Claves para escalar el conflicto con el Departamento de Educación y el Gobierno Illa
La semana de huelgas sectoriales en el sector educativo, con un seguimiento cifrado en más del 70% en todos los territorios convocados y cortes de carreteras que han paralizado buena parte del país, ha culminado en una gran huelga general educativa el viernes 20 de marzo que ha agrupado a maestros/as y docentes de la pública, trabajadoras 0-3, personal laboral, personal de administración y servicios y trabajadoras del ocio educativo. La movilización, que ha sido multitudinaria y ha confluido con la huelga de médicos y médicas, ha arrancado desde varios puntos de Barcelona donde las columnas han confluido en Tetuán y se han dirigido hacia el Parlamento donde se tenía que celebrar el debate de presupuestos que, finalmente, el Gobierno anuló. Más de 100.000 maestros/as, docentes y personal educativo nos hemos movilizado para dejar patente el masivo rechazo al acuerdo entre la burocracia sindical de Comisiones Obreras y UGT y el Departamento de Educación, que se cocinó de espaldas a las trabajadoras, se ha firmado sin consulta y tenía como objetivo restablecer la paz social, desmantelando las estructuras de autoorganización que han ido surgiendo los últimos meses en los centros educativos.
Por: Maestros/as y docentes de Corrent Roig
Lejos de obstaculizar la movilización y unidad de las trabajadoras de la educación pública, el acuerdo CCOO-UGT-Departamento no ha hecho más que fortalecerla. Las huelgas y movilizaciones de esta semana, las más masivas desde las grandes huelgas del año 1988, han cerrado un ciclo, marcado por el rechazo al acuerdo de la vergüenza, y abren, necesariamente, uno nuevo. Los y las trabajadoras de la educación pública hemos demostrado al Departamento de Educación y al Gobierno Illa que tenemos una correlación de fuerzas que nos permite seguir defendiendo la tabla reivindicativa que nos hizo comenzar el ciclo de movilizaciones, pero, para ganar, necesitamos escalar el conflicto.
Convertir la educación pública en un problema social
El malestar acumulado después de años de maltrato por parte del Departamento de Educación descansa en base a unas condiciones laborales que han ido empeorando año tras año, sumadas a los recortes a los servicios públicos que han gestado una crisis educativa de la cual todos los gobiernos de la Generalitat, los de Junts, Esquerra y el actual gobierno Illa del PSC, han sido responsables.
Las medidas con las que contentarnos, por lo tanto, no se pueden limitar a aumentos irrisorios del salario, pues no luchamos por cuatro céntimos más en nuestras nóminas. La educación pública necesita cambios estructurales en el ámbito de la inclusión, las ratios, la burocracia y los recursos, lo cual se traduce en un aumento urgente del gasto público en educación, sin el cual no se puede defender una escuela pública verdaderamente de calidad.
Obligar, por lo tanto, al Departamento de Educación a asumir las demandas del colectivo pasa por trasladar la batalla sindical al terreno político. Es necesario que la lucha que venimos librando los últimos meses se salga de las cuatro paredes de las escuelas e institutos y busque alianzas, no solo con la comunidad educativa sino con el conjunto de la sociedad. Podemos empezar esta difícil tarea trasladando las asambleas de maestras y profesoras a las plazas de los municipios, invitando el alumnado y sus familias y haciéndolos partícipes de nuestras demandas y de nuestra hoja de ruta. Solo tejiendo la más amplia solidaridad de clase y convirtiendo nuestras reivindicaciones en un problema social y político podremos vencer.
Sin embargo, es esencial extraer lecciones de cómo hemos llegado hasta aquí. A pesar de que en discursos y campañas electorales muchos partidos políticos agitan la defensa de los servicios públicos, la realidad demuestra que los/las trabajadores/se no podemos delegar en la izquierda reformista ni la burocracia sindical la lucha por nuestros derechos laborales y necesidades sociales. Hemos necesitado una huelga histórica para abrir camino a la posibilidad de forzar al gobierno a aceptar unas mejoras que son mínimas con relación a la crisis estructural educativa.
¿Y ahora qué?
