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MÁLAGA | No hay paz sin justicia. Por una Palestina libre desde el río hasta el mar, ¡la lucha sigue!

Por: Corriente Roja Málaga

Este jueves 23 de octubre, cientos de personas, convocadas por distintas organizaciones como Voces Palestinas Málaga, Axarquía con Palestina, BDS, Global Movement to Gaza y otras, volvimos a recorrer las calles de Málaga en unidad, para denunciar el incumplimiento del alto al fuego por parte de Israel, repudiar el infame plan colonial de Trump; mal llamado “Acuerdo de paz” y reivindicar la necesidad de seguir luchando ¡hasta que Palestina sea libre del río al mar!. Nada podría expresar mejor la rabia e indignación con la que nos concentramos, que las palabras de un compañero palestino en las redes, al día siguiente de la misma:

“Todo lo que provocó el 7 de octubre sigue presente ahora y multiplicado por miles. Gaza ha sido arrasada por sus bombas; unos 50 millones de toneladas de escombros necesitarán ser removidos hasta el año 2050 según algunos estudios. El noventa por ciento de las viviendas están destruidas total o parcialmente. El setenta por ciento de los hospitales fueron completamente destruidos, y casi todas las tierras agrícolas no serán aptas para cultivar durante décadas, quizás siglos. Gaza ahora es inhabitable. ¿De qué paz hablan?

¿Hay paz también en Cisjordania? Cada día hay agresiones, asesinatos, terrorismo, asfixia, robo de tierras, detención de niños y golpizas a mujeres. Nos están matando cada día en las pantallas de la televisión.

No me hablen de paz, Palestina está ocupada. No me hablen de paz, cuando existe un Estado reconocido llamado Israel construido sobre las tumbas de mi pueblo y la sangre de mis hermanos. No me hablen de paz cuando tengo que ponerme frente al mundo y explicarle que la ocupación es inmoral y que el acto de resistir la ocupación no es terrorismo. No quiero una paz falsa, quiero una Palestina libre. Quiero poder ir y ver la casa de mi abuelo en Haifa, tocar sus piedras antiguas y ver el eucalipto que él plantó, del que me habló y bajo cuya sombra murió lejos.

No quiero una paz basada en la sumisión, ni un apretón de manos con quien asesinó a los niños bajo los escombros. No quiero que me pidan ocultar mis heridas para parecer “civilizado”, ni justificar mi derecho a existir ante quien robó mi tierra y me llamó terrorista. Quiero una libertad real, no un documento de paz escrito sobre nuestros cuerpos. Quiero respirar un aire que no esté contaminado por aviones, y mirar un cielo que no sea atravesado por misiles. Quiero vivir en una tierra donde el ocupante no decida cómo debo vivir ni cuándo debo morir.

No habrá paz mientras el último soldado ocupe nuestra tierra, mientras un solo niño palestino duerma con miedo. No pido lo imposible, reclamo lo que es mío por derecho: ser libre en mi tierra”. No quiero paz, quiero justicia. Y no hay justicia sin libertad. Ni libertad sin romper las cadenas, alzar la bandera y volver a la tierra que aún recuerda nuestros nombres.

La manifestación, muy animada durante todo su recorrido, que comenzó en la calle Molina Lario, para cortar el tráfico del Paseo del Parque y terminar en la calle Alcazabilla, finalizó con la lectura de un manifiesto por el compañero Hatem, que no dejó tampoco indiferente a nadie, por su alta carga emotiva así como por sus reivindicaciones. Un mensaje con el que dejó claro, que el movimiento en solidaridad con Palestina y contra el sionismo, es también antiimperialista, antifascista y antiracista. Todas estas luchas, se concentran hoy en la causa palestina; y es por ello que esta, se ha convertido ya en la causa de todos los oprimidos y explotados del mundo.

Reproducimos este a continuación:

Compañeras, compañeros, Estamos aquí hoy para denunciar, una vez más, la impunidad del Estado genocida de Israel, que vuelve a violar el alto el fuego. Porque Israel siempre actúa igual: nunca respeta los acuerdos, nunca respeta el derecho internacional, nunca respeta el derecho humanitario. Lo vemos en el Líbano, lo vemos en Siria y, una y otra vez, lo vemos en Palestina.

