Qué las manos callosas de los campos y las manos callosas del taller se estrechen en saludo fraternal de concordia; porque en verdad, unidos los trabajadores, seremos invencibles, somos la fuerza y somos el derecho; ¡Somos el mañana!

Emiliano Zapata*

 

Al hablar de México y sus revoluciones, es indiscutible que a la mente –por lo general– llega la imagen de Emiliano Zapata, aquel líder del campesinado pobre, indígena y de los jornaleros del campo. Fue su lealtad a sus principios lo que lo hizo ese revolucionario tan apreciado y referencia indiscutible de las masas oprimidas rurales (y urbanas en un menor grado) y al mismo tiempo representó una amenaza constante no sólo para la burguesía nacional, sino para el mismo imperialismo –estadounidense principalmente– cuyos intereses en México eran elemento fundamental para lograr su consolidación y expansión en todo el planeta.
Ejército de campesino de Pancho Villa y Emiliano Zapata, fotografiado alrededor del año de 1910.
Así como el sistema capitalista crea sus propias contradicciones, en el seno de la dictadura de Porfirio Díaz[1] se dio una que el campesinado pobre comenzó a concebir: encarar la dictadura burguesa porfirista desde una postura revolucionaria y no en una lucha que sólo persiguiera regatear territorios pequeños de tierra. Esto último, producto de la coyuntura insurreccional llevada a cabo por grupos o sectores inconformes de la burguesía. ¿Qué se podía esperar de la lucha y programa encabezado por Madero[2], netamente reformista? Recordemos que este reformismo lleva consigo un hilo umbilical ligado a la toma del poder del partido liberal con la Revolución de Ayutla[3] e implementación de su programa, que en síntesis quería decir: llevar adelante la organización del desarrollo burgués en el país. Si bien en aquella época figuras como Benito Juárez toman iniciativas un tanto progresistas como nacionalizar bienes de la Iglesia (estas concesiones las otorgó debido a que las masas fueron la gran fuerza de apoyo del régimen liberal tras la invasión francesa, la lucha contra el clero y los terratenientes). Dichas medidas, no obstante, engendraron una nueva forma de acaparamiento latifundista de la propiedad agraria, dado que dicha nacionalización también se aplicó a las tierras de las comunidades indias, dividiéndolas en pequeñas parcelas, las cuales fueron fácilmente absorbidas por los grandes latifundistas. Fenómeno que se agudizó con el “Porfiriato”, el cual imponía más ese modo de producción capitalista –ya con más tintes de capitalismo moderno– en las zonas rurales y campos agrícolas.

¿Cuál era el objetivo de esta operación de despojo de tierras desarrollada durante el régimen de Díaz? De acuerdo con Adolfo Gilly, “no era solamente constituir grandes latifundios, sino también disponer de jornaleros libres, carentes de toda propiedad fuera de su fuerza de trabajo. El capitalismo, para abrirse paso, necesitaba liquidar las tierras comunales…Y así como para liquidar las estructuras feudales de la propiedad eclesiástica tuvo que acudir a las masas y utilizar las fuerzas y los métodos plebeyos del jacobinismo, después, para liquidar la propiedad comunal, tuvo a su vez que acudir, contra las masas campesinas, a métodos violentos de apropiación y despojo; es decir, a los métodos barbaros de la acumulación primitiva capitalista en todas partes. Y combinar sus propias relaciones de producción capitalistas atrasadas con formas y relaciones ‘feudales’ de dependencia de los peones hacia la hacienda, con la subsistencia parcial de relaciones precapitalistas listas como las comunidades agrarias indias que resistieron hasta el fin, y hasta con formas esclavistas de explotación de la mano de obra, como las reinantes en las plantaciones de tabaco del Valle Nacional en el estado de Oaxaca donde los indios yaquis y de otras tribus, despojados de sus tierras en el lejano estado de Sonora luego de dura resistencia armada, eran enviados por familias y pueblos enteros a trabajar como esclavos y a morir de agotamiento, inanición y fiebres”.[4]
Soldaderas de la revolución mexicana. Las participación de las mujeres revolucionarias fue fundamental en la lucha.
No fue casualidad que en su natal Morelos, centro de la industria azucarera moderna de aquella época, la resistencia campesina comenzó a tener un ascenso en la lucha de clases. Ascenso enmarcado en la lucha de masas en Europa y E.U. y posteriormente más alimentado por la Revolución Rusa de 1917. Un proceso objetivo, sin partido revolucionario, sin dirección obrera o sindicatos, pero con su herencia de organización comunal, que empíricamente llevó adelante su insurrección. Aclaramos de paso que en ese contexto los sectores obreros urbanos que demostraron su inconformidad fueron los que asimilaron más para sus protestas lo que sucedía en el plano mundial.