El pasado sábado 21 de marzo se celebró en el Instituto-Escuela Antaviana de Nou Barris la segunda Asamblea Docente de Cataluña, que reunió un centenar de trabajadoras del ámbito educativo de las provincias de Barcelona y Girona y representantes de USTEC·STEs, CGT y La Intersindical. Dicho encuentro sirvió para seguir reforzando la estructura asamblearia que ha nacido del ciclo de movilizaciones y se empezó a discutir cómo dotarla de representatividad. Igualmente, se pusieron en debate varias propuestas de continuidad que ahora tienen que ser discutidas a las asambleas de centro, municipales y comarcales para volver a retomarlas en la próxima asamblea, convocada el 18 de abril. Si una cosa es clara es que el sentir general de la asamblea era la necesidad de dar continuidad al conflicto radicalizando las acciones.
En nuestra opinión, la continuidad tiene que combinar el trabajo en los centros educativos y municipios con propuestas que se dirijan a socializar la lucha hacia el resto de la sociedad. Allá donde todavía no se haya llevado a cabo, hay que convocar claustros extraordinarios para suspender colectivamente todas aquellas tareas que las trabajadoras de la educación hace años que hacemos de forma gratuita, como las salidas y colonias con pernoctación o la tutorización de estudiantes de máster en prácticas. Otras acciones que podemos hacer para visibilizar el malestar docente es parar las graduaciones, jornadas de puertas abiertas y fiestas de final de curso, que suelen celebrarse fuera del horario lectivo, o la suspensión de la participación en programas y formaciones del Departamento de Educación. Estas acciones son una excelente medida de presión hacia el Departamento y un ataque en el corazón de la privatización encubierta de la escuela pública, pues ponen en su punto de mira toda una serie de empresas privadas que han hecho del negocio de la educación su modo de lucro, como Fundesplai, Pere Tarrés o la Fundación Bofill. Es importante que acompañemos todas estas medidas de un trabajo pedagógico hacia el alumnado y sus familias: no son medidas contra ellos/ellas sino renuncias que hacemos colectivamente para dignificar la escuela pública y poder ofrecer una educación de calidad.
Al mismo tiempo, estas medidas tomarán fuerza en tanto seamos capaces de extenderlas centro a centro, municipio a municipio. Las trabajadoras de la educación somos un sector muy disperso y no nos queda otra que reforzar los encuentros municipales y comarcales, que ayuden a socializar las medidas aprobadas en cada claustro y a llevar a cabo medidas en el ámbito municipal, como concentraciones, mociones en los plenos de los diferentes Ayuntamientos o cortes de carretera.
Por último, pero no menos importante, debemos prepararnos para las próximas jornadas de huelga, que los sindicatos tendrán que convocar necesariamente en abril. Una propuesta que puede ayudar a escalar la radicalidad de las nuevas jornadas puede ser la de acabar las movilizaciones acampando ante el Parlamento u ocupando las sedes de los diferentes Servicios Territoriales en cada comarca. Lo que está claro es que la propuesta de huelga indefinida, que empieza a resonar en algunos centros educativos, no será posible si las asambleas no dan un paso más en la autoorganización y empiezan a plantearse medidas antirrepresivas, al tiempo que preparan las cajas de resistencia, organizando rifas solidarias con la lucha docente y llamando a las puertas de todos los sindicatos, secciones sindicales, universidades y, en definitiva, toda organización social, política o sindical.
Hacia una huelga general de las trabajadoras públicas de Cataluña
Debemos tener claro que ganar esta lucha pasa por poner al Gobierno Illa entre la espada y la pared, obligándolo a asumir las demandas de las trabajadoras públicas. Y esto solo será posible si la lucha educativa pasa a ser una lucha social abierta contra el PSC y sus socios de gobierno.
Apelar a otros sectores de la sociedad a apoyar nuestra lucha exige construir la solidaridad de clase con otras trabajadoras que también luchan en defensa de unos servicios públicos y de calidad, como las trabajadoras del sector social, que protagonizaron una huelga el pasado 5 de marzo o los médicos y las médicas, que tienen un calendario de huelgas y movilizaciones hasta junio. A la vez, hay otros sectores que, con otro grado de organización y movilización, mantienen una tabla reivindicativa, como los y las bomberas o las trabajadoras de limpieza y de atención domiciliaria, que enfrentan constantemente intentos de privatización y degradación de las condiciones laborales. Por último, hay colectivos que hacen una tarea imprescindible en la defensa del sistema público, como la Marea Pensionista, que hace años que defiende el sistema público de pensiones, o el Movimiento por la vivienda, que lucha, entre otras reivindicaciones, por un parque público de vivienda y está preparando nuevas movilizaciones.
