicaría el control tecnológico y operativo, apoyado en tropas sobre el terreno, cambiaría el carácter de la guerra y, en lugar de una guerra de liberación nacional, estaríamos ante una guerra interimperialista. Pero esto no se ha dado.
III. El ejemplo del PTS argentino
La CRT y sus asociados dan un relieve muy especial al ejemplo del PTS de Argentina, a quien presentan como la gran “referencia estratégica” para ellos y para los revolucionarios del mundo. En su manifiesto, apoyan el giro dado por el PTS a partir de los altos índices de simpatía alcanzados por su diputada Myrian Bregman y las encuestas electorales. No es éste el lugar para analizar con detalle todos los aspectos de este giro, pero sí para señalar algunos elementos relevantes.
III.1 El FITU: unidad en las elecciones, fragmentación en las luchas
El PTS considera que el FITU (Frente de Izquierda y de Trabajadores – Unidad) ha llegado a su límite, al menos en su forma actual. Hasta aquí, es una opinión que hasta podemos compartir, aunque pensamos que son necesarias algunas explicaciones.
Inicialmente constituido como FIT, su creación fue una medida defensiva de tres organizaciones argentinas que se reivindican trotskistas (PTS, PO e IS[21]) que, ante las restricciones para participar en las elecciones, resolvieron constituir un frente electoral. Una táctica, aunque limitada, correcta y válida.
El FIT, a partir de su desempeño electoral, despertó simpatía e incluso entusiasmo en los sectores de vanguardia que le votaban y hacían campaña por él. Su auge fue en 2015, cuando alcanzó 1,3 millones de votos.
La expectativa de los sectores que votaban, hacían campaña y apoyaban al FITU era que éste se convirtiera en el instrumento político de la vanguardia luchadora que lo sostenía. Esa expectativa, sin embargo, jamás se concretó. Los partidos del FITU no estaban de acuerdo con ella. Jamás se propusieron, durante los 15 años de existencia del FIT, superar la etapa de mera unidad electoral.
Nunca crearon instancias democráticas de participación de las bases de los partidos del FITU y, menos aún, de los miles de activistas que simpatizaban. Nunca fueron capaces de actuar de forma unitaria en las luchas y en la disputa por la dirección de los organismos del movimiento. Era “cada uno por su lado”, como reconocen ahora el PTS y su máximo dirigente, Albamonte: unidad en las elecciones, fragmentación y autofagia en las luchas.
III.2 Construir un partido de la nueva clase trabajadora, sí, pero ¿con qué metodología?
Ante las limitaciones del FIT y las grandes oportunidades que se abren en Argentina, el PTS resolvió llamar a la construcción de un partido de la nueva clase trabajadora. Es decir, un partido que exprese sus intereses, aunque sean los más básicos, que la organice con independencia de clase y luche por un gobierno de los trabajadores. Un partido de masas o que aglutine ampliamente a la vanguardia.
Estamos plenamente de acuerdo en la construcción de ese partido. Es una tarea que puede cumplir un rol importante en el avance de la conciencia y la organización en Argentina, donde la mayoría de los/las trabajadores/as siempre ha estado representada políticamente por el peronismo, una corriente burguesa en degeneración avanzada.
Sin embargo, discrepamos profundamente de la forma en que el PTS está impulsando el movimiento por el nuevo partido. En primer lugar, porque se apropian de un patrimonio común a todo el FITU, presentando la figura de Myrian Bregman y otros referentes como algo exclusivamente suyo. Dejan fuera de sus planes no solo a las demás organizaciones del FITU, sino también y especialmente a los activistas que hicieron campaña y votaron por estas y otras figuras del FITU y también buena parte de los nuevos activistas en ruptura con el peronismo. Llaman a la construcción de comités por el nuevo partido exigiendo de antemano la adhesión a condiciones que excluyen potencialmente a quienes quieran participar desde su propia comprensión de esta necesidad. Es un llamado poco o nada unitario.
Esta forma de tratar a aliados y socios y a la propia vanguardia amplia es una característica del PTS y su corriente internacional, que hemos sufrido en nuestras carnes y que coloca siempre su autoconstrucción por encima de los intereses y necesidades del movimiento de la clase trabajadora.
Lo decimos con preocupación y como alerta. Coincidimos profundamente en la necesidad y posibilidad de tener como política en este momento la construcción de un instrumento político independiente de los trabajadores argentinos, aunque de inicio no alcance el programa histórico de nuestra clase, es decir, la lucha por la revolución socialista y la dictadura revolucionaria del proletariado. Pero nos tememos que la metodología del PTS les lleve a preocuparse por su propio crecimiento y pequeños logros, por encima del objetivo mayor, y termine por dejar pasar esta oportunidad histórica, generando, una vez más, frustración en amplios sectores de activistas con expectativas en esta experiencia.
III.3 ¿Qué programa para tomar el poder?
Un aspecto que nos parece fundamental en el llamamiento al partido de la nueva clase trabajadora es el esbozo de programa que le propone el PTS.
