En las últimas semanas hemos vivido una de las movilizaciones de masas más intensas de la historia del país. Tras el resultado de la primera vuelta, con Flávio Bolsonaro en cabeza, una serie de manifestaciones espontáneas, impulsadas por la juventud y al margen de los aparatos del PT y del gobierno, brotaron por todo Brasil contra la amenaza del regreso de la extrema derecha al poder. Contra todos los pronósticos, y enfrentándose a las injerencias de las Big Techs y a las maniobras de los ayuntamientos bolsonaristas, este movimiento logró algo inédito: imponer un vuelco en la segunda vuelta y una derrota electoral al bolsonarismo.

Por: La redacción de Opiniao Socialista

En la práctica, el movimiento de masas se apropió de una campaña desacreditada del PT, centrada en vender la imagen de un país idealizado que chocaba con la percepción concreta de un Brasil con enormes problemas sociales y económicos, como la inflación, el subempleo y la falta de perspectivas, y la convirtió en un enfrentamiento directo con la extrema derecha. Las manifestaciones y una enorme red de solidaridad entre los de abajo, que ayudó a las personas a desplazarse a los colegios electorales, contribuyeron a reducir de forma inédita el índice de abstención, garantizando la reelección de Lula y, sobre todo, que el bolsonarismo quedara fuera del poder.

La clase trabajadora y la juventud salen fortalecidas de este proceso, y con razón. En las calles se enfrentaron a la extrema derecha, a Trump y a las Big Techs, y demostraron que, mediante la lucha, es posible cambiar la correlación de fuerzas e impedir el retroceso. Más aún, esa movilización fue importante para la aprobación del fin de la escala 6×1 en el Senado de forma prácticamente unánime, algo impensable meses atrás. También llevó a la agenda pública la defensa de la soberanía, la lucha contra las privatizaciones, los derechos sociales y la vida de las mujeres, las personas negras y las personas LGBTI.

De forma cobarde y en connivencia con el imperialismo norteamericano, Flávio Bolsonaro huyó del país, mientras Trump amenaza con no reconocer las elecciones. La extrema derecha es expresión de la decadencia del sistema y de esta democracia de los ricos, y seguirá con su proyecto autoritario, dentro o fuera de las instituciones, si no la derrotamos en las calles, a ella y al sistema que la alimenta.

Ninguna confianza en el gobierno de Lula: el gobierno prepara ataques contra los trabajadores

La derrota electoral de Flávio Bolsonaro fue importante y una victoria. Pero el gobierno reelegido de Lula no representa una alternativa para los trabajadores. Será un gobierno capitalista como el anterior. En los despachos del Planalto y en el equipo económico ya se discute una nueva ronda de ajuste fiscal, que podría incluir medidas como una nueva reforma de las pensiones y otros mecanismos de ajuste a costa de los derechos de los trabajadores más pobres. Uno de ellos sería el fin de la paga extra salarial (abono salarial) para quien pase del Bolsa Família a un empleo formal. Otro conjunto de medidas barajadas por el actual ministro de Hacienda, Dario Durigan, consistiría en tocar los mínimos constitucionales de Sanidad y Educación, cambiando su base de cálculo al incluir las enmiendas parlamentarias. Sería una alteración contable que, en la práctica, acaba con esos mínimos.

Estas medidas van en sentido contrario al mensaje de las manifestaciones, que salieron a la calle contra la extrema derecha, pero también por derechos sociales. Esto refuerza la necesidad de retomar las movilizaciones iniciadas en la segunda vuelta, pero ahora contra los ataques que prepara el gobierno de Lula y también contra cualquier eventual amenaza autoritaria de la extrema derecha o de intervención política o militar del imperialismo. Las movilizaciones en países como Francia, Portugal y España en defensa de derechos como la educación y la vivienda muestran el camino.

Luchar por la independencia política de los trabajadores, fortalecer una oposición de izquierdas y construir una alternativa socialista

El gobierno de Lula, incluso con el impresionante ascenso de masas, ya ha dado muestras de que no gobernará para ni con los trabajadores. Mientras las calles apuntaban a la izquierda, el gobierno iba en sentido contrario: puso, por ejemplo, a la latifundista Kátia Abreu al frente de su campaña oficial, y el propio Lula se inclinó por el populismo punitivo de la reducción de la mayoría de edad penal. Y ahora, la clara señal de un nuevo ajuste fiscal.

