Es cierto que las imágenes de la Guardia Civil entrando en ministerios y sedes del PSOE son muy graves, por dos motivos, uno, por la sensación de corrupción generalizada que dan, dos, porque es la Guardia Civil, la institución que el 23F entró en el Parlamento a punta de pistola. Ahora pareciera más legal puesto que en vez de armas de fuego llevan “autos” y “requerimientos”. Pero, recordemos lo que dijo el filosofo griego, “la política es la guerra con palabras”, y cuando estas toman la apariencia de resoluciones judiciales o bulos periodísticos son casi de “armas de destrucción masiva”.
Por: Eusebio Lopez. Galiza
Por eso, resulta patético la miopía y el localismo enfermizo de los medios de comunicación progresistas, cuando abren todos sus noticiarios con las “escuchas” que personajes como Koldo, Villarejo y demás tienen en su poder, sin señalar la previa, la consigna del ínclito Aznar/el de las Azores, “el que pueda hacer, que haga”.
El localismo se pone de manifiesto, no porque se hable de la corrupción como elemento de la crisis del régimen del 78, sino en que se habla como si no tuviera nada que ver con la situación social global del capitalismo; se habla de ella como si fuera ajena a la crisis que atraviesa el mundo, a las tendencias belicistas y a la resolución de los conflictos por la fuerza, militar si es preciso que convierte en papel mojado los pactos entre estados y clases sociales (Declaración de la ONU, constituciones estatales, etc.).
En los matices es donde se esconde el diablo
Es obvio que las diferencias vienen dadas no porque el PSOE no sea un partido burgués e imperialista con corrupción interna, que lo es, sino por la relación que los partidos tienen con sus bases sociales y el mismo aparato del Estado, que en el caso del PSOE agrava las consecuencias para la población trabajadora al generar desmoralización.
El PP es el heredero de la “vieja” Alianza Popular donde se agruparon los “7 magníficos”, ex ministros de Franco que con Fraga a la cabeza constituyeron el “bunker” en la Transición frente a la UCD de Suárez, “reformista”. Una vez que ésta cumplió su papel, integrar en el nuevo régimen a la oposición democrática al franquismo, el PCE y el PSOE, la tiraron a la basura y construyeron el PP como la “marca” política de un aparato del estado que seguía siendo el mismo, con el Poder Judicial, el Ejército y el Rey como columna vertebral.
El PSOE, con el PCE, se integraron de lleno en el régimen siendo éste la víctima propiciatoria de esta integración. El PSOE por su parte con el abandono de toda referencia a su pasado marxista (Congreso de Suresnes y dimisión de González si no se rompía con ese pasado) se transformó en un partido burgués, en la pata progresista del régimen y en la referencia electoral de amplios sectores de la clase obrera.
Sin embargo, para el franquismo sociológico que constituye la base del PP y de VOX no dejan de ser “advenedizos” en un estado que consideran, y lo es, suyo, como están demostrando las “huelgas” de los jueces y fiscales ante la reforma de la carrera judicial que pretende el gobierno.
Si a ello le unimos la humillación que supuso la derrota de M. Rajoy cuando fue desalojado por la movilización social tras el 15 M, las Marchas de la Dignidad, el movimiento de mujeres y de los pensionistas, que se manifestó en la moción de censura que lo expulsó del gobierno, se comienza a entender ese odio tan salvaje por el “sanchismo”, que no es otra cosa que el último recordatorio del poder de la movilización social.
Esto solo no bastaría para este odio, hay otras dos razones, una, de lo más prosaico, y la otra geopolítica.
Comencemos por la “prosaica”
La UE acordó la agenda 2030 contra el cambio climático, que suponía la inversión en todo su territorio de 800.000 millones de euros para entrar en la “economía verde”. Al Estado español le correspondían 150.000 millones, que es casi el 10% del PIB. Pues bien, el partido que controla el reparto de esta ingente cantidad de euros no es el PP, sino el PSOE y sus aliados, la burguesía vasca, catalana y la pequeña burguesía gallega, además de los «bolivarianos/comunistas» de PODEMOS y ahora de SUMAR.
