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Una candidatura revolucionaria y socialista en el corazón de Estados Unidos

Opinião Socialista conversó con Rosa Pepper-Macias, una joven militante de la Voz de los Trabajadores (Workers’ Voice, sección de la Liga Internacional de los Trabajadores, la LIT, en EE. UU.), candidata al Senado por Connecticut en las elecciones de medio mandato (midterms), que abarcan la Cámara de Representantes (lo que sería nuestra Cámara de Diputados), además de un tercio del Senado.

Redacción Opinião Socialista 16/10/26

Con un programa revolucionario y socialista, Rosa explica la necesidad de fortalecer la organización independiente de los trabajadores contra Trump y la extrema derecha, superando al Partido Demócrata y sus corrientes supuestamente radicales.

Rosa, ¿por qué te has presentado como candidata, a qué cargo, por qué partido y cuáles son los principales puntos de tu programa?

Soy cocinera, transgénero, tengo 23 años y trabajo en un hotel en New Haven, Connecticut. Soy candidata al Senado estatal de Connecticut por el Distrito 11. Connecticut ocupa el segundo lugar entre todos los estados del país en desigualdad de ingresos.

Esta es una de las muchas razones por las que me presento por la Voz de los Trabajadores, con una plataforma que exige: comités de defensa de los trabajadores para frenar la campaña de terror del ICE; el fin de las guerras y de las agresiones imperialistas de Estados Unidos; control obrero sobre la producción para combatir el cambio climático; una jornada laboral más corta, sin reducción salarial; reparaciones integrales y autodeterminación para la población negra, los puertorriqueños y todas las comunidades indígenas y colonizadas; el fin de las agresiones contra las personas trans y todas las personas LGBTQIA+; anticonceptivos, servicios de aborto, cuidado infantil y atención a las personas mayores gratuitos, públicos y ofrecidos según la demanda; apoyo económico y social integral a las personas con discapacidad; la construcción de un partido clasista que una a toda la clase trabajadora y a las personas oprimidas en la lucha contra los capitalistas; la expropiación pública de las empresas de la lista Fortune 1000 —incluidos bancos, empresas del sector energético, de transporte y logística, grandes cadenas minoristas e industrias manufactureras— bajo control democrático de los trabajadores; y un gobierno de los trabajadores y una economía planificada: ¡por el socialismo!

Para nosotros, hoy en día, el Partido Demócrata ha sido sistemáticamente la cara «de izquierda» de los capitalistas. Es el órgano que, igual que el bazo, absorbe todo aquello que amenaza al sistema en su conjunto, para filtrar y eliminar esas amenazas.

Al igual que los héroes supervivientes de la lucha por los derechos civiles de la década de 1960, que vivieron lo suficiente para verse convertidos en el establishment de los años 2000, personas como Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib y Zohran Mamdani verán, más o menos lentamente, cómo su retórica radical y sus posiciones socialdemócratas son filtradas, destruidas o marginadas.

Cada victoria de candidatos alineados con la DSA (Democratic Socialists of America, Socialistas Democráticos de América) en las primarias demócratas profundiza aún más la integración de la organización en el Partido Demócrata y sus instituciones, alejando cada vez más del horizonte la supuesta «ruptura» con el partido capitalista que muchos integrantes de la DSA afirman, desde 2016, que está a punto de producirse. Los esfuerzos de la DSA por reintegrar al sistema a los trabajadores descontentos han tenido bastante éxito y representan un gran obstáculo para el desarrollo de una izquierda socialista y revolucionaria independiente.

El Partido Demócrata es un partido capitalista y, independientemente de las justificaciones, quienes lo construyen fortalecen el poder de la clase capitalista. Lo que demuestra este período es tanto la popularidad de las ideas socialistas como la necesidad de organizaciones independientes de la clase trabajadora.

Al mismo tiempo, los ataques de Trump y de la extrema derecha no se detendrán por sí solos. Los demócratas han librado una lucha muy limitada contra esa política; quizá ni siquiera se pueda llamar lucha a eso.

Lo que será decisivo en los próximos meses no es la cantidad de demócratas en el Congreso, sino la cantidad de trabajadores y sindicatos que estarán en las calles, organizando huelgas y construyendo los núcleos organizativos capaces de poner en movimiento el poder de la clase trabajadora.

Necesitamos urgentemente organizar campañas de defensa política para liberar a todos los presos políticos y defender a los pueblos inmigrantes y oprimidos contra los matones del ICE, además de ampliar esas luchas hasta convertirlas en movimientos de masas.