Albamonte y el PTS plantean el debate a partir de la hipótesis de un gobierno de Myrian Bregman en base a una victoria electoral (lo que es, sin duda, improbable, aunque no se puede descartar) y se preguntan qué hacer en tal situación. Su respuesta es convocar una Asamblea Constituyente, remitir a ésta la aplicación de las medidas de transformación y comprometerse a gobernar en sus límites.
Myriam Bregman es muy clara a este respecto en su entrevista con O’Donnell y Tenembaum[22]: “Yo no le voy a imponer nada a nadie. Yo creo que lo que hay que hacer inmediatamente para transformar de raíz y porque si el proceso es a través del voto y la gente confía en ese mecanismo, es llevar eso hasta el final y hacer una Asamblea Constituyente, que sea libre, que sea soberana, y que trate todos los problemas del país.”
Un gobierno de Myriam Bregman, por tanto, renunciaría, de entrada, a toda medida revolucionaria o que pueda cuestionar ir más allá del régimen y del sistema (así como también a impulsar un proceso masivo de autoorganización democrática del movimiento). Y haría depender su aplicación de la obtención de una mayoría absoluta en la Asamblea Constituyente que convocaría, donde, cómo no, plantearía medidas radicales de transformación.
La consigna de la Asamblea Constituyente, entonces, en lugar de servir para impulsar la acción revolucionaria del movimiento, actuaría para retenerlo y paralizarlo. De otro lado, la historia nos enseña que, bajo el dominio de la burguesía y el imperialismo, decididos a utilizar todos los medios a su alcance, es suicida apostar a una mayoría absoluta revolucionaria en la Asamblea Constituyente. ¿Qué haría un gobierno de Myriam Bregman ante una mayoría burguesa?
Otra cuestión que nos llama verdaderamente la atención es que tanto en el manifiesto del PTS como en las entrevistas de Albamonte y Myriam Bregman, no se haga mención al problema de los militares y la policía y a la manera de enfrentarlos, en un país donde está vivo el recuerdo del golpe militar del 76 y el régimen de terror que le siguió. Y cuando es necesario contar con que cualquier cuestionamiento serio del orden social lo van a enfrentar con las armas y el terror.
III.4 La lucha contra la corrupción y el caso de Cristina K
Por último, hay un tema que no podemos dejar de citar: la defensa del PTS a Cristina K. En el manifiesto presentado por el PTS hay un apartado contra la corrupción, las intromisiones del poder judicial en el legislativo, etc. Todo correcto, hasta que se dice textualmente que están en contra de la condena de Cristina K porque eso sería proscripción. Se colocan al lado de ella.
Pero a estas alturas del partido no hay quien crea que Cristina K no sea corrupta. La propia Myriam Bregman, en la entrevista mencionada, lo reconoce: “que hubo corrupción no lo cuestiona ni Cristina”.
Los argumentos esgrimidos, tales como que la justicia fue selectiva o que solo se puede condenar a Cristina si se juzga a los demás, así como las mil variantes posibles de este argumento, van todos contra la lucha contra la corrupción.
Incuestionablemente, la justicia burguesa es selectiva, cuando no, como en este caso, abiertamente corrupta. Sucede lo mismo en el Estado español con el PSOE, donde los jueces incluso trabajan con informaciones facilitadas por Trump. ¿Saldrá la CRT en defensa de Zapatero?
El argumento no se sostiene, porque llevado hasta el final necesitaríamos tribunales proletarios para juzgar a todos los burgueses y corruptos, lo que solo es posible después de una revolución socialista. Hasta entonces ¿haremos pronunciamientos generales contra la corrupción mientras nos colocamos al lado de un grupo de corruptos frente a los otros?
IV. Extrema deslealtad y métodos fraccionales
No podemos concluir esta respuesta sin destacar una de las cuestiones que afecta a las relaciones más básicas entre organizaciones y militantes: nos referimos a laextrema deslealtad y a los métodos fraccionalistas de la CRT, de su corriente internacional (Corriente Revolución Permanente-CRP), así como de sus nuevos adherentes de CR-IV.
El debate precongresual que tuvimos hace unos meses en Corriente Roja estuvo marcado a fuego por la disputa fraccional de un grupo minoritario dirigido por un viejo dirigente, hoy asociado a la CRT, que no podía aceptar que sus posiciones ya no eran mayoritarias. Hasta el punto de que, ante la evidencia, se negó a participar en el Congreso Extraordinario que convocamos para, precisamente, atender a estos debates. Finalmente rompió con la organización tres semanas antes de dicho Congreso, llevándose cerca del 10% de la militancia (y no casi la mitad, como afirman mentirosamente). No tuvo, sin embargo, el menor rubor de continuar el trabajo fraccional, ahora desde fuera de la organización, usurpando, en confabulación con la CRT, el nombre de Corriente Roja.
El problema principal de la CRT y de su corriente internacional es que han naturalizado estos métodos, a partir de considerar que ellos son los únicos revolucionarios en el mundo y que todas las demás organizaciones que se reivindican revolucionarias son un obstáculo a eliminar para construir un partido y una internacional revolucionaria.
