Se cumplen ya dos meses desde que aproximadamente 72.000 migrantes, muchos de ellos mujeres y menores de edad, entraran en Melilla el 30 y el 31 de julio. Desde entonces, la situación que vive Ceuta concentra la actualidad política, tanto en los medios de comunicación como en las calles, puestos de trabajo y barrios.

Por: Laura R.

En este tiempo hemos visto como los grupos ultraderechistas y fascistas han ejercido la brutalidad no solo contra las personas migrantes que han llegado a Ceuta, sino también contra las personas racializadas de nacionalidad española que encuentran a su paso, con la connivencia y complicidad de los cuerpos de represión a las órdenes del gobierno central. También han crecido las agresiones en la ciudad a los activistas de organizaciones sociales que han tratado de llevar ayuda humanitaria.

Esta agudización del racismo, de la xenofobia y de los delitos de odio, va de la mano de las políticas de cierre y externalización de las fronteras por parte de todos los gobiernos imperialistas europeos, donde la punta de lanza es el Pacto Europeo de Migración y Asilo

 La responsabilidad del gobierno de Sánchez en esta crisis

En vez de desplegar los recursos materiales necesarios para atender de forma inmediata, suficiente y digna, el drama humanitario por el que 145 personas murieron ahogadas, el gobierno PSOE-SUMAR, se dedicó durante semanas a mirar para otro lado. Lejos de canalizar las solicitudes de asilo y la protección a los menores no acompañados a la que tienen derecho, prefirió ignorar estas y dejarlos abandonados a su suerte, con la esperanza de que la mayoría de ellos volviera, cosa que no ha ocurrido.

Bajo eufemismos como “ataque a la integridad nacional” y la consideración de la crisis en Ceuta como un asunto “de interés para la seguridad nacional”, el gobierno y los medios de comunicación con el apoyo explícito por acción u omisión de la burocracia sindical y de la izquierda institucional; no ha hecho sino avivar el racismo y legitimar el discurso de la ultraderecha, desde el primer día.

Solo cuando la convivencia con la población ceutí se ha deteriorado gravemente y la situación de los más de 4.000 migrantes que siguen viviendo actualmente entre los asentamientos del Trampolín y Benítez se ha vuelto insostenible, el gobierno, además de seguir con su política represiva, responde con algunas medidas insuficientes como el espacio habilitado en el puerto, que dispone de 1800 plazas, lo que ha seguido generando tensiones

El papel infame de la derecha y la ultraderecha

Su mala gestión se ha visto agravada por la actuación del Ayuntamiento Ceutí y el bloqueo de las comunidades gobernadas por el PP, que vienen boicoteando y poniendo trabas a cualquier tipo de asistencia y al envío de menores migrantes a la península.
Para la derecha y ultraderecha, no son migrantes sino invasores, y la única solución es «militarizar Ceuta y expulsarlos a todos sin contemplaciones ni posibilidad de retorno”, a pesar de las trabas legales que esto supone.

En su afán de propagar su odio racista, no han dudado incluso de instrumentalizar los casos de agresiones sexuales que se han producido contra las mujeres migrantes, al tiempo que siguen con su ataque a los derechos de las mujeres.

En Ceuta y otras partes de Europa, migrantes y no migrantes señalados por su color de piel o su religión, vuelven a convertirse en el chico expiatorio perfecto al que acusar de todos los males generados por este sistema capitalista en crisis; como el deterioro continuo de unos servicios públicos que, entre otros problemas, no estaban preparados para que en cuestión unas horas se triplicase una población vulnerable que necesita asistencia social y psicológica y atención médica.

 El origen histórico de la “españolidad” de Ceuta

Es importante señalar que el racismo y la discriminación en Ceuta no es nueva. La comunidad musulmana nacida en Ceuta y Melilla (en su gran mayoría de origen e idioma amazigh / berber) ha crecido y residido en los barrios periféricos durante generaciones. Sin embargo, durante años, el Estado no les facilitó el acceso al DNI, manteniéndolos en un limbo jurídico. Únicamente disponían de una Tarjeta estadística que limitaba drásticamente su libertad de movimiento hacia la península y restringía sus derechos civiles fundamentales.

Es por ello que cuando en 1985 se aprobó la primera Ley de Extranjería, todas las personas sin DNI pasaron automáticamente a ser consideradas legalmente «extranjeras» en su propia tierra. Esta situación desencadenó masivas protestas vecinales, huelgas y manifestaciones lideradas por figuras locales como Aomar Mohamedi Dudu en Melilla. Solo mediante la presión social y las negociaciones con el Gobierno central (entonces presidido por Felipe González) fue posible lograr un proceso extraordinario de regularización, concediendo a partir de 1986 y durante los años siguientes la nacionalidad española plena a la gran mayoría de la población musulmana, tanto en Ceuta como en Melilla.