Esto ocurre porque Lula gobierna con y para los banqueros, los industriales, los terratenientes del agronegocio, las multinacionales, en suma, los grandes multimillonarios nacionales e imperialistas y sus representantes en los partidos burgueses. Por eso no se enfrenta a los capitalistas ni estatiza los sectores estratégicos apoyándose en la movilización de los trabajadores y del pueblo. Al contrario, hace un gobierno de alianzas y se apoya en el Congreso Nacional, enemigo del pueblo, y en el Poder Judicial, rifando las reivindicaciones de la clase trabajadora, de las mujeres y de los indígenas, como la anulación de la reforma laboral.

Este tipo de gobierno de alianzas y conciliación con los grandes capitalistas y el imperialismo es el que, al fin y al cabo, acaba fortaleciendo a la extrema derecha. Lula y Bolsonaro no son iguales, en el sentido de que la extrema derecha representa una amenaza para las libertades democráticas. Hemos derrotado electoralmente al bolsonarismo, pero la tarea ahora no es apoyar al gobierno de Lula, sino construir una fuerte oposición de izquierdas que apunte a una alternativa que no sea este proyecto fracasado de conciliación ni la ultraderecha.

Para ello es preciso retomar las movilizaciones y ganar al máximo de trabajadores, de jóvenes y de sectores oprimidos para un camino de independencia de clase, mostrando que las reivindicaciones expresadas en las masivas manifestaciones no se conseguirán en connivencia con la burguesía y el imperialismo.

Los trabajadores y la juventud, movilizados y organizados, tienen fuerza para cambiar el país y construir un gobierno de la clase trabajadora, de las mujeres, de las personas negras y de los indígenas, sin capitalistas. Porque es la clase trabajadora la que construye la riqueza que se embolsa menos del 1 %, los megapropietarios de las 250 mayores empresas del país.

Es preciso discutir el papel del PT y la necesidad de superarlo por la izquierda

El PSTU presentó la candidatura de Hertz Dias y Vanessa Portugal en la primera vuelta con el fin de debatir y defender un programa revolucionario y socialista para Brasil, que llegue hasta el fondo de las razones de nuestro retroceso y degradación social. Un programa que sitúa en el centro del debate la necesidad de expropiar a los grandes monopolios capitalistas que controlan buena parte de nuestra economía y la cuestión de la soberanía nacional desde la perspectiva de los trabajadores. Junto a ello, la necesidad de construir una alternativa de la clase trabajadora que supere la polarización entre dos opciones capitalistas.

En la segunda vuelta, el PSTU llamó al voto crítico a Lula, sin ningún apoyo al gobierno. Y ello porque, aunque ambos representan formas distintas de seguir administrando el capitalismo, un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro se presentaba de forma declarada como una amenaza a las libertades democráticas y, por tanto, con peores condiciones para luchar contra los ataques que vendrán. Además de combatir al bolsonarismo, fue lo mejor también para explicar a los trabajadores el carácter capitalista del gobierno de Lula y señalar la necesidad de hacer una oposición de izquierdas a este gobierno. Por eso, el PSTU estuvo activamente en las manifestaciones y en la organización de Bloques del Voto Crítico en todo el país, aglutinando a activistas para dar la vuelta a votos y derrotar al bolsonarismo, manteniendo total independencia política.

Junto a ello, el PSTU planteó la necesidad de superar al PT y la política de conciliación de clases por la izquierda. A diferencia de la izquierda del orden, que apoya al gobierno de Lula y se coloca como su base como forma de combatir a la extrema derecha, el PSTU advirtió de que es la propia política del gobierno del PT, como el marco fiscal, una política económica de austeridad y el mantenimiento de la reforma laboral, así como las privatizaciones y la entrega del país, la que, además de empeorar la vida del pueblo, mantiene y profundiza las condiciones sociales y económicas para el fortalecimiento de la extrema derecha. Por eso, el PSTU se posicionó, y seguirá posicionándose, como oposición de izquierdas al gobierno de Lula.

Es hora de organizarse: toma partido

Es una necesidad urgente construir y fortalecer una alternativa revolucionaria y socialista que supere al PT, a la izquierda del orden y su fracasada política de conciliación de clases. Sin ello seguiremos en un ciclo eterno entre distintos gobiernos burgueses, mientras Brasil se vuelve cada vez más dependiente y las condiciones de vida de la clase trabajadora y de la gran mayoría de la población empeoran. La historia ya ha demostrado que, de «mal menor» en «mal menor», acabamos siempre en el «mal mayor».

Solo cambiando radicalmente esta organización social de explotación y opresión será posible cambiar las condiciones de vida de la clase trabajadora; de las mujeres víctimas de feminicidio y de la violencia machista; de la juventud negra y de la población de las periferias, víctimas de la violencia del crimen organizado y de la Policía Militar; de las personas LGBTI oprimidas y superexplotadas; y de los pueblos indígenas, quilombolas y ribereños, víctimas del agronegocio, de las madereras y de las mineras.

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