En el aniversario de los cuatro años de la invasión a gran escala de Putin, Ucrania continúa resistiendo heroicamente en medio de un despiadado ataque ruso a sus infraestructuras energéticas, con el que castigar y doblegar a su población. Desde el invierno de 2022, misiles y drones rusos han atacado centrales eléctricas, subestaciones y centrales térmicas. Pero los ataques de estos meses han sido particularmente graves, convirtiendo el durísimo invierno en una lucha por la supervivencia para millones de ucranianos/as
Después de retirar casi por completo su ayuda a Ucrania, Trump le exige ahora que capitule ante Putin, para dar paso a un alto al fuego y al fin de la guerra y poder, así, acudir a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre como el gran pacificador. Para EEUU, Rusia ya no es un enemigo a combatir, sino una potencia con la que establecer una “estabilidad estratégica”.
La paz de Trump se basa en aceptar las exigencias de Putin, obligando a Zelensky a entregarle todo el Donbass, mientras él coloniza en su beneficio el resto de Ucrania, a la que dejaría inerme ante el imperialismo ruso. Trump pretende repartirse con Putin los recursos de Ucrania, a la vez que los del Ártico, y de paso alejar a Rusia de China.
Que Trump logre su objetivo de o no, va a depender del rechazo que encuentre Zelensky en el pueblo ucraniano, y de su determinación para enfrentar los planes de Putin y Trump.
Tampoco las limitadas “ayudas” de la Unión Europea a Ucrania, sometidas a los planes de Trump, son en absoluto desinteresadas, sino que persiguen reservar su parte en los jugosos negocios de la reconstrucción y en la apropiación de una parte del botín de sus empresas públicas y sus riquísimas tierras agrícolas.
El gobierno de Zelensky, en medio del descrédito y la indignación social por los escándalos de corrupción, sigue sin nacionalizar las industrias estratégicas para ponerlas al servicio de la guerra, manteniendo una inmensa dependencia de las armas occidentales. En vez de atender las necesidades sociales más urgentes, aprovecha la invasión rusa para cercenar derechos elementales y libertades políticas y sindicales, mientras los nuevos oligarcas con su entramado de funcionarios, ministros y diputados corruptos, roban en gran escala, viven cómodamente y se las arreglan para que sus hijos evadan el reclutamiento. Todo ello provoca indiferencia o incluso el rechazo entre la juventud obrera y estudiante para unirse al ejército.
Es una enorme desgracia, como mostraremos en estas páginas, que la resistencia obrera y popular ucraniana siga huérfana del apoyo de la mayoría de las organizaciones de izquierda europeas, con argumentos que no se sostienen. Por nuestra parte, seguimos apoyando al pueblo ucraniano en el combate por su libertad e integridad nacional, uniendo este apoyo a la lucha por una salida socialista para Ucrania y Rusia y por unos Estados Unidos Socialistas de Europa; desenmascarando y enfrentando en este proceso al gobierno Zelensky, al imperialismo norteamericano y a la hipocresía interesada de la UE. Con esta perspectiva y este programa, trabajamos para construir un partido revolucionario en Ucrania.
En estas páginas queremos establecer un debate con todas aquellas organizaciones y activistas que dan su apoyo a la resistencia ucraniana, así como con quienes están dispuestas a escuchar las razones por las que hay que darlo. Nuestro objetivo: impulsar juntos la urgente solidaridad internacionalista y de clase con Ucrania.
