El pasado jueves 26 de marzo el periódico Público publicó una carta escrita por algunas delegadas y afiliadas de la Federación de Educación de Comisiones Obreras en la que expresan su malestar a raíz de la decisión de la dirección de su sindicato de firmar un acuerdo insuficiente con el Departamento de Educación en medio de un ciclo de movilizaciones históricas del sector educativo.
Por: Corrent Roig Educació
Sin poner en entredicho que hay miles de afiliadas y delegadas sindicales de CCOO que son luchadoras honestas, la triste realidad es que la cúpula dirigente de la organización hace mucho de tiempo que dejó de estar al servicio de la clase trabajadora y sus intereses para erigirse como garantes de la paz social. Son ejemplos la firma de la última reforma laboral, los acuerdos y convenios firmados a espaldas de la clase trabajadora o la negativa, desde hace casi quince años, a convocar una huelga general, cuando motivos tenemos de sobra.
La carta abre un debate imprescindible sobre qué sindicalismo necesitamos para luchar. Nosotros/as, como las autoras, estamos con la huelga educativa, con la comunidad educativa y con la clase trabajadora y sus luchas. Reproducimos, a continuación, la carta, e invitamos a las compañeras a continuar este debate, profundizar un balance más amplio sobre el papel de CCOO y a continuar la disputa por un sindicalismo combativo:
Las delegadas sindicales y afiliadas de la Federación de Educación de CCOO que firmamos este artículo nos dirigimos a la dirección desde el respecto a la organización y, a la vez, desde un profundo desacuerdo con las decisiones tomadas en el marco de las movilizaciones de la comunidad educativa. Lo hacemos porque el momento exige claridad, valentía y, sobre todo, una rectificación contundente.
Las movilizaciones que han recorrido el país estas semanas no son un episodio más, son una de las oleadas de protesta más importantes de los últimos años. Han nacido de la base, de centros desbordados, de plantillas exhaustas y de una comunidad que ya no puede asumir más precariedad ni improvisación. Este ciclo ha pivotado sobre cuatro esos clavos: la unidad sindical, la organización de las plantillas, la integración de todas las voces —docentes, PAE, TEI, monitoras, etc.— tanto de la pública como de la concertada, y la defensa de la educación como pilar de la sociedad. Los datos confirman que no somos ante un conflicto minoritario, el seguimiento de la huelga del pasado viernes fue del 85%, con 100.000 personas a la manifestación de Barcelona. Lejos de deshincharse después de la firma del acuerdo, el conflicto ha crecido día a día, sumando territorios y apoyos sociales.
Es precisamente aquí donde nuestra organización ha fallado. La firma del acuerdo con el Gobierno, en pleno auge de la movilización, ha roto la unidad de acción. El problema fundamental no es solo el contenido del que se ha firmado, sino el «cómo» y el «cuándo»: se ha hecho sin agotar el ciclo negociador y sin un mandato claro de las plantillas. La dirección afirma que el acuerdo tiene el aval de la afiliación, pero la dirección solo ha publicado el porcentaje de apoyo en el acuerdo entre las personas que respondieron la encuesta, pero no sabemos qué porcentaje representa respecto a la afiliación de la federación. En cualquier caso, no basta con consultas internas: hay que organizar asambleas abiertas en los centros. Mientras tanto, el resto de sindicatos han impulsado una encuesta masiva con más de 42.000 respuestas y un 95% de rechazo en el acuerdo. Este dato expresa un desencaje profundo entre la cúpula de CCOO y el sector educativo.
En contraste, otras fuerzas sindicales han mantenido la apuesta por la movilización sostenida y la consulta amplia. Además, la voluntad de construir bastante colectiva y de vincular la lucha educativa con un horizonte de transformación social es, a nuestro entender, una lectura acertada del momento histórico. En efecto, ante el crecimiento de la extrema derecha y la regresión social, el sindicalismo no puede actuar como amortiguador del conflicto o gestor de las «migajas». Necesitamos organizar la clase trabajadora, movilizarla y ofrecer horizontes de futuro que confronten la deriva reaccionaria, puesto que el mejor antídoto contra los discursos de odio y el populismo ultraderechista es ser capaces de impugnar las raíces sociales de la desigualdad y la explotación. Esto implica presionar los gobiernos 一también los que se reclaman progresistas一 y estirar sus posiciones. En pleno debate presupuestario, la firma del acuerdo ha sido un balón de oxígeno para el Gobierno que desmoviliza y debilita nuestra capacidad de negociación futura.
Ahora bien, también hay que decir claramente que un error de la dirección no invalida el trabajo de miles de delegadas y afiliadas de base, que somos herederas de la tradición de lucha que ha conquistado derechos los últimos cincuenta años. La deriva actual de la dirección no nos representa porque prioriza la integración institucional y confunde «estabilidad» con sumisión, en un error estratégico que renuncia a la bastante real de la clase trabajadora. Estamos convencidas que necesitamos un sindicalismo nacional y de clase, arraigado a la realidad y capaz de volver a la base. Tenemos que reconstruir la confianza desde bajo y trabajar de forma unitaria. Esta carta es un llamamiento a recuperar aquello que nos define: la capacidad de movilizar y hacer temblar los fundamentos del poder cuando se vulneran nuestros derechos.
Defender la educación pública hoy es enfrentarse a la ofensiva neoliberal. La huelga educativa puede ser el catalizador de un ciclo que conecte los centros educativos con los barrios, los mercados, los centros de salud o el transporte público. Pero, para hacerlo posible, hacen falta direcciones que acompañen la confluencia de las luchas, no que las frenen.
Preguntamos a la dirección de CCOO que rectifique, que escuche las plantillas y que impulse asambleas reales. Queremos una organización que vuelva a situar la movilización en el centro. Todavía estamos, pero hay que elegir. Nosotros lo tenemos claro: con la huelga educativa, con la comunidad movilizada y con la clase trabajadora.
Firmantes:
• Nora Sánchez Oussedik, profesora de la Facultad de Educación y delegada al Comité de Empresa de la Universitat de Barcelona
• Joan Francesc Simó Calvet, profesor y delegado en la escuela FEP Virgen María de Montserrat FP
• David Rodríguez Albert, profesor y delegado al Comité de Empresa del Colegio Sant Josep Obrero
• Lucía Aliagas Picazo, formadora de alumnado y docentes de secundaria y excoordinadora nacional de Acción Joven – Jóvenes de CCOO
• Daniel Moyano Rey, profesor en el Instituto de Industria Sostenible de Barcelona
• Carlota Sánchez García, profesora al CFPI Instituto de Logística de Barcelona
• Emili Boronat Rosselló, profesor al INS Llobregat
• Joan Ratera Garcia, informador cultural, guía educativo y delegado en Anoia Patrimonio
• Àlex Sasplugas y Vives, informador cultural y guía educativo en Anoia Patrimonio

