Flávio Bolsonaro terminó por delante de Lula en la primera vuelta, haciendo estallar un movimiento callejero por la derrota electoral del bolsonarismo. Las encuestas de la segunda vuelta varían dentro del margen de error y nadie sabe quién va a ganar. Flávio ya prepara un nuevo gobierno, pero Lula puede darle la vuelta.
Opiniao Socialista, editorial 21/10/26
La extrema derecha tendrá la mayor bancada de la Cámara y del Senado a partir de 2027. Es un error imaginar que la segunda vuelta va a estabilizar el país. La elección define quién gobernará, pero no resuelve las contradicciones que produjeron la polarización. ¿Desaparecerán la extrema derecha fortalecida, la crisis de las instituciones, la presión imperialista y el descontento social?
En el mundo crecen el autoritarismo, el militarismo y las disputas entre naciones y sectores capitalistas. Guerra de EE. UU. contra Irán, disputa entre EE. UU. y China, agresión a Venezuela, guerra de Rusia contra Ucrania y genocidio de Israel en Palestina. La crisis del capitalismo amplía las disputas imperialistas, la militarización y el autoritarismo, y Brasil no está al margen de ello.
En Brasil continúa la crisis del Supremo Tribunal Federal (STF), con nuevas barbaridades vorcarianas. El Poder Judicial está desacreditado. A esto se suma la sed imperialista de Trump, que trata a América Latina como su patio trasero y hace amenazas e intervenciones en Brasil.
También crecen el caos social y el descontento de los trabajadores ante la decadencia del capitalismo brasileño. Ni siquiera las medidas progresivas del PT repercuten de forma profunda en su popularidad. Lula no resolvió los problemas estructurales que alimentan ese descontento, disputado por la extrema derecha, fortalecida tras cuatro años de un desastroso gobierno del PT.
Tras la segunda vuelta
En este escenario de avance de la marcha del capitalismo hacia la barbarie, hay diferentes posibilidades tras la segunda vuelta.
Si Flávio Bolsonaro gana, intentará usar su victoria y el nuevo Congreso para profundizar su proyecto autoritario y los ataques a los trabajadores. El endurecimiento del régimen sirve para restringir libertades, dificultar nuestra organización e imponer ataques en beneficio de la burguesía y del imperialismo. Tendrá mejores condiciones para ello. La última palabra dependerá de la lucha de los trabajadores.
Por eso es necesario preparar desde ahora la resistencia. No podemos esperar a la toma de posesión. Será necesario construir unidad en la lucha, defender las libertades democráticas y organizar la movilización de los trabajadores, de la juventud y de los sectores oprimidos.
Cualquier aventura autoritaria o golpista de Bolsonaro, así como una intervención de Trump, deberá encontrar una fuerte resistencia con amplia unidad de acción. Esa unidad no significa apoyo político al PT ni a ningún sector de la burguesía.
En una elección marcada por la crisis institucional, las intervenciones de Trump y el peso conquistado por el bolsonarismo, una victoria de Lula tampoco devolverá al país a una supuesta estabilidad.
Una victoria de Lula se produciría con el bolsonarismo fortalecido, un Congreso más a la derecha y un PT desgastado. Como su proyecto es gobernar en alianza con la burguesía, el PT buscaría nuevos acuerdos por arriba, incorporaría más sectores burgueses al gobierno y haría pagar la cuenta a los trabajadores.
Los desafíos aquí también serán grandes. Será necesario enfrentar cualquier ataque del nuevo gobierno Lula y, sobre todo, recuperar la capacidad de movilización independiente de nuestra clase.
Un nuevo gobierno del PT estará marcado por más acuerdos con el Centrão, atención al mercado, ajuste fiscal y frustración social. La peor preparación sería convencer a los trabajadores de que confíen en el gobierno.
Este es el desafío más importante del próximo período.
Alternativa de clase
La política brasileña está cada vez más polarizada, pero los trabajadores todavía no cuentan con un polo propio capaz de disputar a millones. La polarización sigue hegemonizada por proyectos burgueses.
Por un lado, la extrema derecha canaliza este sentimiento hacia un proyecto reaccionario con apariencia antisistema, contra los trabajadores, los pobres y los sectores oprimidos y al servicio de los grandes capitalistas y del imperialismo.
Por el otro, el PT se coloca contra la extrema derecha para canalizar eso hacia la administración del capitalismo en crisis y gobierna con otra parte de la burguesía. De ahí vienen la moderación, la confianza en las instituciones y los límites a la movilización. La divergencia es sobre qué clase debe gobernar y contra quién.
Lula y Bolsonaro no son iguales. Son proyectos burgueses diferentes, pero ninguno representa un proyecto de los trabajadores.
Con la agudización del enfrentamiento entre sectores burgueses, no se trata de buscar un punto intermedio ni de elegir a uno de ellos. Es preciso construir una posición de clase independiente.
Cuando la sociedad capitalista camina hacia una mayor polarización, la tarea de los trabajadores es construir su propio proyecto independiente, un polo propio de la clase. Esto significa organizar una alternativa de nuestra clase contra los capitalistas. El camino para derrotar a la derecha es radicalizarse por la izquierda.
Voto crítico al 13, sin apoyo al gobierno Lula
La segunda vuelta define quién gobernará el país en los próximos cuatro años. Votamos críticamente a Lula contra Flávio Bolsonaro sin apoyo político al gobierno. Esta táctica está subordinada a la estrategia de construir una alternativa independiente de los trabajadores para derrotar de una vez a la extrema derecha y para superar al PT.
A la extrema derecha no se la derrota solo con elecciones. Ya tiene un fuerte peso en el Senado y en el Congreso y lo va a usar. Cuenta con el apoyo de sectores burgueses y con base social. Para derrotarla será necesario disputar a los trabajadores, enfrentar las condiciones de su crecimiento y construir una alternativa revolucionaria y socialista.
Si Flávio gana, será necesario organizar la resistencia con amplia unidad de acción, defender las libertades democráticas y enfrentar sus ataques. Si Lula gana, será necesario enfrentar los ataques de su gobierno, construir una oposición de izquierda independiente y seguir combatiendo a la extrema derecha. Son tareas diferentes dentro de la misma estrategia. En cualquier escenario, necesitamos fortalecer la organización independiente de los trabajadores, romper con la burguesía y construir una alternativa revolucionaria y socialista capaz de disputar el poder y estatizar los sectores estratégicos bajo control de los trabajadores.
