En una ciudad en la que el Real Madrid y el Atlético acaparan los focos futbolísticos, el Rayo Vallecano siempre ha supuesto un soplo de aire fresco, como una suerte de galia en el fútbol moderno. Su existencia en uno de los barrios más desfavorecidos de Madrid, sirve de orgullo para una población de escasos recursos a la que les une un vínculo con su equipo que va más allá de lo deportivo.

En Vallekas, se han llegado a jugar unos cuartos de final de la UEFA, allá por el año 2000, tras eliminar al Constelación de Andorra, Molde de Noruega, Viborg de Dinamarca, Lokomotiv de Moscú y Girondins de Burdeos; siendo el Deportivo Alavés quien finalmente apeara al equipo vallecano de la competición. Por el césped del estadio del Rayo Vallecano han corrido ilustres jugadores, desde los veteranos Felines, Potele, Feliciano Rivilla, Gregorio Benito, hasta el británico Laurie Cunningham, fallecido a los 33 años víctima de un trágico accidente automovilístico, el uruguayo Fernando Morena, Hugo Sánchez, Tony Polster, Gerhard Poschner, un mediocentro alemán de origen rumano y coleta, Hugo Maradona, Diego Costa, Coke Andújar, Trashorras y un largo etcétera. Cuenta la leyenda que cuando Baljic vino cedido del Madrid de los galácticos, los chicos del barrio se daban una vuelta con su Ferrari, antes de devolverlo a la calle Payaso Fofó, donde se encuentra ubicado el estadio.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Laurie Cunningham/Temporada 86/87                        Felines y Potele

 

Sin embargo, Vallekas, nunca ha sido un lugar donde el glamour y los lujos hayan convivido, más bien siempre estuvo alejado de estrellas mediáticas y egos personales. Probablemente, el éxito más importante de este club, es haberse convertido en el orgullo de tod@s sus vecin@s. Un auténtico triunfo mucho más difícil de conseguir que las victorias que se logran sobre el terreno de juego. Sus futbolistas son los primeros en hacer gala de ello. Aquí los ídolos han sido Movilla, que trabajaba de barrendero recién empezaba su carrera futbolística y que merece un reconocimiento; Cota, que mientras portaba el brazalete de capitán de la franja, regentaba un bar; Pachón, que bien podría ser reconocido como Marqués del Madrid Sur, tras su paso por el Leganés, Getafe, Fuenlabrada y Rayo, o Tamudo, que con su gol en el descuento nos salvó aquella Temporada del descenso seguro a Segunda División.

        

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El histórico gol de Tamudo que evitaba el descenso (Temporada 2011/2012)

Pero si hay algo que destacar de Vallekas es su gente, gente de barrio que huele a aceite de taller, que tiene las manos curtidas de trabajar, fruter@s, albañiles, camarer@s, pescader@s o aquell@s otr@s que sufren en sus carnes la lacra del paro. En el barrio es raro encontrarse con algún comercio o bar que no haga un guiño al Rayo Vallecano y sus paredes luzcan escudos, banderas, bufandas u otros símbolos del equipo. Cuando suena “The final countdown” Vallekas es feliz. Porque si en el estadio se escucha al grupo musical Europe es que ha marcado el Rayo. Como en su día declarara el que fuera portero del Rayo Vallecano, el argentino Cristian Álvarez: «Vallekas tiene algo de la gente sin zapatos como me gusta a mí llamarlos. Me gusta que haya ese punto de humildad alrededor del club, un punto que ha hecho que no se pierda el contacto humano. Vallekas es algo cercano, guarda la esencia del fútbol».

 

Oscar, aficionado y camarero de la cafetería Disan

Caminar por la Avenida de la Albufera es mucho más que circular por la principal arteria de uno de los barrios más populares de Madrid, Vallekas. Porque en uno de sus tramos, a la altura de la calle Payaso Fofó, entre antiguas casas unifamiliares y pequeños bloques de viviendas, se alza un campo de fútbol, el Estadio de Vallekas. No es un terreno de juego cualquiera, es el gran templo del barrio. Si se compara con los grandes campos de otros equipos, la mole rayista destaca por sus pequeñas dimensiones. Las terrazas de las viviendas aledañas sirven de improvisados palcos, atestados de gente en cada partido.