Al vislumbrarse claramente los vientos contrarrevolucionarios de Madero, Zapata logra interpretar que es necesario ante ese Estado burgués oponer otro poder: el de las masas insurrectas armas en mano. Producto de ello, es la promulgación del Plan de Ayala[5], tres semanas después de la llegada a la presidencia de Madero. Dicho plan, a manera de síntesis y entre otros puntos, expresa: Desconocimiento del gobierno de Madero llamando a derrocarlo, debido a su incumplimiento a las promesas del Plan de San Luis Potosí y por ende traidor a las causas de la revolución, dado que se ha dedicado a perseguir y atacar a revolucionarios en alianza con elementos porfiristas. Restitución de territorios usurpados por hacendados, caciques o “científicos”[6] a sus legítimos dueños. Expropiación de la industria y agricultura, dado que se ha monopolizado el agua, las tierras y montes en unas cuantas manos, a fin de que los pueblos y ciudadanos obtengan ejidos, colonias, fundos legales, campos de sembradura o de labor para mejorar la falta de prosperidad de los mexicanos. A los hacendados, “científicos” o caciques que se opongan directa o indirectamente al presente plan, se le nacionalizaran sus bienes. Y las dos terceras partes que a ellos les corresponden, se destinaran para indemnizaciones de guerra, pensiones para las viudas y huérfanos de las víctimas que sucumban en la lucha por este plan. Para ajustar los procedimientos respecto a los bienes antes mencionados, se aplicarán leyes de desamortización y nacionalización según convenga.
Zapata en Morelos
Como vemos dicho plan mostraba cierta limitación pues se enfocaba en el problema agrario, no obstante el elemento de independencia política y ruptura respecto a las direcciones burguesas es todo un acierto. También los puntos referentes a la expropiación de los bienes capitalistas y hacendados y la defensa de las tierras a través de la masa campesina armada ligada a la producción y sin necesidad de un ejército profesional estatal. Podemos observar como este proceso revolucionario desemboca en un pensamiento más maduro de Zapata después de la traición maderista y su posterior caída, pues comprende que los objetivos que se persiguen en la lucha zapatista son similares a lo que se busca con la lucha de los bolcheviques en la Rusia irredenta como caracterizó a dicho país en aquella carta enviada a Jenaro Amezcua[7] (establecido éste en Cuba con el objetivo de establecer relaciones con los centros y agrupaciones obreros de Europa y América) aquél 14 de febrero de 1918.

Un extracto de dicha carta expresa: “Mucho ganaríamos, mucho ganaría la humana justicia, si todos los pueblos de nuestra América y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa de México Revolucionario y la causa de Rusia la irredenta son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos. Aquí como allá, hay grandes señores, inhumanos, codiciosos y crueles que de padres a hijos han venido explotando hasta la tortura, a grandes masas de campesinos. Y aquí como allá, los hombres esclavizados, los hombres de conciencia dormida, empiezan a despertar, a sacudirse, a agitarse, a castigar”. Es decir, implícitamente asoma el internacionalismo, la unificación de la clase explotada de los trabajadores en un plano mundial. Lo entiende como necesidad fundamental ante el expansionismo del sistema capitalista, ante ese “Orden y Progreso” que sintetizó el programa dictatorial-burgués de Díaz y posterior reformismo del régimen de Madero.

