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Tras controlar la pandemia, Europa en plena segunda ola ¿Cómo llegamos aquí?

«Italia es modelo de control del virus en Europa»

Sánchez asegura que la pandemia de coronavirus está «controlada» en España y anima a «salir y perder el miedo».

La pandemia está «controlada» en Francia, según el Consejo Científico

Estos son algunos de los muchos titulares aparecidos en distintos medios de prensa desde junio, con los que se pretendía justificar que, uno tras otro, los distintos gobiernos europeos en aras de preservar los beneficios capitalistas, decidieron levantar una cuarentena que fue parcial y tardía.

La Covid 19 azota Europa…

Tras haber vivido una verdadera catástrofe sanitaria y humanitaria, la pandemia vuelve a avanzar por Europa en los últimos días, a un ritmo vertiginoso. Una segunda ola que golpea otra vez con fuerza en todo el continente, pese a la diferencia que existe entre países, en lo que hace al número de contagios y muertes.

A ella se está enfrentando, como puede, un personal sanitario exhausto física y emocionalmente. Recortado por las bajas; sobrecargado por las nuevas tareas impuestas y obligado a atender no sólo los contagios, sino también a todos aquellos pacientes en lista de espera, cuya atención quedó paralizada por la emergencia sanitaria de la primera ola.

Y los gobiernos europeos corren detrás de ella.

Tras el eslogan de «la nueva normalidad», los distintos gobiernos de Europa comenzaron una apertura cada vez mayor de las actividades económicas, sin haber derrotado nunca la pandemia como ahora se está demostrando. Asistimos desde entonces a un lento, pero constante, ascenso en el número de muertes y contagios y con ello de ingresos hospitalarios y de camas UCIS, ocupadas por pacientes Covid. Y los mismos gobiernos que llevaron semanas intentando convencernos de que la situación era grave, pero no tanto como en primavera, corren ahora detrás de la pandemia, adoptando nuevas y distintas medidas por días. Saben que nos enfrentamos al riesgo real de que esta segunda ola sea igual o peor. Con las mismas plantillas insuficientes en la salud pública, pero más agotadas. Y una vez más, sin los recursos necesarios para afrontarla.

En el Estado Español, que con semanas de antelación respecto a otros países, estuvo a la cabeza de los rebrotes y el número de contagios, el gobierno aprobó un Estado de Alarma y un toque de queda nocturno, como paraguas jurídico para que cada Comunidad Autónoma aplique distintas medidas que en esencia son las mismas que están aplicando en el resto de Europa: además de las cuarentenas parciales en caso de contagio, restricciones a las reuniones sociales y a la movilidad, cierre total o parcial o limitación de horarios en bares y restaurantes y confinamientos perimetrales en base a la incidencia de contagios que en algunos casos como la Comunidad de Madrid, terminan convirtiéndose en confinamientos clasistas y racistas que afectan sobre todo a los barrios obreros, más golpeados por la pandemia.

En su intento de «no perjudicar a la economía», algunos de estos gobiernos, como el de Ayuso en la Comunidad de Madrid, llegan a la ocurrencia absurda de aprobar confinamientos «por días», que no respetan ni el período de incubación del virus, que es de una semana.

Francia, en máxima alerta por atentado terrorista, lo que ha supuesto un despliegue aún mayor de militares y policías en la calle, fue el primero en volver al Estado de Alarma e instaurar el toque de queda, aunque con ello no ha conseguido frenar la curva. Macrón admitió que a este ritmo a mediados de Noviembre, los pacientes Covid llenarán las UCIS y anunció que abrirá ahora 4.000 camas más en Diciembre.

Italia está en Estado de Excepción y varias regiones como Lombardía o Campania, ordenaron toques de queda. Tanto Italia como España siguen teniendo un número de camas UCI muy insuficiente e igualmente esta emergencia sanitaria reveló la falta crónica de personal de enfermería que padecen todos los países del sur de Europa.

Reino Unido, donde en la primera ola fueron constantes las denuncias del personal sanitario por no contar con suficientes equipos de protección, tiene una media de 10,5 camas UCIS por 100.00 habitantes, por lo que también suspende en este terreno. El gobierno decidió que vuelve al confinamiento de marzo durante cuatro semanas, aunque los centros educativos seguirán abiertos.

Portugal que se encuentra en estado de calamidad -el nivel máximo de alerta sin aprobación parlamentaria- desde el pasado 15 de octubre, ha decidido que confinará al 70 % de su población a partir del 4 de noviembre. Pero de momento tampoco cerrará escuelas, comercios ni tampoco restaurantes.

Alemania igualmente, bate récords diarios de contagios y el gobierno se ha limitado a reducir al máximo la vida pública. Y aunque el país tiene el triple de camas UCIS que el Estado Español, al igual que en sus países vecinos, falta personal especialista, lo que es uno de los principales problemas ante el aumento de ingresos.