El tamaño del recinto da muestra de la verdadera esencia de este equipo y de su historia: un humilde club de barrio, que ha pasado por todas las categorías de la Liga, y ha estado a punto de desaparecer. Su mayor triunfo sigue siendo haber sobrevivido.

El Estadio de Vallekas ha vivido grandes tardes de gloria, primero con el Racing de Madrid y después con el Rayo Vallecano. En él, aún se recuerdan los años gloriosos de ese Rayo de finales de los 70 conocido como el “Matagigantes” al doblegar a los grandes equipos de Primera División (Real Madrid, FC Barcelona, Valencia CF, Athletic de Bilbao, Atlético de Madrid y Sevilla).

En el campo del Rayo tuvieron lugar los conciertos de Simon and Garfunkel el 25 de mayo de 1982, Miguel Ríos y Rod Stewart en 1983, Bob Dylan en 1984, Queen y Scorpions en 1986, y Metálica en 1992 entre otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Humilde en lo deportivo, grande en sus valores, ¡¡Que viva el Rayo de la clase obrera!!

Pero si hay algo que diferencia a este club de fútbol y su gran afición es su compromiso con l@s humildes, l@s oprimid@s y las causas justas. Un ejemplo de ello fue la iniciativa de la segunda equipación rayista que no dejó a nadie indiferente y ocupó minutos y páginas en los informativos y diarios deportivos, algo a lo que no se está muy acostumbrado por Vallekas. De esta manera la histórica franja roja se sustituía por la bandera arcoiris, emblema del orgullo gay. Con esta decisión el Rayo Vallecano se convertía en el primer equipo del mundo en añadir este símbolo a su vestimenta deportiva. Una muestra de su compromiso contra la discriminación y la homofobia en el deporte.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, estos gestos no son algo nuevo. Desde hace algunos años, las peñas de aficionados organizan junto al equipo las “Jornadas Contra el Racismo en el deporte”. Unas Jornadas que han dado pie a que año tras año, los jugadores salgan al terrero de juego con una pancarta alusiva contra el racismo: “Ama al Rayo, Odia el Racismo” fue el lema de una de las últimas pancartas.

 

 

 

 

 

 

 

Otro hecho para recordar fue lo sucedido en la Huelga General del 29 de septiembre de 2010, donde los jugadores de la plantilla que estaban citados ese día para el entrenamiento, decidieron por solidaridad con la afición suspender el entrenamiento, convirtiéndose así en el único equipo profesional que  secundaba la Huelga General.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero, sin lugar a dudas, el caso más sonado fue el de la señora Carmen,  a la que le llegó una orden inmediata de desahucio. Corría el mes de noviembre de la temporada 2014-2015 y se supo que una anciana del barrio, de 85 años, iba a tener que abandonar su vivienda a la fuerza. A partir de ese momento se desató una enorme ola de solidaridad en el barrio y entre la afición, que culminó con la plantilla y el entrenador comprometiéndose a pagar el alquiler de la nueva casa. Ese fin de semana, durante el partido, se desplegaba en el fondo del estadio una pancarta que decía: «Los desahucios de un estado enfermo. La solidaridad de un barrio obrero. Carmen se queda»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los orígenes del Rayo Vallecano y su historia

El Rayo Vallecano se funda en 1924, con el nombre de Agrupación Deportiva el Rayo, en el domicilio de doña Prudencia Priego, la viuda del primer presidente del equipo, Julián Huerta. En esos años, el club jugaba en diferentes categorías regionales. El uniforme original, formado por una camiseta y pantalón de color blanco y medias negras, perduró hasta la temporada 1949-1950, cuando el Rayo firmó un acuerdo de colaboración con el Atlético de Madrid. El club rojiblanco cedía entonces a varios jugadores al equipo vallecano, a cambio de que añadiera algo de color rojo a su equipación, y de esta forma dejara de vestirse como el Real Madrid. El Rayo decidió copiar la franja roja del River Plate argentino, convirtiéndose en el primer equipo europeo que añadía este elemento a su vestimenta.