Hoy como ayer

Por lo tanto no puede haber orden ni menos progreso (hablando de un progreso social, no de mercado capitalista) no sin antes acabar con esa superestructura que tutela a este sistema de producción capitalista, que despoja y mata a grandes masas de trabajadores y que por otro lado encumbra a castas conservadoras o liberales, “demócratas o progresistas”, o de “izquierda”. Así, en el presente gustan autodenominarse gobiernos hipócritas, como el de la llamada “Cuarta Transformación”, que siguen una lógica marcada desde entonces como aquellos gobiernos administradores que defienden los intereses de grupos capitalistas nacionales y extranjeros. Una prueba de ello entre tantas otras: AMLO durante un mitin de cierre de campaña sentenció “la desigualdad social no es producto de la explotación del patrón o burgués sobre el obrero, sino que es producto de la corrupción”. ¡Vil mentira!
Tomada del portal Desinformémonos
Por eso indigna la farsa montada por AMLO al declarar “2019, Año del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata Salazar”. Porque se contrapone a lo que el movimiento encabezado por Zapata asimilaba cada vez más en su lucha: El enemigo común de los trabajadores es la burguesía, con sus direcciones cómplices, que al final pactaban con la burguesía para sostener el sistema capitalista.

Por otro lado, cabe aclarar que hay una gran brecha entre aquel Zapatismo y los que hoy en día enarbolan el “zapatismo”. Si bien en 1994 este nuevo movimiento zapatista ha ayudado a visibilizar la cuestión indígena, entre otros elementos progresivos, resulta ser más limitado aún que aquel. Y a la vez se empeña en la coexistencia con el capitalismo [ “un mundo donde quepan muchos mundos”, ¿hasta el mundo capitalista? ]. Y los actuales zapatistas con su “cambiar el mundo sin tomar el poder”, retroceden del ideario de aquella vanguardia zapatista. Que sí tenía en su ideario la toma del poder. Y lograron dar a luz esa comprensión producto del mismo proceso revolucionario de esos años y la realidad concreta que dicho movimiento vivía. Era fundamental que la industria pasara a manos de los trabajadores, y esa necesidad se vio reflejada en buscar la nacionalización también del petróleo como lo expresó José Sabino Díaz dado el contexto de modernización, y de esa manera integrar las dos partes: los medios de producción del campo y de la ciudad como propiedad colectiva de los trabajadores.[8]

Volviendo a esos años y a manera de conclusión

Era cada vez mayor el miedo de la burguesía mexicana e imperialista respecto a que la revolución zapatista podría atravesar esa frontera regional y pasar a un terreno no sólo nacional (haciendo peso en las ciudades) sino internacional unificando las diferentes luchas de los oprimidos y explotados del mundo. Es en esa etapa que el ala del zapatismo radical** destaca la concepción de que la verdadera liberación del campesinado pobre y proletariado rural tendría que ser en conjunto con el sector trabajador de la ciudad: los obreros. “Hermanos de las ciudades, venid al encuentro de vuestros hermanos de los campos; hermanos del taller, venid a abrazar a vuestros hermanos del arado; hermanos de las minas, del ferrocarril, del pueblo, salvad a los ríos, las montañas, los mares y confundid vuestro anhelo de libertad con nuestro anhelo, vuestra ansia de justicia con nuestra ansia”.

