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Editorial Contrainforme #2 | La huelga general debe ser la chispa de un nuevo ciclo de lucha, gobierne quien gobierne

Desde la convocatoria de huelga general anunciada la semana pasada, se han puesto en marcha centenares de comités de huelga en todas las ciudades, trabajando para que la convocatoria de huelga general del 11N sea todo un éxito. Esta situación, sin embargo, no es exclusiva del Estado español: la rabia, principalmente de la juventud trabajadora, se expande como un incendio por las ciudades y calles de Europa, en contra del futuro que nos está robando la burguesía en todas partes. En Francia, contra los recortes y la precariedad en la educación; en Portugal, siguiendo la estela del Estado español, también acampan por la vivienda; en Albania, se rebelan contra el proyecto de turistificación de la mano del yerno de Trump; en Italia nace «La guerra dei ragazzini», contra el coste de la vida, y Bélgica amenaza con la huelga general el mes que viene, sumándose a las convocatorias ya confirmadas de Italia, Francia y el Estado español.

¿Qué nos jugamos la clase trabajadora en los próximos meses?

Nos encontramos en una situación de ataques constantes a la clase trabajadora en toda Europa, y esto no es casualidad: la burguesía europea no está siendo capaz de competir con los grandes imperialismos y, para hacerlo, necesita atacar las condiciones de vida. Por eso, gobierne quien gobierne, se prevén nuevos ataques a nuestra clase.

La construcción de esta huelga está atravesada por la convocatoria de elecciones, y dependiendo del gobierno que salga, los ataques serán distintos. La repetición de un gobierno «progresista» dará continuidad al proceso de empobrecimiento de la clase y enriquecimiento de la burguesía, con una cara amable, con pactos con las burguesías nacionales y con los sindicatos mayoritarios, y con ataques maquillados. La entrada de la derecha supondría una ofensiva contra las condiciones de vida, contra las oprimidas y contra las libertades democráticas, y un aumento de la represión sin diálogo ni medias tintas.

Ahora bien, el grado de los ataques y el éxito del nuevo gobierno a la hora de imponerlos dependerá directamente de la respuesta de la clase trabajadora. Se está abriendo un nuevo ciclo de lucha en toda Europa, que puede servir para cambiar la correlación de fuerzas a favor de la juventud y la clase trabajadora siguiendo el camino de las movilizaciones, las acampadas y las huelgas. Hoy en día, un sector de nuestra clase, encabezado por la juventud, está a la ofensiva y la burguesía intentará revertirlo, ya sea reconduciendo las movilizaciones hacia las elecciones o utilizando la represión. La reacción ya se está expresando en los toques de queda en Francia o en la aprobación de detenciones preventivas de menores en Italia.

La única garantía que tenemos la clase trabajadora de asegurar nuestras libertades democráticas (como la lengua, la identidad de género o los derechos de las mujeres sobre su propio cuerpo), así como el techo, los salarios y las pensiones y, en definitiva, de conquistar cualquier derecho, es nuestra propia fuerza de clase, con independencia y autoorganización.

Por eso la convocatoria de huelga general del próximo 11-N supone una oportunidad única en esta dirección. Un paso adelante que construya la fuerza de la clase trabajadora y nos haga capaces de enfrentar los ataques que puedan venir, gobierne quien gobierne, y de profundizar la ofensiva para recuperar todo lo que nos han arrebatado.

La realidad, sin embargo, es que el conjunto de la clase no está entrando en bloque en estas movilizaciones junto con la juventud. Nos encontramos con una distancia muy grande entre el sector organizado y movilizado para el 11-N y el resto de trabajadoras. Por eso, es momento de ponernos a trabajar para expandir la huelga general todo lo posible, empezando por integrar a todo el sector que ha estado en lucha los últimos meses en la construcción de esta huelga. Debemos crear comités en cada barrio, llegar al máximo posible de centros de trabajo y de estudio, hacer una gran agitación en los barrios y ciudades, y llegar al 11 colectivamente.

El éxito de esta huelga no solo dependerá de cuántas personas paren el día 11. Después de 14 años sin una huelga general, tenemos la oportunidad de que una nueva generación aprenda a construirla, luchando contra la concepción de la huelga como decisión individual y contra las convocatorias sin construcción ni organización democrática en las estructuras de base, como son los lugares de trabajo y de estudio.

La huelga será un éxito si conseguimos salir de ella reforzadas, siendo más y más organizadas. Si perduran los organismos de frente único que se están creando, y se fortalecen los sindicatos y las asambleas en los barrios, centros de trabajo y de estudio. Será un éxito si la clase trabajadora avanzamos en la comprensión de que nuestra fuerza es fuerza cuando es colectiva y de que, independientemente de la nacionalidad, el género o la lengua, tenemos intereses comunes y nuestro futuro depende de que aparezcamos con voz propia e independencia para enfrentar a la burguesía y a sus representantes.