En 1931, se crea la Federación Obrera de Fútbol, en la que participa el equipo vallecano hasta el inicio de la Guerra Civil. En los años cuarenta, comienzan las obras del primer campo, el Rodival, y se cambia el nombre por el de Agrupación Deportiva Rayo Vallecano. Las siglas ADRV forman parte del escudo, y hoy son reivindicadas por gran parte de la afición franjirroja, que las considera un símbolo de la historia del rayismo.

El primer campo del Rayo se inaugura en 1956 en la Avenida de la Albufera con un partido contra el Carioca América de Bello Horizonte. El estadio terminó cerrándose en 1972, pero sobre el mismo lugar se construyó uno nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto de la inauguración del estadio en 1956

En 1976, se inaugura el Estadio de Vallekas. Con una capacidad para 14.500 personas, es el único de Primera División al que le falta un fondo.

En la Temporada 77/78, el Rayo lograba su primer ascenso a la Primera División, en la que pasaría a ser conocido como el «matagigantes», tras lograr varias victorias contra los equipos más fuertes de la competición. Tras dos años en Primera División, se logra la cifra de 10.000 socios, hasta entonces, record para el club.

De los Ruiz Mateos a Martín Presa

A partir de 1979, llegan diez años seguidos de idas y venidas, de subidas y bajadas, de ascensos y descensos entre la Segunda División y la Segunda B. En medio de este desastre, la familia Ruíz-Mateos compra el club en 1991, convirtiéndolo en Sociedad Anónima Deportiva y nombrando presidenta a Teresa Rivero, la esposa del empresario José María Ruíz Mateos, que se convirtió en «forofa» del Rayo. Las siglas ADRV fueron remplazadas por RVM (Rayo Vallecano de Madrid), que continúan vigentes actualmente.

Años después los problemas económicos acechan al club. La plantilla y empleados están varios meses sin cobrar y se suceden las protestas en cada encuentro. Un día, las letras del estadio, con el nombre de Teresa Rivero, amanecen destrozadas. En su lugar, hoy se exhibe un cartel en el que se lee Esto es Vallecas, al más puro estilo This is Anfield, en Liverpool. Los seguidores se vuelcan con el equipo, y la Plataforma ADRV (compuesta por las peñas de aficionados) saca a la venta una camiseta con el lema «Equipo y afición, unidos por un sentimiento», para pagar a los jugadores y a los empleados con los beneficios obtenidos. Tiene gran repercusión mediática un cartel que se exhibe en la grada en el que se utiliza la imagen de » El Padrino» para criticar la gestión de Ruíz-Mateos. El empresario sería juzgado, más tarde, por estafa al Rayo Vallecano, pleito del que salió absuelto, ya que la Justicia le condonó del pago de una deuda de 18,5 millones de euros a Hacienda.

El continuo rechazo de la afición a la directiva, provoca que la familia Ruiz-Mateos venda el equipo en 2011 al empresario Martín Presa, actual presidente. Desde entonces, el Rayo se mantuvo en Primera División, a pesar de entrar en concurso de acreedores, hasta volver a descender en la Temporada 2015/2016.

La gestión dantesca de Martín Presa

La gestión de Raúl Martín Presa ha sido dantesca desde el inicio allá por el año 2011. Como se sospechaba desde que se hizo cargo del club y posteriormente se ha ido confirmando, el Rayo Vallecano se convirtió para Presa en fuente de sus negocios y caprichos particulares. Debería darle vergüenza el aspecto infame y el deterioro que presenta el Estadio de Vallekas desde hace tiempo. En los baños huele a mierda, rebosa pis de los urinarios y saber que el último rollo de papel higiénico que hubo fue hace décadas es ya el menor de los problemas. Los asientos acumulan porquería e incluso albergan minihuertos con semillas y ramas. Si a Presa le quedara todavía un ápice de vergüenza, no debería dormir por las noches ante el bochornoso recibimiento que el club brinda cada quince días a los fieles del equipo y a la afición visitante. Y eso que un día no nos tengamos que lamentar de una desgracia irreparable por el lamentable estado de las gradas, estructuras e instalaciones. Poca broma con este asunto que es extremadamente grave.

