Ante las próximas elecciones europeas

La Unión Europea es una máquina de guerra contra la clase obrera y los pueblos de Europa

¡Hay que romper con la UE y el euro para lograr un cambio social y levantar una Europa de los trabajadores!

Este manifiesto ve la luz en plena batalla de los chalecos amarillos franceses, el movimiento popular que se enfrenta al régimen de Macron y cuestiona las desigualdades sociales. Este cuestionamiento tiene lugar cuando los capitalistas franceses, atrapados en una crisis más global del modo de producción capitalista, arremeten por todos los medios contra la clase obrera y los sectores populares con el fin de restaurar su tasa de ganancia.

La Unión Europea, construida por y para los capitalistas, es un instrumento esencial para ese fin.

La lucha de los chalecos amarillos se opone objetivamente a la UE y a sus políticas. Se desarrolla, además, en Francia, uno de los países que más pesa en el funcionamiento de la UE y en la aplicación de brutales planes de austeridad en otros países de Europa.

La situación en Grecia , el ejemplo más brutal

Hace unos pocos meses los medios de comunicación anunciaban a bombo y platillo que el 20 de agosto de 2018 Grecia, por fin, «salía del rescate». Pero mentían vilmente, porque Grecia ha quedado convertida en un país semicolonial donde cada decisión importante necesita de la aprobación de Bruselas y Berlín. Porque toda su economía está al servicio del pago de una deuda impagable que equivale al 188% de su PIB.

Grecia es el ejemplo más claro y más brutal de hasta dónde está dispuesta a llegar la UE para salvar a la gran banca europea y dar un escarmiento a un pueblo rebelde. Después de ocho años y de tres «rescates», el país ha sido saqueado y devastado. Los derechos laborales han sido salvajemente recortados. El PIB ha caído un 30%, los sueldos un 30% y las pensiones un 50%, después de 14 recortes. La financiación de los hospitales públicos ha disminuido más de la mitad y el desempleo supera el 20%. En una población de 11 millones, más de 500.000 jóvenes han tenido que marchar del país en busca de trabajo. Entretanto, Tsipras y Syriza, desde el Gobierno, siguen aplicando los planes de miseria de la UE.

Pero si Grecia ha sido el caso más violento de las políticas de ajuste, es el conjunto de los países de la UE y sobre todo los de la «periferia», los que han sido profundamente afectados.

La UE, una maquinaria de guerra contra los trabajadores y los pueblos

La UE se ha mostrado como una máquina de guerra social, bajo la batuta del capitalismo imperialista alemán en alianza con el francés. Cuentan con unas armas poderosas, el euro y el BCE, instrumentos con los que sellan su jerarquía sobre los otros capitalismos europeos. En ausencia de moneda nacional, los países menos competitivos deben ajustar sus salarios para evitar los desequilibrios externos.

La UE y el euro no son unos organismos o una moneda «neutros», de los que los pueblos se puedan apropiar. Son, por el contrario, instrumentos del capital con los que la clase obrera debe acabar para frenar la ofensiva capitalista y lograr un cambio real en sus condiciones de vida y trabajo.

Cuando estalló la crisis financiera, hace 10 años, las principales potencias europeas rescataron a sus bancos y evitaron el colapso recurriendo al endeudamiento público masivo, saqueando la periferia y arremetiendo contra los servicios públicos, los salarios y los derechos laborales en sus países. Las consecuencias están a la vista: recortes generalizados, privatizaciones y despidos en el sector público (educación, sanidad, etc), contrarreformas laborales y de pensiones, generalización del trabajo precario, rebajas de salarios y aumento insultante de la desigualdad social.

Mientras la UE ha sido la gran protagonista de los peores planes de ajuste y contrarreformas laborales desde la II Guerra Mundial, sus defensores la presentan como un baluarte «democrático» frente a la ultraderecha. Sin embargo, la política de la UE ante los refugiados y migrantes es tan xenófoba y racista como la que ahora aplican Salvini y Kurz a escala de Italia y Austria. Una política que se basa en centros de internamiento, expulsiones y subcontratación del trabajo sucio a dictaduras corruptas como Turquía o a mafias como en Libia.

La UE ha sostenido igualmente la represión escandalosa del Estado español contra el pueblo de Cataluña que quiere ejercer su legítimo derecho a la autodeterminación. Esta represión se ha ejercido gracias a la Constitución heredera del franquismo del Estado español.