Las cifras de infecciones y de hospitalizaciones se disparan esta vez también en los países nórdicos y en países como Polonia y República Checa, también en estado de excepción o Bélgica, que está en semiconfinamiento y que llegó a tener la incidencia más alta de Europa. También Austria decretó el toque de queda. Y lo mismo hará Grecia, donde la región de Atenas concentra más de la mitad de los contagios y cuyas unidades de cuidados intensivos están ya ocupadas en dos terceras partes por pacientes de la Covid 19. El Gobierno decretó el cierre de actividades culturales y el uso obligatorio de mascarilla en espacios abiertos con aglomeraciones. Rusia por su parte, sigue siendo el cuarto país del mundo con más casos de la Covid 19 desde el comienzo de la pandemia.

Una gestión cada vez más represiva en la que ni frenan al virus, ni protegen a la clase trabajadora y el pueblo

En definitiva, aunque todos los gobiernos de Europa se vieron obligados a dedicar más recursos a la salud y en comparación a la primera ola, se hacen muchos más test, todos ellos volvieron a retomar como medida fundamental el «aislamiento social». Para ello imponen normas y protocolos a medias e insuficientes, cuando no incoherentes y absurdos, que se sostienen en en el papel pero no en la vida real y que no garantizan ninguna seguridad. Ni en las fábricas ni en las escuelas o en los transportes; y que terminan por desconcertar y confundir a la población y provocar el rechazo de ésta.

Así, se limitan las reuniones sociales y de ocio, pero no para los más ricos. Se restringe la movilidad pero l@s trabajador@s tenemos que seguir viajando apiñados en metros, trenes o autobuses, camino del trabajo. Se cierran los parques en muchos sitios, pero las aulas están llenas de niños y niñas sin guardar las mínimas distancias de seguridad. Y podríamos seguir dando ejemplos.

Todo esto convenientemente adobado y adornado de discursos grandilocuentes pero vacíos de contenido, que apelan a la «conciencia colectiva» y en los que hipócritamente se responsabiliza a la población del aumento de los contagios. Se militarizan las calles para obligarnos a cumplir con las restricciones, multando a quien no lo haga y encima se nos amenaza con «medidas más duras» si los contagios no bajan.

Una gestión militarizada y represiva de la pandemia, con la que intentan convencernos de que el recorte de nuestros derechos y libertades es el precio a pagar y casi la única medida efectiva para contener el virus. Con el argumento correcto de que necesitamos contener éste, el endurecimiento de los regímenes políticos, les viene de perlas para reprimir cualquier protesta social.

Junto a ello, y gracias a la complicidad necesaria de las direcciones sindicales, siguen los despidos, los EREs o las rebajas de salarios, vía ERTES. Siguen los desahucios que dejan familias enteras en la calle.

Y mientras la clase trabajadora ve cada vez más oscura y larga la salida al túnel en que nos ha metido esta crisis, sigue también el rescate con dinero público a las grandes empresas que año tras año se embolsan beneficios astronómicos. Ayudas millonarias que contrastan con las escasas y miserables medidas sociales, casi de caridad, aprobadas por los gobiernos para atender a la clase trabajadora y el pueblo más pobre.

Algunas lecciones a extraer

La segunda ola del Covid 19 ya está aquí y eso no lo podemos evitar. Pero la clase trabajadora sí debemos extraer de ella, algunas lecciones que son fundamentales.

La primera es evidente: esta pandemia hizo y continúa haciendo tantos estragos, porque desde la década de los noventa todos los países de Europa, en mayor o menor grado, recortaron y privatizaron la salud pública. En ese contexto, las cuarentenas parciales impuestas por los gobiernos, aun siendo una medida básica y necesaria que la humanidad viene aplicando desde la Edad Media para intentar controlar a los distintos virus que a lo largo de la historia han atacado, se rebelaron como insuficientes.

A esto hay que añadir que incluso donde las restricciones son más duras, millones de trabajador@s seguimos obligados a ir a trabajar (tanto en actividades esenciales como en las que no lo son). Nunca hubo controles serios sobre las medidas de protección y seguridad que deben ofrecer las empresas, pese a las numerosas luchas y huelgas que se dieron por este motivo, por ejemplo, en Italia. Y que para quienes no tienen casa, viven en condiciones insalubres o están en la economía sumergida, son además muy difíciles de cumplir.

Es por ello que en verano, después que el virus nos diese apenas un respiro, la conclusión lógica fue que era necesario reforzar y blindar en adelante la sanidad y la salud pública, muy desgastada además tras la pandemia, dotándola de rastreadores, más personal sanitario de todo tipo, más recursos, más respiradores, más camas UCIS, etc, etc… No sólo para contener una segunda ola que era previsible mientras el virus estuviese circulando por el mundo, sino para prevenir futuras pandemias.

Nada de esto se ha hecho más allá de algunas medidas puntuales, pese a las advertencias y las quejas de l@s sanitari@s, que no querían ser considerados «héroes», sino tener más recursos, salarios dignos y jornadas laborales humanas.