Hace unos meses uno de esos empleados del Rayo tan anónimos como indispensables llamó por teléfono a un amigo y le dijo: “Ya no puedo más. Mi familia me ha pedido que lo deje porque ven que me estoy consumiendo. No hay nada que hacer, esto no tiene solución. Pero me da miedo y pena dejar tirado al Rayo”. Ese empleado que todavía sigue trabajando hoy en el club denunciaba lo que ya era vox populi  entre las peñas y círculos más cercanos al club: El presidente del Rayo es un desastre. Un club que en manos de Presa maltrata a entrenadores y delegados de la cantera, que no tiene ropa para los chavales de la Fundación y convierte en una heroicidad lucir con orgullo la camiseta del equipo.

El Rayo de Martín Presa prescindió de un pedagogo querido por tod@s y de un día para otro dejó de servirle el fotógrafo de tantos años. El Rayo de Presa ha tirado varios millones de euros por ese desagüe llamado Oklahoma, una de las mayores estafas en la historia de la entidad. El presidente del Rayo y su directiva han permitido que a un hincha le quiten en los tornos de la entrada al campo, una bandera con las altamente «provocadoras» siglas ADRV.

Uno de los últimos episodios fue el acoso y derribo al que sometieron a Alicia, portera, capitana y leyenda del equipo femenino, a la que quisieron sancionar por su apoyo público a los que se fueron marchando del club hartos de Presa y sus modos dictatoriales. Es en estas manos en las que se encuentra actualmente el Rayo Vallecano. Un dirigente que ha convertido el club en su propio cortijo y donde no existe transparencia alguna en la gestión: Nunca se hace entrega del Acta de la Junta de Accionistas y se publican las cuentas cuando les sale de… la calculadora. El Rayo es un desastre cuyo principal responsable es Raúl Martín Presa. No es de extrañar por tanto, que se hayan convertido en algo cotidiano, los gritos que la afición le dedica en cada partido a este personaje siniestro: “Presa vete ya” o “No queremos ver como hundes al Rayo….escucha al aficionado, Presa márchate”. Así se constata en la puntuación que al final de cada Temporada la afición otorga a jugadores, técnicos y directivos, donde Martín Presa es el que sale peor parado con un suspenso rotundo.

 

 

Protestas de la plantilla y l@s aficionad@s contra los Ruiz Mateo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Protestas contra Martín Presa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Rayo Vallecano y la Guerra Civil

La Federación Obrera de Fútbol (1)

La Federación Obrera de Fútbol, surge en septiembre de 1914, donde un grupo de socialistas madrileños llegan a impulsar una sociedad de deportistas, a la que llamarían Sociedad Deportiva Obrera. La idea principal era renovar socialmente las costumbres de los jóvenes trabajadores y que a muchas asociaciones españolas llamó mucho la atención por aquel entonces. Muchas fueron las ciudades españolas que quisieron entrar en este proyecto, como fueron Madrid, Eibar, Guadalajara, Valladolid y Barcelona.

Con la llegada de la República, los socialistas intentaron realizar una liga independiente de la oficial. Desde 1931 hasta el 1936 (inicio de la Guerra Civil), uno de los equipos en participar en esa liga fue el Rayo Vallecano, al igual que otros muchos como fue el Athletic Club de Madrid.

La imagen humilde y obrera del Rayo

Sin duda, característica propia y reconocida por el mundo del fútbol nacional y que conoce muy bien la sociedad española. El Rayo Vallecano nunca ha sido un club de dinero y millones, todo lo contrario. Muy luchador y obrero hasta la médula con un sentimiento entre la gente que sus propios cánticos en la actualidad lo dicen. Apoyos en las injusticias sociales, como son desahucios o recortes en servicios públicos hacen menciones a un club honrado.

De hecho, la historia del propio barrio vallecano no acaba aquí. Hasta 1950, Vallekas fue independiente hasta que un Decreto Ley lo juntó al municipio de Madrid. Historia que queda reflejada en muchos sitios y que marca un antes y un después en la vida de los habitantes vallecanos.

¿Cómo finaliza la Federación Obrera?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1936, se produjo un golpe de Estado contra la República. Mucha parte de esta historia tiene que ver con el que era nuestro aliado y vecino como equipo, el Athletic Club de Madrid, que muchos de sus jugadores combatieron para defender la República. En 1937, en la provincia de Zaragoza, Francisco Vives Camino (militar golpista), promueve la fundación de un equipo de fútbol, el Aviación Nacional. Cuando finaliza la guerra este equipo es fusionado con el Athletic Club de Madrid, surgiendo el Atlético de Aviación.