Más en general, la UE ha sido el instrumento de las principales potencias imperialistas europeas para desarrollar su política exterior, con acuerdos económicos para sus multinacionales, venta de armas a regímenes sanguinarios y corruptos como Arabia Saudí o Egipto o intervenciones militares colonialistas como las francesas en África o las llevadas a cabo en el marco de la OTAN en solidaridad con los EEUU.

La UE vive una profunda crisis

A pesar de los ataques contra los derechos y conquistas sociales, los capitalismos europeos no han logrado salir de la crisis. Europa está inmersa desde hace 10 años en una larga depresión económica. Su «recuperación económica», anémica y desigual, no ha estado sustentada en un ciclo de inversiones productivas financiada por los beneficios sino en el aumento de la deuda. Ahora, sin haberse todavía recuperado, una nueva recesión se asoma en el horizonte, y estallará cuando bajen las ganancias, sobre un fondo de burbuja especulativa y aumento de las tasas de interés.

Sobre este fondo económico y social descansa la mayor crisis de la UE desde su fundación. Los planes para reforzar las atribuciones de la UE sobre los estados se han quedado en el congelador. Alemania se ve incapaz de disciplinar a los socios, mientras peligra su propia estabilidad política. Francia está conmocionada por la movilización de los chalecos amarillos, que aumenta la inestabilidad del régimen de Macron. Gran Bretaña, profundamente desestabilizada, se dispone a abandonar la UE sin saber qué va a ocurrir en el próximo futuro. El Estado español es incapaz de resolver el problema catalán.

La ola generalizada de protestas en Hungría es la más importante desde que Orbán llegó a gobierno en 2008. Es, en primer lugar, una lucha contra la «ley de esclavitud» que autoriza a los empresarios a exigir de sus trabajadores hasta 400 horas extraordinarias (1 día más a la semana), a pagar en tres años. Pero es también una lucha contra un régimen ultraderechista que ahoga las libertades políticas y sindicales. Es, finalmente, la punta de lanza de un creciente descontento que crece y desestabiliza toda la Europa del Este, un territorio semi-colonizado por las multinacionales alemanas.

El crecimiento de la ultraderecha institucional

La crisis económica y social ha golpeado de pleno a la clase trabajadora, pero también a amplias capas de la pequeña burguesía, e incluso ha enfrentado a sectores medios de la burguesía con el capital financiero. En esta situación de crisis social, la complicidad de la burocracia sindical con patronales y gobiernos así como la actuación de la izquierda oficial han provocado derrotas a la clase obrera, favoreciendo así el desvío de parte de esas capas en favor de la «ultraderecha institucional».

Su eje central es la xenofobia, la islamofobia y el racismo contra la inmigración, junto a un chovinismo nacionalista que confronta con la UE. Esta ultraderecha es portavoz de las reivindicaciones de sectores de la burguesía media del país, se apoya en la radicalización de la pequeña burguesía y aprovecha el empeoramiento de las condiciones de vida entre los sectores más pobres y golpeados de la población para atizar su enfrentamiento con los trabajadores inmigrantes, a los que hacen responsables de la degradación social, exculpando a sus verdaderos responsables, los bancos y los grandes capitalistas.

Son fuerzas reaccionarias que ocupan la extrema derecha de los regímenes vigentes y son enemigos irreconciliables de la clase trabajadora. No podemos, sin embargo, identificarlos con fuerzas nazifascistas al estilo del Aurora Dorada en Grecia, aunque éstas aprovechen la ocasión para sacar la cabeza.

Es importante hacer notar el carácter ante todo retórico de su enfrentamiento con la UE. Marine Le Pen, en la segunda vuelta de las presidenciales de mayo de 2017 anunció que Francia no debía abandonar la UE sino renegociar los acuerdos con Alemania y que su programa económico había dejado de ser «incompatible» con el euro. El italiano Salvini (y Di Maio, del Movimiento de Grillo) tampoco están dispuestos a poner en riesgo la permanencia de Italia en la UE y el euro. Y lo mismo se puede decir del conjunto de la ultraderecha de los demás países.