Una campaña electoral que ya ha empezado

Con el horizonte electoral del 29-N, los partidos del régimen ya han comenzado su campaña electoral. La pregunta “¿a quién hay que votar?” se repite de manera constante, evidenciando que hay sectores de la clase que ven estas próximas elecciones con desencanto. Sabemos que un nuevo gobierno progresista no solucionará nada, pero no queremos un gobierno PP-VOX, que representa directamente a los aparatos represivos de herencia franquista y que caminará hacia un régimen cada vez más represivo y violento contra el conjunto de la clase trabajadora, poniendo en peligro nuestras libertades democráticas.

La máxima expresión de esta contradicción es que en las elecciones de 2023 la campaña ya fue «que no llegue Vox al gobierno» y, tres años después, el partido de ultraderecha no se ha debilitado sino todo lo contrario: gobierna en la mayoría de las CCAA y las encuestas apuntan a una victoria contundente, mientras siguen ganando influencia ideológica y expandiendo el racismo y la LGTBIfobia (entre otros). Por eso, el problema que enfrentamos hoy va mucho más allá de la cuestión del voto.

De hecho, gran parte de este crecimiento es responsabilidad directa del PSOE-SUMAR-UP. Llevamos 20 años de crisis del capitalismo, empobrecimiento sin freno de la clase trabajadora y profundización de la crisis ecológica. La desmovilización que ha protagonizado el gobierno con el discurso de ser el gobierno más progresista de la historia y de no tener que luchar contra ellos y sus ataques ha sembrado el campo para la reacción. Por eso, el problema que enfrentamos hoy va mucho más allá del problema del voto. Hoy en día, disputar la conciencia contra VOX y el PP requiere una oposición frontal al gobierno progresista desde las organizaciones independientes de la clase trabajadora. Si no, es imposible explicar que la crisis no la solucionará la derecha, que solo se puede hacer enfrentando los intereses de ricos y empresarios, que defienden tanto la derecha como la izquierda institucional. Que llevamos 8 años siendo engañados, pero VOX y PP son los representantes más violentos de la burguesía. Que cuando aparecen como los «antisistema», es expresión de la parte más reaccionaria del régimen; que lo mismo que anuncian contra las migrantes lo harán contra «las autóctonas» el día que se rebelen ante los ataques que anuncian contra las pensiones o el derecho a las bajas laborales. Que lo que realmente necesitamos es una alternativa política de la clase trabajadora que luche por una sociedad nueva dentro de un nuevo sistema económico.


También en este número

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La vivienda en el capital español: ¿Cuál es la salida para la clase trabajadora?


ACCIÓN

¡Construyamos la huelga general desde abajo!

Una parte muy importante de la clase trabajadora se ha puesto al frente de la lucha en defensa de la vivienda y los salarios. Es necesario arrastrar a la gran mayoría de la clase para que la huelga sea un éxito.

Tenemos que llenar de trabajadores los comités de huelga de los barrios y las ciudades, participar i impulsar asambleas en los centros de trabajo y estudio.

Es necesario que estas semanas previas a la huelga hagamos un fuerte trabajo de agitación, piquetear los polígonos, las salidas de metro y llenar los barrios de pancartas y carteles, explicando las demandas de la huelga y la necesidad de hacerla.

Necesitamos trasladar el impulso de la juventud a las fábricas y centros de trabajo e impulsar, como en Francia, la unidad obreroestudiantil, organizar piqueteadas, asambleas, actos, mítines conjuntos entre estudiantes y trabajadores.

Quiero organizar la huelga en mi curro, ¿Qué hago?

La fuerza de la huelga está en la organización colectiva que sea capaz de parar el funcionamiento de la economía. Por ello tenemos que luchar para que esta huelga no sea simplemente una decisión individual, sino una decisión votada democráticamente en los centros de trabajo y estudio. Esta es la forma avanzar en que la clase trabajadora se unifique como una sola clase y actúe conjuntamente tomando conciencia de que organizados tenemos el control de la sociedad.

Si es posible, discute con tus compañeros de trabajo para acordar hacer la huelga juntos y si es posible organizar asambleas para discutir y votar la huelga.

Si no hay condiciones para hacer huelga todo un día, ¡no desesperes!, hay muchas maneras de participar: podemos hacer un paro parcial (el tiempo lo decidís vosotras), impulsar un comunicado de apoyo a la lucha por la vivienda y los salarios, colgar una pancarta, ir en bloque a la manifestación…

Si necesitas asesoramiento, no dudes en ponerte en contacto con tu sindicato (o afíliate si no lo estás).

¿Y después de la huelga?

Esta huelga es tan solo un primer paso hacia un nuevo ciclo de luchas que nos garantice lo que es nuestro y nos ponga en mejores condiciones para arrancar nuevos derechos, gobierne quien gobierne. Organízate, hay mucho camino por recorrer y todo por ganar.

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