Las razones para acabar con la Federación Obrera de Fútbol fueron simples para los que defendían el Franquismo. La primera y más clara fue que los ideales franquistas quisieron evitar a toda costa sentimientos socialistas o de oposición y la segunda que la creación del Atlético de Aviación era uno de los más indicados para ser el primer club franquista, dado a que por la posición del estadio (centro de Madrid) y por su masa social, eran más partidarios a llevarlo a su terreno.

Movimiento obrero, social y de barrio son algunos de los valores que siempre han determinado en este Rayo, o como a muchos les gusta conocer como Agrupación Deportiva Rayo Vallecano. Los vallecanos se sienten orgullosos de su equipo y de la historia de un club que ha marcado un antes y un después en la vida de la sociedad madrileña y española.

El campo de concentración de Vallekas (2)

La población de Vallekas, durante la contienda, se había mantenido leal a la República y había defendido con uñas y dientes la democracia frente a los ataques del bando sublevado, que empujaba para tomar la ciudad de Madrid cuanto antes. Es por eso que después del final de la Guerra Civil, la represión se cebó con el entonces pueblo madrileño.

El 1 de abril de 1939, nada más acabar la guerra, las tropas franquistas crearon campos de concentración que actuarían como centros de detención para evitar la huida de los vencidos. Y uno de ellos se creó en el estadio de Vallekas (en aquella época denominado como Estadio del Puente de Vallekas).

El campo de concentración de Vallekas era de paso, donde se realizaba una clasificación de los prisioneros. Si no se encontraba ninguna responsabilidad política o militar a éstos, eran liberados; por el contrario, serían trasladados a cárceles como la de Porlier, a otros campos de trabajos forzosos o directamente condenados a muerte. Estuvo vigilado por miembros de la Falange, pertenecientes al Regimiento de Infantería San Quintín nº 25.

Por este campo de concentración franquista pasaron 9.500 personas durante el mes que estuvo en funcionamiento, donde la mayoría de los reclusos eran vallecanos, aunque también había gente procedente de la capital de España. Los allí hacinados vivieron en condiciones infrahumanas: dormían a la intemperie a pesar del frío y la lluvia, no tenían para comer, y vivían entre parásitos. Incluso, algunos autores mencionan que Amós Acero, el alcalde más popular que ha tenido Vallekas, estuvo de paso por este campo antes de estar en la cárcel de Porlier y ser fusilado en las tapias del cementerio de La Almudena.

El estadio que había en Vallekas no fue el único que albergó un campo de concentración creado por el bando vencedor. En Madrid, el antiguo Estadio Metropolitano llegó a albergar a 930 personas donde también se realizaron labores de identificación de posibles actos que pudieran ser considerados como delito por la dictadura de Franco.

Hoy, este hecho ha desaparecido de la memoria de l@s más jóvenes, pero l@s más ancian@s aún recuerdan las historias de penurias y calvario que se vivieron dentro del campo de concentración del estadio de Vallekas, que durante un tiempo sustituyó el ambiente mágico de una jornada dominical de fútbol por el resquemor y la venganza de uno de los episodios más siniestros de la Historia de España.

Antiguo estudio del Puente de Vallekas

 

 

 

 

 

 

 

(1) La inclusión al fútbol obrero del Rayo Vallecano de Miguel SIlveti.

(2) Cuando el estadio del Rayo Vallecano fue un campo de concentración franquista de Álvaro Anula Pulido.

El 27 de mayo un nuevo ascenso y ya van siete

El 27 de mayo de 2018 Vallekas no era Kiev ni tampoco era Lyon. Era la Champions del Rayo. El recibimiento al equipo por parte de la afición, a su llegada al estadio, fue la antesala de un emocionante partido y lo que aconteció al acabar el mismo. Vallekas se preparaba para vivir un nuevo ascenso y escribir otra de las páginas importantes en la historia del club. En las gradas 14.500 gargantas y sobre el césped 11 jugadores tratando de llevar a un barrio a codearse con la élite del fútbol mundial. Normalmente el fútbol va de ocasiones, de táctica y de pizarra. Sin embargo, lo de ese domingo no entendía de razón y lógica. Entendía de alma, valentía y coraje como dice la letra de su himno, de empuje y corazón. Hubiese dado igual que en vez de al fútbol el Rayo Vallecano hubiese jugado al rugby o al baloncesto. Era sí o sí, el Rayo tenía que subir.