La revuelta húngara contra Orbán y su régimen evidencia los límites a que se enfrenta la ultraderecha en su ascenso, y es la mejor muestra del rechazo de masas que provoca una vez que llega al gobierno y aplica sus políticas reaccionarias al servicio del capital

El nuevo reformismo

A lo largo de estos años, la decadencia acelerada de los partidos social-liberales europeos ha dado paso a la emergencia de un nuevo reformismo, que se declara partidario de la «refundación de la UE». Su modelo fue, durante todo un período, Syriza. En las anteriores elecciones europeas, Tsipras era el héroe y la referencia de Podemos, Mélenchon, el Bloco de Esquerda portugués, Rifondazione Comunista o el alemán Die Linke. El problema es que Tsipras, dos años después, para permanecer en el euro y la UE, se convirtió en el nuevo sicario de la Troika en Grecia.

Sin embargo, aunque Tsipras traicionó vilmente a su pueblo en el referéndum de julio 2015, Pablo Iglesias (Podemos) no dudó en declarar que él habría hecho lo mismo: «Es tristemente lo único que podía hacer» (16/7/15). Ahora, los antiguos amigos de Tsipras no se fotografían con él porque ya no es reclamo electoral. Sin embargo, siguen manteniendo en lo fundamental la misma estrategia que en 2013.

El 12 de abril de 2018, Iglesias (Podemos), Catarina Martins (Bloco) y Mélenchon (La France Insoumise) anunciaron en Lisboa una campaña común en las próximas elecciones europeas y suscribieron un manifiesto conjunto, «Ahora el Pueblo». Este manifiesto, que podría ser firmado por cualquier socialdemócrata, no menciona ni una sola vez las palabras clase obrera, burguesía, imperialismo o socialismo. Para sus firmantes no hay clases sociales, sólo «élites y pueblo». Su objetivo está limitado a la recuperación del Estado del bienestar y a la promoción de políticas keynesianas, lo que no sólo es incompatible con el cuadro de austeridad de la UE y del euro sino que representa también una vía muerta para resolver la crisis del capitalismo. Los nuevos reformistas quieren refundar la UE y excluyen salir del euro. Hablan de modificar los tratados de la UE e incluso de una eventual desobediencia los más «radicales» de entre ellos (Francia Insumisa, que ha abandonado su plan B de salida de la UE). Pero no hay desobediencia posible en el interior de la UE. Por ejemplo, o se someten al BCE o recuperan la soberanía monetaria y entonces emiten su propia moneda. En el caso de Podemos y del Bloco portugués, esta política encaja a la perfección con su meta principal: integrar un gobierno burgués de coalición con Sánchez (PSOE) y con Costa (PS), en el marco de la UE y el euro.

Al obrar de esta manera, estos partidos neorreformistas entregan la bandera de la lucha contra la UE a la ultraderecha, ayudándole a capitalizar el legítimo repudio popular a la Europa del capital.

Por eso estamos en desacuerdo con las fuerzas de extrema izquierda que se oponen a la ruptura con la UE y el euro diciendo que esto sería una salida «nacionalista» que «hace el juego a la extrema derecha». Este falso argumento amalgama el justo rechazo popular a la UE con el chovinismo y la xenofobia de la ultraderecha, tergiversando groseramente la realidad y dando cobertura de izquierda a los neorreformistas defensores de la UE y el euro.

Un programa para un cambio social real

Un programa de cambio real debe contener las siguientes medidas:

– La recuperación y mejora sustancial de los servicios públicos para que sean gratuitos, públicos y de calidad, anulando las privatizaciones mediante su expropiación sin indemnización; la anulación de las contrarreformas laborales y de pensiones y el fin de la precariedad laboral; asegurar un trabajo y un salario decente para cada uno, lo que exige la expropiación del capital y el control de los medios de producción por los trabajadores asociados.

– Asegurar el derecho al aborto gratuito, la igualdad de la mujer y los derechos de la juventud trabajadora; acabar con el racismo y la xenofobia institucional; asegurar la libertad de circulación e instalación para los trabajadores migrantes.

– Parar la deriva autoritaria y represiva de los Estados y asegurar el pleno ejercicio de los derechos y libertades democráticas. Disolver las fuerzas especiales de represión y promover la autodefensa obrera y popular frente al Estado y las agresiones fascistas y racistas. Garantizar el ejercicio del derecho a la autodeterminación nacional de Cataluña y las naciones sin Estado.

