Se cumplen 80 años de la fundación de la Cuarta Internacional, una organización revolucionaria mundial que, en palabras del propio Trotsky representó “el trabajo más importante de mi vida; más que el de 1917, el de la guerra civil, o cualquier otro”.

 

¿Por qué Trotsky opinó que la construcción Cuarta Internacional, una organización pequeña con cerca de 6.000 militantes, era la principal tarea de su vida?

Porque la contrarrevolución estalinista estaba destruyendo la herencia de la Revolución Rusa y de la III  Internacional y era imprescindible construir al menos el embrión de un partido mundial que conservara esa tradición revolucionaria, y  asumiera la nueva tarea: la revolución política para derrocar a la camarilla burocrática de Stalin y recuperar el Estado obrero soviético como punta de lanza de la revolución mundial. Entonces, si bien la tarea era defensiva (mantener el legado del marxismo), al mismo tiempo debía servir para formar y preparar nuevas generaciones de revolucionarios para los enfrentamientos futuros.

Trotsky decía: “Si nuestra Internacional es todavía numéricamente débil, es fuerte por su doctrina, por su tradición, y el temple incomparable de sus cuadros dirigentes. Que esto no se vea hoy, no tiene mayor importancia. Mañana será más evidente”[1]

La IV se fundó en condiciones terribles. A la contrarrevolución se le sumaba el nazi-fascismo, que estaba en ascenso en Europa. En ese contexto, Trotsky –que ni siquiera pudo participar personalmente de la Conferencia fundacional– y sus partidarios fueron brutalmente calumniados y perseguidos. Muchos de ellos, incluido el propio Trotsky, acabaron siendo asesinados por el estalinismo y/o el fascismo.

De la muerte de Trotsky a la LIT-CI

Con la muerte de Trotsky, la IV Internacional recibió un golpe brutal y se abrió una larga crisis. La dirección de Pablo y Mandel, presionados por el gran prestigio del estalinismo tras la derrota del nazi-fascismo, capitularon al punto de orientar la disolución de los partidos trotskistas en los aparatos estalinistas y traicionaron la revolución obrera de Bolivia en 1952, al negarse a exigir que la COB tomara el poder y al otorgarle apoyo crítico al gobierno burgués del MNR.

 

En 1953, la mayoría de los trotskistas, entre ellos Nahuel Moreno, rompió con el pablismo-mandelismo. A partir de ese momento se inicia un proceso de rupturas y fusiones que no lograron impedir la desintegración de la IV Internacional.

Nahuel Moreno impulsó una gran batalla por la reconstrucción de la IV Internacional.

Con ese objetivo, en 1964 ingresa en el Secretariado Unificado (SU) dirigido por Mandel.

Pero la dirección de Mandel había heredado del pablismo el mismo análisis impresionista y la misma política de capitulación a las “modas” de la vanguardia. Moreno organiza primero la Tendencia y luego la Fracción Bolchevique (FB) para combatir las sucesivas capitulaciones de la mayoría mandelista: a la vanguardia estudiantil surgida del Mayo de 1968, al guerrillerismo guevarista y, finalmente, a la democracia burguesa por medio de concesiones al eurocomunismo.

La FB rompe con el SU en 1979, luego que su dirección prohibiera construir partidos trotskistas en Cuba y Nicaragua, al tiempo que se negó a defender a la Brigada Simón Bolívar, que después de combatir en la guerra contra Somoza, es expulsada por el sandinismo y parte de sus miembros son apresados y torturados en Panamá.

Así, luego de un fracasado intento de fusión internacional con la corriente de Pierre Lambert, en 1982 se fundó la LIT-CI con las fuerzas de la FB y sectores latinoamericanos salidos del lambertismo.

Desde su propia fundación la LIT-CI asumió la estrategia de reconstruir la IV Internacional.

¿Cómo y con quiénes reconstruir la Cuarta?

La reconstrucción del partido de la revolución socialista mundial, es imprescindible. Sin él, no existe posibilidad de tomar el poder y comenzar la construcción del socialismo mundial.

Debemos reconstruir la Cuarta con el mismo método que se fundó: a partir de profundos acuerdos programáticos, metodológicos y morales, que se deben ir expresando en acuerdos prácticos con los que responder a los principales hechos de la lucha de clases mundial.

En ese marco, no podemos encarar esa tarea con aquellos que, si bien se reivindican trotskistas, abandonan el programa, el método y la moral de la Cuarta y de la Tercera  dirigida por Lenin.

Seguimos opinando, como decía Trotsky, que nuestro programa se sintetiza en tres palabras: Dictadura del Proletariado. Por eso, no podemos encarar la tarea de reconstrucción con el actual SU, que se transformó en una organización reformista que sacó la dictadura del proletariado de su programa,  participó de gobiernos burgueses como el de Lula, pasó a impulsar los llamados “partidos amplios” y  apoya a todo tipo de exponentes del reformismo, como PODEMOS o Syriza.

Tampoco es posible hacerlo con organizaciones como el PTS-FT. Esta organización, que hace algunos años posaba de “ultraizquierdista”, está operando un claro giro oportunista y parlamentarista. Las primeras señales de esta mutación se expresaron en su rechazo a apoyar las revoluciones en el mundo árabe contra dictaduras proimperialistas como Gadafi o Assad. Posteriormente, con el auge electoral del FIT en Argentina, el PTS pasó a priorizar cada vez más las elecciones y el juego parlamentario burgués. En Brasil, su grupo satélite, el MRT, vive clamando por entrar al PSOL (un partido reformista), además de haberse sumado a la campaña en defensa de Dilma y Lula, del PT, con el argumento de “combatir el golpe”. Y algo similar ´podemos decir del PO-FIT de Argentina.

Por otro lado, sí nos proponemos encarar esa tarea de reconstrucción con las nuevas generaciones de luchadores obreros y populares que están surgiendo de las luchas,  con los que buscaremos llegar a esos acuerdos programáticos, metodológicos y morales, independientemente de cuál sea su origen político.

Por eso decimos que la reconstrucción de la Cuarta  nos es una tarea restricta sólo a los trotskistas.

Al mismo no estamos de acuerdo con esos llamados  que se hacen, de tanto en tanto,  a “conferencias para reconstruir la Cuarta”, que terminan siendo más eventos de propaganda del partido que las convoca, que un espacio real de discusión programática. No. La reconstrucción de la Cuarta no vendrá de rimbombantes eventos de fines de semana. Vendrá de un proceso de unificación basado en una rigurosa y sólida discusión programática y teórica, testada en el terreno concreto de la lucha de clases.

La LIT-CI, a 80 años de su fundación, reafirma su disposición de aportar en esta gran tarea, la más importante de todas: la reconstrucción de la Cuarta Internacional como partido mundial revolucionario, obrero, internacionalista, y democráticamente centralizado.

Notas:

[1] TROTSKY, León. Programa de Transición.