Israel es un Estado de guerra permanente, una sociedad profundamente militarizada, un aparato de destrucción al servicio del imperialismo occidental. Desde su creación hasta hoy, ha desobedecido todas las resoluciones de Naciones Unidas. No ha cumplido ni una sola. Vive fuera de la ley, amparado por la impunidad que le conceden las potencias occidentales — especialmente Estados Unidos— y por la complicidad activa de Europa.

Esa impunidad convierte a Israel en un Estado criminal, un Estado que no rinde cuentas ante nadie. Y eso es lo que venimos a recordar hoy aquí. Romper los altos el fuego no es una excepción: es su norma. Israel inventa pretextos, fabrica excusas, utiliza mentiras para seguir matando, destruyendo y ocupando. Y mientras tanto, la comunidad internacional mira hacia otro lado, habla de paz mientras financia al agresor y calla ante el crimen.

Pero hay algo que debemos dejar muy claro: Un alto el fuego no borra un genocidio. Un alto el fuego no devuelve la vida a las decenas de miles de palestinos asesinados. Un alto el fuego no reconstruye Gaza ni cura el trauma del pueblo palestino. Y frente a ese genocidio decimos con firmeza: no olvidamos y no perdonamos. Por eso exigimos justicia.

Queremos que Netanyahu, sus ministros y todos los responsables políticos y militares israelíes respondan ante los tribunales internacionales por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Porque sin justicia, no hay paz posible.

También señalamos la responsabilidad directa de Estados Unidos y la vergonzosa complicidad de Europa. Son responsables no solo por lo que hacen —por armar, financiar y proteger a Israel— sino también por lo que callan: su inacción, su cobardía y su doble moral. Y esa complicidad los hace corresponsables del sufrimiento y la destrucción en Palestina. Por eso reclamamos a los gobiernos europeos —y especialmente al gobierno español— que rompan toda relación política, militar, económica, cultural y deportiva con Israel; que decreten un embargo total de armas; y que pongan fin a toda forma de colaboración con un Estado que practica el genocidio.

Compañeras y compañeros, Queremos dar las gracias a todas y todos los que estuvieron, a quienes estáis hoy aquí y a los que no han podido venir, por su compromiso, su humanidad y su solidaridad. A quienes, después de más de dos años, siguen en las calles, siguen alzando la voz, siguen poniendo el cuerpo para reclamar justicia. A quienes no se han dejado engañar por los intentos de normalizar la barbarie ni por los falsos acuerdos de paz promovidos por los mismos responsables del sufrimiento del pueblo palestino.

También queremos desenmascarar el llamado plan de paz de Trump: una pantomima, una farsa presentada como acuerdo, que ignora por completo los derechos y las aspiraciones legítimas del pueblo palestino. Aunque la resistencia palestina, con sentido de responsabilidad y unidad nacional, lo aceptó, digámoslo claramente: ningún plan impuesto desde fuera, que no reconozca la soberanía plena de Palestina, puede considerarse un camino hacia la paz.

Ese plan no busca justicia; busca perpetuar la ocupación, legitimar el robo de tierras y borrar la causa palestina del mapa político. Y frente a eso, reafirmamos sin ambigüedades: Solo el pueblo palestino tiene derecho a decidir su propio futuro. No aceptamos dirigentes impuestos desde fuera. No aceptamos que se sustituya una ocupación por otra. Palestina no necesita tutores ni salvadores: necesita libertad, soberanía y justicia. Porque solo el pueblo palestino tiene autoridad para aceptar o rechazar cualquier acuerdo, y ninguna paz será real si no se basa en la justicia y en el fin de la ocupación.Gracias por no rendiros. Gracias por mantener viva la solidaridad, la memoria y la esperanza. Y para terminar, queremos decirlo alto y claro: El pueblo palestino tiene derecho a resistir. Tiene derecho a vivir libre en su tierra. Tiene derecho a volver a sus hogares. Tiene derecho a existir como pueblo, con dignidad, con justicia y con independencia. Palestina no se rinde. Palestina no se borra. Palestina vive en cada persona que hoy sale a la calle, en cada voz que exige justicia, en cada bandera que se levanta contra el genocidio, la complicidad y la impunidad. ¡Fin de la ocupación, de todas sus formas y disfraces! ¡Justicia y libertad para el pueblo palestino! Y desde el río hasta el mar: ¡Viva Palestina libre!

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