– Detener la destrucción del medio ambiente y enfrentar el cambio climático mediante una transición ecológica cuya primera condición de éxito es la socialización de las empresas energéticas y el control obrero y popular de dicha transición.

– Salir de la OTAN, desmantelar las bases norteamericanas en Europa y las bases europeas en el exterior. Poner fin a las intervenciones colonialistas y retirar las tropas europeas del extranjero. Dejar sin efecto los tratados colonialistas, como por ejemplo el sistema del franco CFA en África, creado en beneficio del capitalismo francés. Detener la venta de armas. Permitir el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos oprimidos.

Un programa incompatible con la UE y el euro

Un programa de esas características es imposible de aplicar sin anular la deuda pública, expropiar los bancos y las grandes empresas, socializar la inversión e instaurar el control de de los trabajadores sobre la producción. Estas medidas solo se pueden llevadas a cabo apoyándose en una movilización general y sostenida de masas y son del todo incompatibles con la pertenencia a la UE y al euro. Implantarlas exigirá que el poder pase a manos de Gobiernos de los Trabajadores surgidos de nuevas instituciones, apoyados en una red de asambleas y comités populares levantados en los lugares de trabajo y de vida del pueblo, basados en delegados revocables en todo momento.

La salvaje actuación de la UE en Grecia nos muestra que la ruptura revolucionaria de un país con la UE se va a enfrentar, con toda seguridad, desde el inicio al más brutal sabotaje. Por eso, será necesario adoptar medidas básicas de autodefensa, como el cierre de los mercados financieros, la conversión de los activos y pasivos financieros en una nueva moneda no convertible o el monopolio estatal del comercio exterior. Sólo así podrá reorganizarse la economía frente el sabotaje exterior, mientras se articula la solidaridad internacional y nuevas victorias incorporan a nuevos países a la construcción de una Europa de los trabajadores y los pueblos, de unos Estados Unidos Socialistas de Europa. No hay solución a escala de un país. O el proceso revolucionario se extiende a otros países o estará condenado a la derrota.

Algunos criticarán que este programa no es «realista». En un sentido tienen razón, porque no puede ser aplicado por procedimientos «parlamentarios» ni por el manoseado «diálogo social» de los burócratas sindicales. Es un programa para cambiar de verdad la vida de la clase trabajadora, lo que significa que va a exigir grandes movilizaciones y duros enfrentamientos de clase.

Organizar la lucha común

Luchar por este programa es combatir por agrupar el sindicalismo combativo contra la burocracia y reconstruir sobre nuevas bases el movimiento sindical; impulsar la movilización basada en la democracia obrera y la unificación de las luchas; organizar la solidaridad internacionalista con las luchas y dar respuestas conjuntas a escala europea; reforzar la Red Sindical Internacional.

Luchar por este programa es, en Francia, batallar por la confluencia entre los chalecos amarillos, los obreros de las fábricas y otros sectores sindicalizados y la juventud estudiantil para organizar una huelga general que eche a Macron y abra paso a las reivindicaciones. Y fuera de Francia, impulsar la solidaridad con los chalecos amarillos.

Luchar por este programa es combatir por construir y organizar una fuerza revolucionaria que lo defienda internacionalmente y en cada país.

Mayo, 2019

FIRMANTES

Sophie (Bureau du Secrétariat Jeune du NPA Jeune) Francia

Thomas (Bureau du Secrétariat Jeune du NPA Jeune) Francia

Philippe (Comité exécutif et Conseil Politique National du NPA, Tendance Claire) Francia

Gaston (Conseil Politique National du NPA, Tendance Claire) Francia

Marie (Conseil Politique National du NPA, Tendance Claire) Francia

Serge (Conseil Politique National du NPA, Tendance Claire) Francia

Georg H. (ISO) Alemania 

Laura Requena (Corriente Roja-LITci) Estado español 

David Pérez (Corriente Roja-LITci) Estado español

Francesco Ricci (PdAC-LITci) Italia

Fabiana Stafanoni (PdAC-LITci) Italia

Carlos Ordaz (Em Luta-LITci) Portugal

José Pereira (Em Luta-LITci) Portugal

Martin Ralph (ISL-LITci,) Gran Bretaña

Margaret McAdam (ISL-LITci) Gran Bretaña

Matthieu Lallemand (LCT/CWB-LITci) Bélgica

Catherine Bernard (LCT/CWB-LITci) Bélgica

POI-LITci, Rusia