Ainara -pseudónimo- es docente de secundaria y bachillerato de las especialidades de Historia y Ingles. Ha trabajado en un par de ocasiones en la escuela concertada antes de entrar a la bolsa, pero hace tres cursos que ejerce su tarea docente en la pública. Durante este tiempo, ha trabajado en Barcelona y su área metropolitana, concretamente por los municipios de l’Hospitalet de Llobregat y Ripollet. Afirma que su experiencia ha estado fantástica, siempre apoyada por equipos muy humanos, alentadores y enérgicos; aun así, en su día a día se tienen que enfrentar a situaciones para las cuales no están formados. No solo imparten nuestras materias, sino que, a veces, también tienen que hacer frente a necesidades emocionales muy palpables que requieren una formación superior, que la mayoría del profesorado no tiene.

Las reivindicaciones docentes van mucho más allá del que a menudo transmite el discurso generalizado de una parte de la prensa. No nos manifestamos por una subida de sueldo, sino por el bienestar y el buen funcionamiento del sistema educativo. El modelo actual no funciona y nos movilizamos para impulsar cambios que consideramos imprescindibles. ¿Por donde pasan estos cambios? Principalmente, por la reducción de las ratios y por la incorporación de más profesionales que nos ayuden en nuestro día a día y en la atención a nuestro alumnado.

¿Has notado un empeoramiento a tu trabajo o al resto de servicios públicos los últimos años?

Hace poco que me dedico, pero el sentimiento general en todos los centros donde he trabajado es de burnout, es decir, de personal quemado. Esta dinámica se repite en todos los centros donde he estado, que con los de este año ya son nueve: altas cargas burocráticas, sobre todo para los tutores (atenciones individualizadas porque faltan psicopedagogos y orientadores, seguimiento del absentismo porque no hay bastante TIS —técnicos de integración social— y acciones de orientación); ratios muy elevadas con una gran diversidad dentro del aula (se hace imposible atender y adaptar el temario de una manera que sea provechosa y perdurable para todos los adolescentes); necesidades especiales que no son atendidas de manera integral ni con la ayuda suficiente de profesionales como los veladores o las aulas SIEI, y largas horas lectivas por la tarde que no benefician ni el alumnado ni el profesorado. Es complicado mantener la atención después de una jornada tan larga.

Todo y el que pueda parecer, nuestra tarea no acaba cuando salimos del centro. Hay un cómputo de horas de trabajo en casa ya contemplado que, semanalmente, se sobrepasa: corrección de exámenes, creación de materiales interactivos en aquellos centros que no funcionan con libros, adaptaciones metodológicas y curriculares para los diferentes perfiles de alumnado de una misma aula, y elaboración de los PI (Planes Individualizados).

Reina un sentimiento de cansancio y frustración porque no queremos dejar desatendido nuestro alumnado ni sus familias, pero la carencia de recursos es muy pronunciada.

Por otro lado, la experiencia de dar clase en aulas que no están muy condicionadas es un despropósito. Se hace muy difícil que el alumnado, tanto de ESO como de bachillerato, pueda mantener la concentración. Esta semana, por ejemplo, se nos ha hecho muy duro continuar con el repaso de Historia para las PAU: el aula era un horno, a pesar de disponer de un ventilador.

Otro tema son las colonias, que se llevan a cabo sin ninguna retribución adicional a pesar de trabajar durante 24 horas seguidas durante al menos dos días, con pernoctación incluida. A pesar de los discursos populares que afirman que los profesores vayamos de manera gratuita y nos lo pasamos a las mil maravillas, la realidad es que asumimos la responsabilidad de tener cerca de 80 personas a nuestro cargo, con todo el que esto comporta: medicación, dolencias, incidentes y accidentes. Las horas extras son remuneradas en la mayoría de las profesiones; en cambio, es habitual que esto no pase con el profesorado.

¿Has participado en alguna lucha en el sector?

No había participado antes en ninguno otra movilización del sector, pero en el centro donde soy ahora mismo hay un buen número de profesores que se han adherido a la asamblea. La basura los miércoles en la hora del patio y hablamos sobre cómo serán nuestras reivindicaciones. Ha habido días de huelga, en que hemos ido en columna con otros institutos a las manifestaciones, y también de concentraciones. Además, cada martes nos ponemos la camiseta amarilla en defensa de la escuela pública de calidad y durante unos días el que hicimos fue salir a dar clase en la calle, sobre todo con los de bachillerato.

Esto lo hicimos por dos motivos, uno para visibilizar qué está pasando en el entorno del barrio, porque no con solo que se quede dentro de las aulas, para visibilizarlo a la gente del barrio y a las familias. Y el otro motivo es para que no tengan tanto calor las criaturas, porque las condiciones son muy lamentables. Realmente mi instituto es un instituto bastante viejo, es un instituto que inauguró Franco.

Entonces, volviendo a la asamblea, es donde decidimos si nos adherimos o no a las propuestas que se forman en los otros institutos, sean o no del barrio, sean de todo el Consorcio o sean de Barcelona o de toda Cataluña.

El otro día hablábamos de qué es el que votaremos a título individual. En general a la mayoría, sino a todas, nos han parecido que las propuestas de los sindicatos que han podido hablar con la Conselleria son muy insuficientes y que tienen que tienen muy poca base, son unas propuestas que están muy desdibujadas. No nos están diciendo cuando entrará todo este personal docente, este sueldo que nos subirán serán solo 47 euros, no nos estamos movilizando solo por 47 miserables euros. Es una vergüenza porque no hablan nada de las ratios, no hablan del reacondicionamiento de las aulas, es todo muy escaso.

¿Cómo y quién crees que puede solucionar la crisis de los servicios públicos?

Una de las cosas que también charlamos a la asamblea es si el próximo año haremos colonias, excursiones, etc., es decir, que las familias vean que y que puedan palpar ellas mismas que la cosa va de verdad.

No es que mira nos guste no dar clases o nos guste no trabajar algunos días. La cosa va de verdad. Si queremos hacer ruido, si realmente queremos conseguir el que reclamamos el Departamento tiene que pasar también por la queja de las familias, que se sumen a esta movilización. Y creo que porque se sumen a la movilización tienen que vivir algo que les afecte, como las actividades o el ocio de sus hijos e hijas. En mi caso, mis alumnos han entendido bastante bien por qué nos manifestamos o por qué no haremos colonias. Evidentemente, les hace daño, pero lo han entendido muy bien.

Creo que es importante también dar todo el apoyo desde Cataluña en la lucha por la educación en el País Valenciano, sobre todo con toda esta violencia policial que hemos visto en redes, pero también a la propuesta de huelga indefinida y a la negativa de no corregir las pruebas de la selectividad. Creo que realmente se tendría que hacer algo más contundente como es el que está pasando con los compañeros y las compañeras de València. La negativa a corregir determinadas cosas que sean importantes para la vida estudiantil. A mí me hace daño porque son mis alumnos y les quiero y les he preparado durante todo un año, pero creo que, si realmente queremos que algo tambalee, tiene que pasar por algo que se haga eco. ¿Con que se puede hacer eco? Con una selectividad, con la corrección de unas pruebas que estás diciendo quién pasa y quienes no pasa en la Universidad. Que todo esto se atrasara sería un punto de partida muy bueno para la negociación. Por otro lado, evidentemente, la erosión de todo esto y la conseguir algo pasa, sobre todo, por estas huelgas, por estos días de movilización de toda esta sociedad civil, de todos estos tejidos que conforman la educación.