¡Hasta aquí podíamos llegar!, pensaron desde las cloacas del capital castizo instalado en Madrid, con Florentino Pérez y el palco del Bernabéu. Pase que se pacte con la burguesía vasca, ya lo hicieron en muchas ocasiones; pase que se haga con la catalana, sobre todo después de la derrota del “procés” del 2017, hasta Aznar llegó a hablar “catalán en la intimidad”; pero que los desarrapados herederos del 15M, PODEMOS, y los “comunistas” de IU, SUMAR, tengan más control sobre los Presupuestos y los 150.000 millones es inaceptable. Sánchez es el culpable de esta situación, pues les ha abierto las puertas.
Es el viejo clasismo de la sociedad española, hipócrita hasta la médula. Mientras son encorbatados como ellos, como pueden ser los del PNV o incluso, los de Junts, se puede hablar; pero con representantes de sectores populares que pueden entrar en el Parlamento con camisetas y rastas, no hay nada que hablar. ¡No tienen el menor respeto por la instituciones!, gritó Abascal desde la tribuna parlamentaria.
La razón geopolítica
Esta es la que los medios españoles, que tienen a Madrid como el ombligo del mundo, ocultan de manera sistemática, aislando la crisis del Régimen del 78 de la situación política mundial.
Un ejemplo, imaginemos que el PPVOX echan del gobierno al PSOE SUMAR y Feijoo se convierte en presidente del gobierno, con Abascal de vice; alguien cree que nada cambiaría en la política exterior, cuando ambos son “trumpistas” acérrimos. Cuando ambos se han declarado pro sionistas abiertos y su base social jalea los bombardeos sobre Gaza o Irán, cosa que no sucede con la base del gobierno de coalición. ¡Trump, Rutte y von der Leyen aplaudirían un cambio de este tipo en el gobierno español!
Cierto es que la política del gobierno de coalición es hipócrita, puesto que con una mano dice defender al pueblo palestino reconociendo de boquilla un estado palestino, mientras con la otra sigue manteniendo relaciones de todo tipo con Israel. Pero como digo más arriba, “en los matices se esconde el diablo”.
Ahora mismo, por ejemplo, con la imposición que desde la OTAN quieren del aumento del presupuesto de guerra al 5% del PIB. Alguien duda que el PP VOX la aplicarían sin discusión, como hizo el gobierno de Rajoy tras la crisis del 2007/8 y los famosos “viernes, decreto” por la que nos impusieron los planes de la UE. El gobierno de coalición está de acuerdo en el rearme, pero discute que sea necesario el 5%, con el 2 les llegaría.
En el fondo, la crisis del Régimen
Cuando se dice que el actual Régimen es heredero del franquismo no solo se hacer referencia a las instituciones centrales (judicatura, Ejército, Monarquía), sino a la misma estructura económica del capitalismo español.
Esta estructura se construyó a partir del Plan de Estabilización de los años 50 del siglo pasado, cuando el capitalismo español se “modernizó” para integrarse plenamente en la división internacional de trabajo. Dejó de ser un estado fundamentalmente rural, para ser industrial y urbano.
Forzados por el papel secundario del imperialismo español en esa división, las patas sobre las que se llevó a cabo esta “modernización” fueron tres: una, el turismo, “Spain is different”; dos, la construcción de infraestructuras (pantanos antes, Alta Velocidad ahora) y de la vivienda qué decir, si hay todo un subgénero cinematográfico sobre el tema (El Pisito, El Verdugo, etc.); tres, la inversión extranjera, en aquel momento estadounidense (Bienvenido Ms Marshall) y en menor medida, europeo, y ahora, chino.
Estos tres sectores fueron fuente de corrupción institucional y precariedad. El turismo se basa en unas condiciones de trabajo lamentables, y las concesiones de obras, recalificaciones y entrada de capital extranjero, ahora bajo la forma de Fondos de Inversión, se apoyan en la búsqueda de las mejores “condiciones” administrativas para desarrollarse.
El Régimen actual heredó este trípode y sus consecuencias de corrupción que afecta al conjunto del sistema, como se puede ver en los Santos Cerdán/Ábalos; unas consecuencias que en el partido que ha heredado el control del aparato del Estado, el PPVOX constituyen parte de su ADN, como lo es el nacional catolicismo, la sumisión al poder estadounidense tal y como hizo el dictador cuando pactó las bases militares o el centralismo alrededor del “palco del Bernabéu” y el Madrid del “capital castizo”.