Es verdad que ahora tenemos mejor conocimiento científico del virus y de los tratamientos. Pero esta segunda ola evidencia además de los fallos en las desescaladas, la ausencia de las medidas estructurales que era necesario tomar, aunque en muchos lugares como Francia, Italia o España, trabajadores del sector sanitario se movilizaron o hicieron huelga para ello.

La realidad es que en ningún lugar del mundo, ni siquiera en los países más avanzados, existen hospitales públicos suficientes y menos aún las camas y las unidades de cuidados intensivos necesarias para afrontar esta pandemia. Y peor aún, en todos ellos la sanidad se convirtió en un negocio, sólo al alcance de unos pocos, como estamos viendo ahora en la carrera frenética por encontrar la vacuna. Es por esto que ni aún en los peores momentos de la pandemia ni en esta segunda ola, los gobiernos europeos se planteen siquiera, expropiar la sanidad privada.

Queda claro que tanto a nuestros gobiernos como a quienes hacen negocio con nuestra salud les importan menos nuestras vidas que los beneficios capitalistas. Y la cruda verdad es que la pandemia seguirá sin estar controlada mientras los intereses de las grandes potencias imperialistas de Europa y de todo el mundo, sigan estando por encima de la salud. Y esto ocurre aunque paradójicamente, en pleno siglo XXI, la humanidad alcanzó avances científicos y técnicos impensables en otras épocas, con los que sería posible controlar mucho mejor que antes esta pandemia. Pero como decía Marx, los intereses del capitalismo se contraponen a los intereses del conjunto de la sociedad y por eso ésta no puede aprovechar los avances de la ciencia.

La segunda lección que se deduce de la primera, es que la famosa disyuntiva con la que constantemente nos martillearon y nos obligaron a elegir entre salud y economía, es sencillamente falsa.

Primero porque cuando la pandemia vuelve a estar descontrolada, las medidas restrictivas que se ven obligados a tomar, terminan afectando seriamente a la economía. Pero sobre todo, porque somos la clase trabajadora y el pueblo quienes con sus medidas insuficientes, no sólo ponemos los muert@s y el mayor número de contagiad@s, sino que también estamos pagando la factura de la recesión económica mundial que la Covid 19 acentuó. Esto los capitalistas y los gobiernos a su servicio lo tienen claro desde el principio y por eso han optado por defender prioritariamente sus negocios a costa de la vida de millones y millones de personas, aunque muchos estén defendiendo esta política con el hipócrita discurso de “defender la salud”.

Nuestro programa

Hay trabajador@s que piensan que pese a la gravedad de la situación, no es el momento de movilizarse. Por el riesgo a los contagios o porque no quieren aparecer vinculados a negacionistas o a la derecha que se rebela contra los toques de queda y aquellas medidas que coartan «su» libertad individual y afectan a sus negocios. Pero esa resignación significa condenarnos a la precariedad, a la explotación y a la epidemia. Para rescatar a la clase trabajadora y combatir de manera efectiva ésta, no queda otra que la movilización y la lucha, aún tomando todas las precauciones que sean necesarias.

La primera medida necesaria y urgente que necesitamos es el bloqueo de toda la producción que no sea de primera necesidad y el cierre de las escuelas y de todas las actividades no vitales. Necesitamos un plan de inversiones multimillonario en salud pública. La intervención inmediata de la sanidad privada y los laboratorios privados, para aumentar el número de camas y equipos sanitarios disponibles y poder realizar los test de PCR necesarios y a tiempo para monitorear y rastrear el virus de forma eficaz. Inversión en servicios sociales para atender a la población más vulnerable y un programa de protección económica y social para los sectores doblemente oprimidos como las mujeres. Medidas que garanticen cuarentenas reales: no podemos permitir que haya un desahucio más ni una sola persona sin techo, mientras dure esta emergencia sanitaria. Necesitamos salarios garantizados para tod@s l@s trabajador@s y un ingreso de emergencia digno para quienes no tienen los medios para vivir. Refuerzo en Educación con personal sanitario, más profesorado y personal de limpieza y espacios para una educación segura y de calidad para tod@s.

Y para que todo esto sea posible, no hay otro camino que expropiar, sin indemnización y bajo control de l@s trabajador@s, las grandes empresas, comenzando por aquellas que producen y distribuyen alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad. Es necesario expropiar los grandes capitales, poniendo los recursos a disposición de la sociedad.

Todas estas medidas que hay que intentar arrancar a los gobiernos capitalistas, no estarán sin embargo garantizadas, sin un gobierno de l@s trabajador@s que las imponga. Un gobierno que sólo podrá surgir si la clase trabajadora se organiza para derrocar este sistema social, el capitalismo, que se ha demostrado no es capaz siguiera de garantizar la supervivencia de las masas a las que explota y oprime. Para luchar por este gobierno, desde las secciones de la LIT en Europa, te invitamos a construir con nosotras y nosotros un partido revolucionario internacional, necesario para evitar la barbarie capitalista y construir una sociedad diferente, libre de explotación y de opresión.

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