Un ascenso no se consigue sin sufrir y además en esta ocasión hubo que esperar hasta casi la última jornada. Tras el gol de Alex Moreno, finalizando la primera parte, el partido entró en una fase peligrosa ya que el segundo no caía y la grada se apagaba. No es que l@s aficionad@s no estuviesen metidos en el partido… es que estaban agarrotad@s por los nervios. Lejos de allí, en otro estadio, el Sporting de Gijón estaba haciendo los deberes y al Rayo solo le valía la victoria. Mientras tanto, cada acercamiento del Lugo al área del Rayo era un drama.

Dicen que las cosas si cuestan esfuerzo saben mejor, y vaya si costó. No quedaban uñas en las gradas. Algun@s ni miraban… pero hay historias que tienen que acabar bien sí o sí. El Rayo Vallecano acabó ganando por 1-0 y con este resultado lograba por fin ascender. Después vino el estallido del público y Vallekas se llenó de una alegría que llevaba conteniendo durante tres semanas.

 

 

 

 

 

 

 

 

El público invadió el campo para celebrarlo. El Rayo se convertía así en equipo de Primera División por séptima vez.

 

Un ascenso que es de todas y todos. Un sentimiento que va camino de los cien años.

El último éxito del Rayo Vallecano tiene muchos protagonistas. Hijos, hermanos, yernos, nueras, primos, abuelos y tíos. Pequeños, mayores y medianos. El papá de este ascenso se llama Míguel Ángel Sánchez (Michel). Padre con pleno reconocimiento porque siempre construyó incluso cuando la tentación de todos era destruir. Quinto ascenso con la franja para un tipo del barrio que es historia viva de un sentimiento que va camino de los cien años. Palabras mayores.

Pero este ascenso es de tod@s. De las familias con varias generaciones que ayer se fotografiaban en la grada y en el césped. De los niños que fueron al día siguiente al colegio con la zamarra del Rayo. De los miles de hinchas que se dejaron el alma y la garganta en el campo y cuando el autocar del equipo giraba hacia la calle Payaso Fofó. Del intransferible Isi, que tras treinta años como utillero del primer equipo aparca la jubilación porque según él “quiere disfrutar de su equipo un añito en Primera”. De Miguel Ortiz, de profesión delegado y de sentimiento rayista hasta la médula. De los jugadores, técnicos y ayudantes. Del esfuerzo de Cobeño para paliar la inexperiencia de confeccionar la plantilla al no contar con una agenda repleta de teléfonos.

Este ascenso es de todas y todos ell@s. Y por supuesto, también de esas personas de las que nunca un@ debe olvidarse como Wilfred, Willy para los amigos, el portero negro de la eterna gorra, que murió pobre de puro bueno que era y que tras su retirada profesional del fútbol trabajó en una empresa de mensajería, mientras entrenaba a los porteros del equipo aficionado del Coslada. Aquí le golpeó la muerte de su mujer, también por cáncer, cuyo tratamiento en EE UU costeó y terminó arruinándole. Cuando la enfermedad se ensañó con él, optó por permanecer en un segundo plano y  lamentablemente su último deseo de despedirse de sus hijos no pudo cumplirse por escasamente unas horas. Wilfred Agbonavbare, de 48 años, fallecía en el Hospital de Alcalá de Henares, víctima de un cáncer, un día antes de que un avión procedente de Nigeria aterrizara en Barajas con sus tres hijos, a los que no veía desde hacía 10 años. Wilfred, dejó una huella imborrable en el club y los aficionados, ya que supo encarnar mejor que nadie los valores de un barrio y un equipo de fútbol humilde como el Rayito. Así se lo ha sabido reconocer la afición inmortalizando su imagen en la puerta 1 del estadio: Este ascenso va también por ti. Eterno Willy.

Por tu defensa de la franja y tu lucha contra el racismo. El rayismo nunca te olvidará”

 

 

 

 

 

 

 

17/06/18