Por supuesto, adornan este comportamiento con la proclamación cínica de que están “contra toda autoproclamación sectaria” y reivindicando “un marco de fraternidad revolucionaria y de lazos de camaradería forjados en el combate común”. Mientras tanto, su manifiesto llama “a las compañeras y los compañeros de otras organizaciones de la extrema izquierda” a romper con sus partidos y a “sumarse al proceso constituyente”.
Por nuestra parte, no podemos normalizar la actitud fraccional de CR-IV contra nuestra organización a la que hace meses que la CRT alimenta y da cobertura política. Nos parece que la difícil tarea de contribuir a la reconstrucción de una IV Internacional digna de tal nombre exige el respeto entre organizaciones revolucionarias para poder establecer un marco de debate honesto, paciente y fraternal sin el cual va a ser muy difícil avanzar en la discusión y comprensión de los hechos más significativos de la lucha de clase al mismo tiempo que participamos en ella.
En base a estas consideraciones, volvemos a emplazar a los/las camaradas de CR-IV a rectificar y a adoptar una denominación que no los vincule a la organización con la que rompieron, pues ello solo contribuye a generar confusión, algo contraproducente para el fortalecimiento del movimiento obrero y popular. No todo vale en la construcción de una organización revolucionaria, por más necesidad y urgencia que exista por construirla.
A modo de conclusión
Coincidimos plenamente con los/las compañeros/as en la necesidad de recomponer y fortalecer una verdadera izquierda revolucionaria en el Estado español e internacionalmente, esto es, la construcción de una organización que intervenga activamente de las luchas de la clase trabajadora y la juventud con una perspectiva obrera y socialista, que enfrente el imperialismo, tenga la cara que tenga, y que impulse resueltamente la organización independiente de la clase obrera en su histórica lucha por la transformación socialista de la sociedad. Para que este proceso no sea una suerte de “llamamiento vacío” es imprescindible pelear para impulsar los espacios de frente único como espacios de unidad de la clase obrera para luchar por sus intereses, en los que conviven trabajadores de distintas tendencias políticas o sin ninguna en particular.
Por nuestra parte, estamos abiertos/as al diálogo y a la discusión fraternal con todas aquellas personas y organizaciones que crean firmemente en la necesidad de emprender esta tarea y, de existir un proceso real de debate para tales fines nos sumaremos sin dudarlo para contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a la construcción de una izquierda revolucionaria más fuerte y sólida en el Estado español.
[1] La consolidación de un nuevo estado imperialista en Rusia, disponible aquí
[2] Claves para entender la ruptura, disponible aquí
[3] Un debate con el MRT (partido hermano de la CRT en Brasil), disponible aquí
[4] Y también la organización Lluita Internacionalista
[6] Guillermo Ferrari, Polémica con Corriente Roja sobre la cuestión nacional catalana y el marxismo. Este artículo no se encuentra online pero lo citan como referencia bibliográfica aquí
[7] Tesis del Comité Estatal de Corriente Roja de 26-10-2014, disponible aquí
[8] La carta de Trotsky lleva por título «El conflicto catalán y las tareas del proletariado«. En setiembre de 2014 fue publicada en catalán en la revista Avenç, con una introducción de Pelai Pagés. En 2020 fue publicada, junto con la carta inédita de Leonetti, aquí
[9] La CNT, el mayor sindicato catalán, anarcosindicalista, no formaba parte de la Alianza Obrera y era «abstencionista» ante la reivindicación nacional catalana.
[10] “Las tareas de los comunistas en España” (carta a la redacción de Contra la Corriente) 13-6-1930
[11] “La revolución española y las tareas de los comunistas” 24 de enero de 1931
[12] “Qué es y por qué lucha la CRT”, disponible aquí
[13] El programa y la revololución, disponible aquí
[14] https://www.izquierdadiario.es/La-juventud-y-la-clase-trabajadora-deben-encabezar-una-lucha-independiente-por-el-derecho-a-decidir
[15] https://www.corrienteroja.net/referendum-en-cataluna-corrent-roig-votara-si/
[16] https://www.izquierdadiario.es/Ni-un-paso-atras-Resistencia-para-defender-la-republica-catalana-y-lucha-contra-la-Corona-y-el)
[17] https://litci.org/es/la-fraccion-trotskista-y-su-postura-en-la-guerra-de-gaza/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[18] https://www.laizquierdadiario.com/Apoyar-la-resistencia-palestina-significa-apoyar-la-estrategia-y-los-metodos-de-Hamas
[19] https://www.revolutionpermanente.fr/Lutte-ouvriere-le-NPA-C-et-la-lutte-pour-l-auto-determination-de-la-Palestine
[20] ¿Es Rusia imperialista? https://www.izquierdadiario.es/Es-Rusia-imperialista
[21] Más tarde se adhirió el MST, dando lugar al FITU
[22] https://www.youtube.com/live/2ofW6_HyPQw?si=zLhm3zOG2KyYCWCd