A pesar de esto, a día de hoy, siguen sufriendo una profunda discriminación social e institucional, que es expresión de la histórica ocupación capitalista colonial del norte de África por parte del imperialismo español por la que la soberanía española sobre Ceuta, fue impuesta primero por medio de cañonazos y después en despachos.

Es en 1415, cuando el Reino de Portugal conquista Ceuta en una expedición militar liderada por el rey Juan I.  A partir de ahí, la ciudad pasa a ser un enclave militar europeo en la costa de África, por razones comerciales estratégicas; primero portugués durante más de 160 años, y finalmente español a partir de 1580.

Al igual que el Peñón de Vélez de la Gomera, el Peñón de Alhucemas y las islas Chafarinas, rocas guarnecidas frente a la costa del Rif, Ceuta y Melilla son vestigios de un imperio español que entró en decadencia a partir del siglo XVII. Por supuesto, la ONU, como institución al servicio de las potencias imperialistas, se ha negado siempre a inscribir a Ceuta y Melilla en su lista de territorios por descolonizar.

 Hoy su papel es la de ser frontera de la Europa fortaleza contra la migración, mientras la UE y otros imperialismos, siguen con su saqueo y expolio del continente africano. Los patriotas  que se envuelven en la rojiguarda mientras hablan de invasión y de sumisión a la dictadura marroquí, ocultan deliberadamente en sus vociferios que las grandes multinacionales españolas, continuadoras del expolio colonial al continente africano iniciado hace más de cuatrocientos años, siguen haciendo suculentos negocios con la dictadura alauita; también dentro de los territorios del Sáhara ocupado, a cuya población siguen robando su pesca, así como fosfatos, arena o hidrógeno.

 Es por esto que el gobierno progresista, fiel representante de los intereses de un sector de la gran burguesía española, defiende a Marruecos como “socio estratégico” y no ha tenido el menor reparo en utilizar al pueblo saharaui como moneda de cambio, pese a  su actual soledad parlamentaria. Esto por supuesto, no impide que periódicamente, Marruecos  utilice el control de migración en las vallas como una herramienta de presión política

El cierre de fronteras también permite a la burguesía española y europea dotarse de una mano de obra sumisa y dócil para ser explotada em los sectores domésticos y de cuidados, agrícolas o de la construcción, que sigue entrando en Europa. Ya sea mediante contratos temporales en origen, o de forma “irregular”. 

El papel de la UE y de Ceuta en el rediseño de una Europa fortaleza que endurece cada vez más su política migratoria

A partir del Pacto europeo de inmigración y asilo, aprobado en mayo de 2024 por la UE, alabado y firmado por el gobierno PSOE-SUMAR, la UE se viene apoyando cada vez más en la externalización del control de fronteras a supuestos países «seguros» para que sean estos quienes hagan el papel de gendarmes y guardianes del actual flujo migratorio.

La españolidad atribuida a Ceuta, no puede ignorar el hecho geográfico de que está se encuentra en continente africano y es por esto que, en la actual crisis, Von der Layen insiste en dejar claro su papel de «frontera de Europa», y ya anunció que tras lo ocurrido van a endurecer aún más su política migratoria, cuando los datos indican que a consecuencia de este cierre de fronteras, desde 2023 hay un descenso constante de las solicitudes de asilo en territorio de la UE.

Algunas de las medidas anunciadas por Von der Layen serían triplicar la plantilla de la agencia europea de fronteras. Recordemos que Frontex tiene previsto recibir 12.000 millones de euros en el próximo presupuesto plurianual de la UE, el doble de su asignación anterior y también acelerar la expulsión de inmigrantes en situación irregular a terceros países distintos de su país de origen, como prevé el nuevo reglamento de Retornos, cuya adopción formal está prevista para otoño

La actuación del gobierno PSOE-SUMAR en Ceuta, por tanto, deja en evidencia su alineación con los intereses de la UE, que necesita de Marruecos para que siga ejerciendo su papel de gendarme en la frontera con Europa. Antes que enviar ayuda humanitaria, el gobierno, que alabó y firmó em su día el Pacto Europeo, respondió a la crisis de Ceuta anunciando un anteproyecto por el que pretende endurecer aún más la actual Ley de extranjería y aprobar un nueva Ley de asilo más restrictiva que según el  ministro de interior Marlaska, permitirá “gestionar de manera más eficaz sus fronteras y “reforzar la seguridad”.

¡No es una invasión, es miseria y precariedad!

¡Basta de agresiones racistas!

¡Investigación y castigo a los cuerpos policiales y del Ejército que han atacado a migrantes!

¡Traslado inmediato a la Península de los y las migradas y regularización inmediata!

¡Fuera las fuerzas de represión de Ceuta! ¡Disolución de la tercera de la Legión y los regulares!

¡No más bloqueo de ayuda humanitaria!