El golpe de estado hoy
En el imaginario colectivo “golpe de estado” se asocia a tanques en la calle, represión masiva y abolición total de los derechos políticos, pero esto no es tan así.
El mundo burgués ha conocido decenas de golpes de estado y no hay dos iguales, ni por su metodología ni por sus consecuencias.
Tres casos emblemáticos en los años 30 de golpes de Estado fascistas; uno, los nazis en Alemania llegaron al gobierno por vía electoral, previo una verdadera guerra civil con las SA atacando sistemáticamente los barrios obreros alemanes, y solo tras un atentado “bajo bandera ajena”, el incendio del Reichstag, desataron la represión masiva; dos, el golpe en Italia por Mussolini se produjo tras la Marcha Sobre Roma en 1922, pero durante un tiempo había representación parlamentaria, el PC fue ilegalizado en 1925; tres, el golpe de Franco, que fracasó en un inicio, el 19 de julio la autoorganización obrera y popular lo frenó en las zonas centrales (Madrid, Catalunya, Euskadi, Asturias,…) y solo triunfó tras una devastadora Guerra Civil.
Los EEUU a lo largo de la Guerra Fría fomentaron decenas de golpes militares que, a diferencia de los golpes fascistas de los años 30, no contaban con una base social de masas; sino con el financiamento y apoyo del imperialismo norteamericano hasta el punto de que no habría triunfado sin ese respaldo. Los más conocidos de estos golpes son los de Pinochet en Chile y Videla en Argentina.
En los 80, a raíz de la caída de las dictaduras europeas, Portugal, España y Grecia, y de las latinoamericanas, junto con la desaparición del Régimen del apartheid en Sudáfrica, el capitalismo “descubrió” que la dictadura y la represión pura y simple como método de dominación tenía un límite cuando los pueblos perdían el miedo: se podía abrir una crisis revolucionaria que cuestionaba no sólo el Régimen, sino al propio sistema capitalista. Portugal fue el fenómeno más avanzado de esta deriva revolucionaria.
Se impuso la política de “contrarrevolución/reacción” democrática que necesitaba del acuerdo con las organizaciones de la clase obrera y los pueblos; sin el pacto social esta política sería imposible de legitimar ante los pueblos. Así, con la crisis y colapso de los Estados del “socialismo realmente existente” y la consiguiente restauración del capitalismo, se le abrieron las puertas a esos acuerdos.
El ejemplo para todos ellos fueron los pactos de la Transición española entre el PCE, el PSOE y el aparato del estado franquista. A cambio de libertades democráticas y derecho al voto, estas organizaciones llevaban a la clase obrera y los pueblos la renuncia a cualquier veleidad revolucionaria. Era un trueque, “derecho al voto por renuncia a la revolución”
Este mecanismo se apoyaba en el fin de la Historia, la “muerte del socialismo” y la desaparición de la clase obrera como sujeto social, para sí, de la transformación. Como el vacío no existe, este espacio fue ocupado por los movimientos sociales de los sectores oprimidos en lucha contra las consecuencias de la opresión capitalista, pero que, al no cuestionar las relaciones sociales de producción sobre las que se sostiene, eran integrables en esa política de “reacción democrática”, así fuera de manera formal e hipócrita.
Pero “la serie de desdichas de los hermanos Baudelaire” que han sido para el capitalismo imperialista la crisis del 2007/8, la Pandemia, la ruptura de los circuitos de distribución y la decadencia más que manifiesta del hegemon del mundo desde 1945, los EEUU, están obligando al capitalismo a renunciar, así sea parcialmente, la política de “contrarrevolución/reacción democrática” por una de más mano dura.
No obstante, 40 años de “democraterismo” no se acaba de un plumazo, las poblaciones han asumido el derecho al voto y las libertades como propias y hoy por hoy el mundo no admitiría ver tanques y represión masiva en las calles de las ciudades. Por eso, deben hacerlo de otra forma, y para ello cuentan con instrumentos muy poderosos que van desde el control casi absoluto de los medios de comunicación, el poder judicial y el aparato del estado. Sobre estas patas se construyen verdaderos golpes de estado “blandos”.