Notas

(*) Algunos datos biográficos del llamado “Caudillo del Sur”: Nació el 8 de agosto de 1879 en Anenecuilco, Morelos. Descendiente de una antigua familia campesina de la zona de Anenecuilco y Villa de Ayala –la población vecina– cuyos antepasados habían combatido en las guerras de la Independencia y de la Reforma. No era campesino pobre ni llegaba a ser rico. Como oficios alternativos, por la insuficiencia de las tierras y las cosechas, se ocupaba de la venta de ganado y era considerado un conocedor de caballos y un excelente domador. Organizó y lideró el Ejército Libertador del Sur. Es asesinado a traición a manos de Jesús Guajardo, en la Hacienda de Chinameca, Morelos el 10 de abril de 1919.

(**) Había otra ala, la reformista, encabezada por intelectuales como Antonio Díaz Soto y Gama quien capituló a la burguesía y se unió al obregonismo en el poder.

[1] José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, fue militar y dictador de México. Su mandato se inició en 1876 y duró, con sucesivas reelecciones, hasta el estallido de la Revolucion de 1910. Este periodo es conocido como El Porfiriato.

[2] Francisco Ignacio Madero Gonzáles, fue empresario y político mexicano. Fue presidente después del triunfo de la Revolución de 1910.

[3] En marzo de 1854 los liberales se levantaron en armas en Ayutla, Guerrero, mediante el Plan del mismo nombre, dirigido por Florencio Villareal, Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. El Plan de Ayutla se pronunció por el desconocimiento del gobierno de Santa Anna; la elección de un congreso constituyente, y en contra de la venta de la Mesilla (región al norte de los actuales estados de Sonora y Chihuahua).

[4] Para ampliar detalles sobre la situación del peonaje y esclavismo en México durante esa época es necesario recurrir a la obra de John Kenneth Turner “México Bárbaro”.

[5] Firmado el 28 de noviembre de 1911 por siete generales, diecisiete coroneles, treinta y cuatro capitanes y un teniente del ejército zapatista –casi todos campesinos, salvo el maestro rural Otilio Montaño y algún otro, la mayoría de los cuales apenas sabía firmar su nombre– constituidos en  la Junta Revolucionaria del estado de Morelos.

[6] Así se le conocía a un grupo conformado por representantes de la burocracia, terratenientes, latifundistas, comerciantes e intelectuales que representaban la clase más elevada durante el Porfiriato. Los Científicos, llamados así por ser partidarios de la Teoría Positivista de Augusto Comte. Dirigían la administración del Estado, empleando para ello según métodos científicos, sin embargo las decisiones de mayor importancia las seguía tomando Díaz.

[7] Jenaro Amezcua. Militar que participó en la revolución Mexicana. Enviado por Emiliano Zapata a los Estados Unidos, para que hiciera propaganda y comprara armas y municiones; se dirigió a Cuba, donde permaneció como representante del movimiento sureño hasta 1920.

[8] Los fundamentos de este general zapatista sobre expropiar la industria petrolera se pueden consultar en: https://www.redalyc.org/html/286/28640302010/

BIBLIOGRAFÍA

Cultura Colectiva. (s.f.). El papel de Los Científicos en el Porfiriato en: https://culturacolectiva.com/historia/el-papel-de-los-cientificos-en-el-porfiriato

Gilly, Adolfo. La Revolución Interrumpida. México 1910-1920: una guerra campesina por la tierra y el poder. Ediciones El Caballito, México. 1977. [Formato en PDF].

Zapata, Emiliano. Carta de Emiliano Zapata a los obreros de la república. Tlaltizapán, Morelos. Marzo 15, 1918 en: http://casadetodasytodos.org/memoria/carta-de-emiliano-zapata-a-los-obreros-de-la-republica/?print=pdf

Zapata, Emiliano. Carta de Emiliano Zapata a Jenaro Amezcua. Tlaltizapán, Morelos. Febrero 14, 1918 en: https://desinformemonos.org/zapatismo-la-revolucion-mundial-98-aniversario-del-asesinato-traicion-del-general-emiliano-zapata/