Es con todos estos sectores que los/las maestros, docentes y personal educativo tenemos que dar continuidad a la lucha, pues la nuestra no es una lucha aislada de la sociedad sino que, al contrario, forma parte de una lucha superior en defensa de unos servicios públicos y de calidad, que forman parte del salario indirecto de todos/se los/las trabajadores/se y son una conquista de la clase obrera que hay que defender con uñas y dientes.
Empezar a construir las condiciones que permitan convocar una gran huelga general de todas las trabajadoras públicas nos obliga, en primer lugar, a confluir en nuestras movilizaciones. Estudiantes, bomberos/se y sanitarios/se y sus organizaciones y secciones sindicales se han solidarizado con nosotros y han participado a nuestras movilizaciones. Un primer paso es devolver este gesto apoyando sus demandas, con comunicados de solidaridad de las asambleas docentes y delegaciones que participen a sus movilizaciones. En segundo lugar, hay que empezar a coordinar las diferentes luchas, no solo participando en las mismas movilizaciones sino organizando la hoja de ruta en común. Una forma de incentivar la coordinación seria que el sindicalismo alternativo convocara un día de parada de tres horas a todos los servicios públicos para organizar concentraciones y asambleas en cada municipio donde participaran trabajadoras de diferentes servicios públicos.
De la lucha sindical al debate estratégico Ganar esta lucha no solo es posible, sino que es necesario, pues permitiría afianzar la conciencia de la clase trabajadora (que se encuentra mayoritariamente desorganizada, desmovilizada y profundamente agrietada por los ataques de la patronal y los gobiernos) en que es posible ganar los conflictos que inicia. Sin embargo, debemos tener claro que la lucha por una educación pública, plenamente gratuita y verdaderamente de calidad no se acaba aquí. Los últimos años nos hemos tenido que tragar el control burocrático de los centros educativos con la ley de autonomía de centros; la privatización encubierta de la educación, la financiación en la escuela concertada o la división de las trabajadoras en diferentes categorías con condiciones laborales diferentes, entre otros.
La gran conquista de estos meses, como ya hemos dicho otras veces, es la estructura organizativa de las trabajadoras, que ha conseguido desbordar la burocracia sindical y la lógica de los aparatos. Es así como se construye la unidad para luchar, más allá de las siglas a las que cada cual represente. El reto que tenemos es que la autoorganización no muera por el camino y que las maestras, docentes y trabajadoras educativas que han organizado sus centros y sus asambleas se consoliden como activistas y luchadoras. Esta es la primera garantía para enfrentar los próximos embates que el Departamento de Educación y el Gobierno, sea cual sea el color, a buen seguro, cargarán sobre nuestros hombros.
Los y las trabajadoras de la educación pública de Cataluña hemos empezado proceso de autoorganización y lucha más importante desde la transición. Quienes, además de maestros/as, docentes o personal educativo, formamos parte de Corrent Roig, estamos convencidas que para conseguir que la educación pública sea verdaderamente universal, gratuita y de calidad, nos tenemos que organizar políticamente. Entendemos que la causa de la destrucción de la educación pública, independientemente de quien gobierne, está arraigada al sistema capitalista, y que toda la izquierda reformista, a pesar de los discursos y la buena voluntad, en última instancia, gobierna reproduciendo esta lógica y defendiendo los intereses de los/las propietarios/se y amos del mundo. Se evidencia, pues, que ninguna fuerza política con representación parlamentaria, defiende la necesidad de expropiar las escuelas privadas y concertadas y absorberlas en la red pública, así como las empresas que se lucran con la actividad pedagógica y docente, para ponerlas bajo control de los/las trabajadores/se. Ante las crisis económicas o las guerras, estos gobiernos siempre escogerán recortar los servicios públicos y el gasto social antes de que confiscar las ganancias millonarias de la IBEX para garantizarlos. Así pues, solo a partir de la planificación democrática de la economía será posible garantizar, a largo plazo, una educación pública, gratuita y universal. Es por eso, que luchamos para poder ser una palanca en la construcción de la unidad y solidaridad entre todo el movimiento obrero, a la vez que defendemos un camino estratégico, anticapitalista y revolucionario. Porque solo con la gran mayoría de trabajadores/as, en lucha unidos/as y coordinados/as, defendiendo un programa socialista, tendremos las condiciones para luchar por la transformación social que tanto nos falta. Y confiamos que en esta tarea nos acompañarán muchos/as de los/las docentes y maestras con quienes hoy compartimos asamblea.
Este artículo se publicó originalmente el 31 de marzo de 2026 en www.correntroig.org