Qué política frente al golpe blando
El gobierno PSOE SUMAR, como consecuencia que es de un ascenso de las luchas que comenzó el 15 M, se desarrolló con las Marchas de la Dignidad y el proces catalán, y culminó con la caída del gobierno de M. Rajoy tras las masivas luchas de las mujeres y las pensionistas, tuvo que hacer algunas concesiones a los movimientos sociales que se pueden sintetizar en la consigna: “el escudo social” respecto a los trabajadores y trabajadoras, leyes favorables a los sectores oprimidos (con todas las limitaciones, la ley “si es si”, etc.) y medidas para mantener el poder adquisitivo de los pensionistas; entre otras.
Son, eso, concesiones muy limitadas que como dice el refrán, “hecha la ley, hecha la trampa”; porque el objetivo del gobierno PSOE, primero con Podemos, y después con Sumar, no era transformar nada, sino desactivar la fuerza social del 15M y las luchas posteriores integrando en el régimen un movimiento que había nacido con dos ejes: “le llaman democracia y no lo es”, y “no nos representan”. ¡Y eso, lo han logrado!. La desmovilización social y la desmoralización que genera, es la que abre la puerta la extrema derecha.
Cuando Aznar lanza la consigna golpista de que “el que pueda hacer, que haga”, no se quieren limitar a quitar a Sánchez para ponerse ellos, sino para ir a un gobierno de “gran coalición” PSOE, sin un Sánchez que ha pactado con “terroristas”, “independentistas” y “comunistas bolivarianos”, y el PP que destruya las pocas conquistas que este gobierno ha aprobado en forma de concesiones.
Por eso, es de una miopía reaccionaria el mensaje que amplios sectores del activismo y la izquierda asumen, el PP y este PSOE son iguales. ¡No!. Hasta en las relaciones de parentesco los “matices” son centrales, son primos hermanos, no gemelos, que es distinto.
El gobierno PSOE-Sumar es un gobierno burgués incapaz de defender ni sus propias leyes coherentemente ante la andanada golpista, y por su carácter es parte del problema no de la solución. Para avanzar hay que defender lo conquistado; sino es un eterno recomenzar que es a lo que conduce la teoría de los partidos “gemelos”.
Esto no significa apoyar ni de lejos el gobierno PSOE SUMAR, sino las conquistas logradas estos años. Es un gobierno que no solo no ha derogado ni una sola de las leyes claves de los gobiernos anteriores, como la Ley Mordaza, las Reformas Laborales, la Ley 15/97 para las privatizaciones, etc., también se mantiene como un leal gobierno del Régimen y de los organismos imperialistas, por lo que solo merece su derrocamiento.
Sin embargo, surge una pregunta, ¿cómo enfrentarlo sin abrirle la puerta a la extrema derecha y su política golpista?
Frente a las partidos y organizaciones que lo apoyan, o que lo critican por la izquierda como Podemos, no podemos esperar pasivamente a unas elecciones que, gane el que gane, va a significar un retroceso. ¡Ya está bien de la teoría del “mal menor”!. No debemos escoger entre un retroceso de 80 años ni uno de 40. Para derrotar al primero es necesario enfrentar a los que desmovilizan, estén en el gobierno o no; hay que movilizar a la población en defensa de las libertades políticas y los derechos sociales construyendo una alternativa que se apoye en la lucha de la clase obrera y los sectores oprimidos.
Como de últimas, el problema no es que gobierne Sánchez o Feijóo, sino un régimen que lleva la corrupción en su ADN, profundamente reaccionario y antiobrero, la gran tarea es organizar un potente movimiento social por la ruptura con el Régimen del 78, por una Asamblea Constituyente que comience a construir el estado sobre otras bases.
Pero no caigamos en el localismo que denunciamos al comienzo, la crisis del régimen español es parte de la crisis del sistema capitalista que, en su deriva militarista hacia una guerra de grandes proporciones, pone a la humanidad ante la disyuntiva más actual que nunca: socialismo o barbarie. El Estado español es parte de los organismos internacionales que apuntalan esa tendencia (OTAN, UE), romper con ellos es la gran tarea que la clase obrera y los pueblos tienen para lucha por la transformación socialista de la sociedad.