¿Cómo evalúas la situación actual de las libertades democráticas en Estados Unidos? ¿Cuáles son los principales riesgos y desafíos que enfrentan los movimientos populares y la clase trabajadora?

El gobierno Trump está promoviendo una avalancha de ataques a las libertades democráticas en Estados Unidos. Los sindicatos, las conquistas de los movimientos antirracistas, LGBTQIA+ y de mujeres están siendo atacados. Incluso las libertades básicas de expresión y las instituciones democráticas liberales, como las elecciones, se están debilitando.

Trump todavía cuenta con un movimiento de masas fascista, aunque aún no ha impuesto una dictadura completa. Su gobierno aprovecha todas las oportunidades que surgen para reforzar la autoridad dictatorial del Estado y, en general, sigue contando con el apoyo fundamental de los sectores más poderosos de la burguesía.

Sin embargo, le falta un amplio apoyo, a pesar de mantener una base consistente de aproximadamente el 30 %. También se vio obligado a retroceder en determinadas políticas y a cambiar sus planes ante la resistencia y la indignación popular, como vimos en sus políticas de deportación.

Tenemos, por tanto, el desafío central de consolidar y ampliar un movimiento de masas capaz de enfrentar estas políticas de manera consciente y consistente, a escala nacional.

Por un lado, debemos ser conscientes de los ataques directos del gobierno y estar atentos a ellos. Debemos reconocer que vivimos un momento político en el que todavía existen muchas garantías de libertad que nos permiten organizar públicamente nuestras luchas y que siguen contando con amplio apoyo de sectores de la clase trabajadora. Por eso, necesitamos urgentemente organizar una defensa política que sea la mejor manera de proteger esas libertades.

¿Cuál es la responsabilidad del gobierno estadounidense en la guerra de Gaza y por qué la lucha en defensa de Palestina es una cuestión estratégica para los trabajadores y la juventud de Estados Unidos?

Israel solo consigue realizar sus ataques militares gracias al apoyo militar de Estados Unidos, que suministra todas las aeronaves y la logística necesaria para llevar a cabo campañas de bombardeos por toda la región.

Además, Estados Unidos ha brindado un importante apoyo diplomático a Israel, garantizándole impunidad a pesar de las atrocidades que ha cometido.

Por eso, la lucha en defensa de Palestina en Estados Unidos, conducida por la juventud y los trabajadores, tiene un carácter estratégico. Si nos organizamos, podremos detener la política proisraelí de este país.

Además, tenemos el desafío de organizar a los trabajadores de las industrias bélicas estadounidenses que abastecen al ejército sionista, para que rompan con esa política belicista e imperialista.

Los demócratas apuestan a que se beneficiarán electoralmente del actual desgaste de Trump. ¿Cómo analizas la situación de EE. UU. hoy? ¿Qué alternativas encuentran los trabajadores ante la polarización entre republicanos y demócratas?

Es verdad que Trump llega a estas elecciones mucho más desgastado que la última vez, y es posible que los demócratas se beneficien de ello.

Pero los demócratas no ofrecen ninguna salida ni alternativa. No tienen un plan de recuperación económica para la clase trabajadora.

Hay un escenario de descontento, miseria y desilusión en amplios sectores de la clase trabajadora. No existe una alternativa lista: tenemos que construirla. Eso empieza por la organización de sindicatos combativos y de movimientos de masas en defensa de los oprimidos, organizados democráticamente y fuera del control del Partido Demócrata.

La iniciativa y la disposición existen, pero todavía tenemos por delante la tarea de la organización.

Brasil también está pasando por un proceso electoral en este período. ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a los trabajadores, a la juventud y a los movimientos sociales brasileños que siguen la lucha de la clase trabajadora en Estados Unidos?

Mi mensaje es que continúen en las luchas y mantengan siempre una conciencia internacionalista. Estamos unidos en la lucha contra el capitalismo, que representa un desafío global. Nuestras luchas contra la opresión, en todas sus dimensiones, son parte indisociable de ese cuadro.

Ante las amenazas de la extrema derecha, sufrimos la presión de buscar salidas rápidas o fáciles, intentando llegar a un acuerdo con el capitalismo para reformarlo y, así, alcanzar una vida mejor.

Pero lo que vivimos en Estados Unidos y en todo el mundo es que esos acuerdos nos quitan las fuerzas para seguir luchando. Nos desarman ante el próximo ataque.

Por eso, es fundamental seguir un camino independiente, basado en el poder de la clase, en nuestras propias fuerzas y en nuestra propia dirección.

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