Home Europa Occidental y UE Italia: potencialidades y límites de este nuevo otoño de luchas

Italia: potencialidades y límites de este nuevo otoño de luchas

A un año de distancia del otoño más caliente que Italia ha visto en los últimos cincuenta años —tal que hizo ganar a las masas populares en lucha, con mérito, el título de vanguardias europeas en la lucha de solidaridad con el pueblo palestino y su heroica y ejemplar Resistencia—, hoy asistimos a las manifestaciones multitudinarias que en estos días llenan las principales metrópolis francesas, españolas y de otros Estados europeos. ¿Y en Italia? La situación se está encendiendo también aquí. El sábado 10 de octubre las calles de las principales ciudades italianas fueron recorridas por concurridas marchas por Palestina. El viernes 16 de octubre fue el turno de las huelgas estudiantiles con marchas, y ya son decenas los institutos ocupados en muchas ciudades: como siempre, son los jóvenes de la generación Gaza quienes nos indican el camino. También el 16 de octubre salieron a la calle los jóvenes que luchan contra el desastre climático. Los obreros de Ilva están en huelga y movilización tanto en Tarento como en Génova (mientras escribimos está en curso la ocupación del aeropuerto de Génova). En el Sur del país los estantes de los supermercados están vacíos por la protesta de los transportistas y los agricultores. La tradicional manifestación otoñal de la CGIL en Roma ha visto salir a la calle, en Roma, a decenas de miles de trabajadoras y trabajadores. Lo que une todas estas reivindicaciones es la oposición a un sistema que hace imposible la supervivencia: carestía de la vida, inflación, desastre climático, guerras, desempleo.

Por: Diego Bossi

En estos últimos días hemos asistido también a protestas de jóvenes y jovencísimos que han desembocado en enfrentamientos con la policía y acciones de expropiación en las tiendas: se trata de protestas convocadas en las redes sociales, sin una orientación política precisa (el gobierno está aprovechándolo para endurecer aún más la represión).

Todavía estamos lejos de las grandes manifestaciones de masas en Europa o de las movilizaciones del otoño pasado, pero todo esto nos dice que también aquí existen las potencialidades para relanzar una gran huelga general que pueda bloquear el país y, esta vez, echar al gobierno Meloni.

De dónde partíamos el otoño pasado

«Hagamos como en Italia»: este era el lema de los compañeros de más allá de los Alpes el otoño pasado, cuando autopistas, estaciones y puertos eran invadidos por marchas de decenas de miles de personas en una densa sucesión de manifestaciones por Palestina. En la receta de aquel apogeo de la lucha de clases estaban la indignación popular por el infame genocidio sionista en la Franja de Gaza; el impulso emocional de la Global Sumud Flotilla, que trató de violar el bloqueo (ilegítimo incluso para el derecho burgués) de las FDI en aguas internacionales con el fin de llevar ayuda humanitaria a la población gazatí; el efecto contagio global, cuando el apoyo a la heroica Resistencia del pueblo palestino había llenado las plazas de todo el mundo; pero, sobre todo, estaba el ingrediente más importante: la unidad de acción, lograda arrinconando a los dirigentes sindicales y políticos, habitualmente empeñados en fragmentar y debilitar las luchas.
Fue así el 22 de septiembre de 2025, cuando el fallido intento de boicot de la burocracia de la CGIL, que había proclamado una huelguecita de 4 horas tres días antes, no empañó el éxito de la huelga general unitaria de todos los sindicatos de base, que ese día sacaron a las masas a la calle.

Fue así el 3 de octubre de 2025, cuando la presión de tantos activistas y afiliados de la CGIL obligó al sindicato más grande de Italia a proclamar la huelga general junto con los sindicatos de base: la mayor huelga de los últimos 40 años, un país entero paralizado.

Fue así el 4 de octubre, día de la manifestación nacional por Palestina: un millón de personas invadió la capital. Imágenes impresionantes.
«Hagamos como en Italia», gritaba el mundo que miraba hacia nuestras latitudes; a pesar de quienes teorizan la ineptitud del proletariado italiano, ignorando una historia gloriosa de luchas obreras. No un error de análisis de buena fe, sino una narración falsa, interesada y consciente de quienes quieren diluir las responsabilidades de las direcciones políticas y sindicales en una supuesta marea de masas flojas y estancadas. Una coartada para la traición de clase, sostenida por un vil descargo de responsabilidades.

Los bomberos en acción

Las huelgas y las movilizaciones del otoño del 25 arrinconaron a las fuerzas del orden burgués que, en diversas ocasiones, resultaron impotentes ante la magnitud de las masas: la burguesía probó el amargo trago de la pérdida del control y de su poder de contención social; lo mismo vale para las direcciones sindicales, que no tienen ningún interés en llevar el conflicto social a sus consecuencias naturales y, a lo sumo, quieren usarlo para canjear privilegios con el Estado burgués dentro del capitalismo. Aflojar las cadenas de los tobillos del proletariado sin romperlas.

