Editorial del Página Roja de septiembre

Se termina el verano, pero en los tiempos que corren la estación del sol ya no es sinónimo de pausa y descanso, por lo menos para la mayoría.

Dos imágenes sintetizan la estación estival: una de ellas es la de la costa atiborrada e “invadida” de turistas extranjeros. Pero hay otra imagen de las orillas del Mediterráneo, la de los “extranjeros” menos afortunados que simboliza Aylan, el niño sirio que huía del genocidio del dictador Assad y de las bandas de ISIS (las mismas que antes fueron generosamente armadas por las potencias imperialistas y sus regímenes satélites en la región). La imagen de Aylan ahogado en una playa turca ha conmocionado al mundo. Pero hay otras imágenes que no llegan a la tele: las de los niños que perecieron asfixiados dentro del camión junto a 71 adultos y otros tantos en furgonetas o las de los que yacen en el fondo del mar o en las bodegas del los barcos. Estas muertes sin imágenes no tocan las conciencias; son la cara oculta de la barbarie.

Los noticieros han convertido la oleada de refugiados más grande desde de la II Guerra Mundial en en una “ola de inmigrantes”. No han dicho ninguna palabra sobre la intervención y las bombas de EEUU y sus aliados en Afganistán, Irak, Siria o Yemen. Pero esa es la verdadera causa de que familias enteras se jueguen la vida en el mar para luego someterse a las infames humillaciones de la “civilización occidental”, autoproclamada defensora de los “derechos humanos”. Los que sobreviven al mar deben superar vallas, muros, policías, perros y trenes que recuerdan el medio de transporte nazi a los campos de concentración. Para Merkel, Rajoy y Obama hay una clase de personas que no tienen sitio en la declaración universal de derechos humanos. Su función es dejarse la vida en las fábricas, minas, talleres y cuando no, con la misma tecnología, bajo las bombas civilizadas.

 

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Mientras los turistas terminan de hacer las maletas y los empresarios echan a la calle a los temporeros, el PP tiene que darse prisa para grabar en las mentes de la gente los 412 mil empleos precarios creados en el verano antes de que venzan los 307 mil contractos temporales. Al unísono, el PP y la patronal corean: ¡las reformas garantizan la recuperación de la economía, idiotas! Y los números bailan: el número de jóvenes parados ha descendido en 145.000…pero no dicen que este descenso viene de la disminución de la población activa de jóvenes por la emigración y por el abandono de la búsqueda de empleo.

Los únicos números que no mienten son los de la recuperación de las ganancias de las grandes empresas del IBEX-35, a expensas de una reducción brutal de los salarios. La patronal despide y luego contrata con salarios inferiores y a tiempo parcial. Si tenemos en cuenta el tamaño de la población y calculamos la tasa de ocupación (el empleo total por la población entre 16-64 años), el resultado es contundente: un 57,6%, como el año 2000.  No se han creado nuevos puestos de trabajo y los ERES se multiplican, Indra, Vodafone… Mientras tanto, las dos citas electorales la catalana y las generales ocupan el centro de la situación política, ¿qué desafíos están planteados para la clase trabajadora?

 

El 27S: de nuevo, las amenazas

Sobre Cataluña Rajoy no anda con miramientos: “No va a haber independencia de Cataluña. No la va a haber” El Estado está absolutamente preparado para hacer cumplir la ley cuando alguien la viole.

Hablan de «hacer cumplir la Ley» como un sinónimo de chantaje y amenaza. Esta misma “democracia” que recortó el Estatut y prohibió la consulta del 9N, ha aprobado ahora la ley de Defensa Nacional  y se prepara para intervenir la autonomía catalana si ganan las opciones independentistas.

Cataluña tiene todo el derecho a decidir su futuro, en forma unilateral si esa es la voluntad del pueblo soberano. Las organizaciones obreras, los sindicatos, los partidos de la izquierda, las organizaciones democráticas del estado español no podemos mantener ambigüedad alguna en este asunto decisivo. Sin confundirnos en lo más mínimo con la burguesía catalana y Artur Mas, nuestra obligación es dejar claro al Estado, al Rey y a Rajoy que no cuenten con nosotros para avalar, por activa o por pasiva, sus veleidades imperiales.

 

Es la hora de llenar el “cambio” de contenido

En lo que respecta a las elecciones generales, el verano no termina como empezó. Desde el sonoro “No voy a ceder al chantaje” que lanzó Pablo Iglesias ante la posibilidad de confluencia de Podemos con las candidaturas de la Unidad Popular repitiendo la experiencia de las municipales, hasta los acuerdos de Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana y las negociaciones empezadas en Aragón y Andalucía y Madrid va un trecho largo.

La respuesta de la dirección de IU a Iglesias fue la constitución del movimiento por la confluencia Ahora en Común, que ha ilusionado a muchos activistas ante la arrogancia de Podemos.

Sin embargo, visto el ritmo que llevan los acuerdos territoriales, es legítimo que los activistas se pregunten hasta dónde está convencida la dirección de IU de la necesidad de un proceso donde prime la democracia y la discusión del programa. O si el lanzamiento de Ahora en Común es para ellos solo un instrumento de presión para negociar un sitio en las listas con Podemos.

En medio del tira y afloja de las negociaciones y con los ojos puestos en los sondeos electorales, ya hay dos víctimas: el programa y el método de la construcción de la unidad. Tras lo sucedido en Grecia nos parece que es insostenible mantener los “significantes vacíos” de Podemos del estilo de “rescatar las instituciones para la gente”. Y tampoco nos parece que los años de capitulación de IU al régimen puedan ser el aval para la “confluencia”.

Por eso saludamos y apoyamos la iniciativa de los “Sindicalistas por la Unidad Popular” por la apertura de la discusión programática para la confluencia. Creemos que esta iniciativa es un soplo de aire fresco frente a una discusión vacía sobre la unidad que no tiene más programa que el rescate de unas instituciones cada vez más atadas a un proyecto de destrucción de las pocas conquistas que nos restan y a consolidar el modelo de explotación que está en marcha.

Urge llevar esta discusión a las empresas, barriadas obreras, escuelas, a todos los activistas que ocuparon las calles en las manifestaciones multitudinarias, a los que resistieron a los ERES contra los acuerdos firmados por la burocracia sindical. Tras los sucesos de Grecia es ineludible plantearse los límites de un cambio basado en el respeto a las reglas impuestas por la UE y por el régimen español. Manos a la obra.