No por casualidad, en lugar de cabalgar la ola de aquella gigantesca movilización que hizo papel mojado de las leyes antihuelga y arrinconó a los aparatos de represión, el otoño de 2025 terminó bajo el signo de la fragmentación y el debilitamiento de las luchas: dos huelgas separadas el 28 de noviembre y el 12 de diciembre.

Llegando a este año, tras la copiosa derrota en el referéndum del gobierno Meloni, tanto los partidos de falsa oposición burguesa como la dirección de la CGIL no movieron un dedo para rematar y mandar a casa al gobierno. Tuvimos que esperar a mayo (¡dos meses después!) para tener dos huelgas «generales» separadas entre sí (18 y 29 de mayo), proclamadas por distintos sindicatos de base, de hecho contrapuestas.

Otoño de 2026

Las direcciones sindicales, en el otoño de este año, en Italia, en lugar de intentar unificar las reivindicaciones para que la movilización en curso se traduzca en una gran acción de lucha contra el gobierno, hacen todo lo posible por fragmentar y debilitar a la clase trabajadora.
Los trabajadores se encuentran ante la perspectiva de tres huelgas llamadas «generales» separadas, repetimos: ¡separadas! Porque si fueran tres huelgas unitarias dentro de un recorrido creciente de las luchas, estaríamos encantados.

Así, el calendario de las movilizaciones es el siguiente: 30 de octubre, convocada por USI, a la que se ha sumado la convocatoria de USB, donde se movilizarán también los trabajadores portuarios además de los de diversas categorías federadas en la CUB, entre ellas químicos, goma y plástico, escuela, sanidad, universidad y metalúrgicos; 20 de noviembre, huelga general de la CGIL con movilización estudiantil y manifestaciones territoriales (¡no vaya a ser que se concentre demasiada gente y moleste al gobierno!); por último, la huelga prenavideña del 4 de diciembre, convocada en septiembre por CUB, SGB, SI Cobas y otros. Una fecha tardía que no tiene en cuenta ni las movilizaciones europeas ni las propias movilizaciones estudiantiles en Italia.

Un panorama desalentador: ante los ataques patronales, gubernamentales e imperialistas se perfila una respuesta sindical fragmentada y tardía, de la que ha surgido el llamamiento del Frente de Lucha No Austerity a relanzar de inmediato una gran huelga general unitaria.

¿Qué hacer?

Los intereses de clase generales de los trabajadores imponen a los sindicatos unir las luchas, organizando movilizaciones unitarias para hacer más eficaces las huelgas que, recordemos, a las trabajadoras y los trabajadores, a diferencia de los burócratas oportunistas al frente de los sindicatos, les cuestan parte de su ya exiguo salario. Por no hablar de cientos, si no miles de centros de trabajo donde están presentes varias siglas sindicales que hacen huelga en fechas distintas: ¿con quién deben hacer huelga los trabajadores? ¿Cuántas huelgas (pequeñas e ineficaces) deben hacer?

Hoy más que nunca, en el plano sindical, es necesario hacer dos cosas importantes: 1) organizar la base en comités, colectivos y coordinadoras desvinculados de las direcciones burocráticas de los sindicatos; 2) dar la batalla interna en los sindicatos, exigir que sean los trabajadores activos y las vanguardias quienes los dirijan sobre la base de sus intereses de clase, contra todo impulso sectario y autorreferencial que se agote en sí mismo.

Pero el plano sindical no basta: ninguna conquista en el capitalismo está a salvo, los patrones en cuanto puedan se lo quitarán todo con intereses.

Hace falta una dirección revolucionaria que intervenga en las muchas luchas que ya están en curso: las luchas de resistencia de los pueblos agredidos por los imperialismos, las luchas estudiantiles y por el derecho a la vivienda que estamos viendo estos días en Francia y España, las movilizaciones estudiantiles en curso en Italia, las protestas de los agricultores, etc.

Por eso estamos comprometidos en la construcción de una internacional revolucionaria, la LIT-Cuarta Internacional, que, interviniendo en las luchas cotidianas, las oriente hacia el socialismo, liberando a la humanidad de las cadenas del beneficio.

Alternativa Comunista estará al lado de los trabajadores en huelga, independientemente de la sigla que convoque, haciendo un llamamiento a la construcción unitaria de las huelgas generales, en unidad de acción con los estudiantes y con los sectores de pequeña burguesía empobrecida (como los agricultores). A la burocratización de los sindicatos respondemos con la democracia obrera, para que sean los trabajadores y los estudiantes que se movilizan quienes tomen las decisiones que les afectan.

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