Tras nueve meses de emergencia sanitaria, las medidas parciales, insuficientes e incongruentes para controlar la pandemia, siguen siendo la tónica habitual. Las cifras de muert@s resultan intolerables, la transmisión del virus sigue siendo muy alta y la situación es de alto riesgo en la mayor parte del territorio. Es por ello que la mayoría de epidemiólogos dan por hecho que habrá que enfrentarse a una tercera ola, sin haber superado la segunda.

Esta situación se repite en toda Europa. En varios países, las cifras de contagios y muertes son alarmantes y peores que en la primera ola. Más de 400.000 muert@s en todo el continente, donde una persona muere cada 17 segundos por Covid 19. Es el precio a pagar por la hipócrita “nueva normalidad” impuesta por las burguesías de todos los países. La OMS advirtió a los gobiernos europeos de nuevos rebrotes si no logran mejorar sus sistemas sanitarios.

Mientras, los últimos datos del INE apuntan a que el exceso de muertes supera, en mucho, las cifras oficiales, tanto en la primera como en la segunda ola; y la evaluación independiente e imparcial de la gestión de la pandemia que una veintena de reputados científicos españoles llevan reclamando desde agosto, continúa retrasándose y no tiene ni fecha de inicio

¿Salvar vidas y «la Navidad»? ¿Quién es responsable?

Uno tras otro, los distintos gobiernos autonómicos aprobaron planes especiales con nuevas normas de movilidad y aforos, en una desescalada progresiva de cara a la Navidad, que ahora se plantean endurecer, si la situación no mejora, lo que demuestra que los gobiernos siguen «por detrás» del virus. El «gran dilema» a consensuar, fue decidir la hora del toque de queda o con cuantos familiares y «allegados» podremos sentarnos a la mesa.

Nuevamente, las órdenes y contraórdenes y la falta de concreción de las medidas, no sólo generan muchas dudas, sino que dejan su cumplimiento al arbitrio y voluntad de cada uno/a. Una calculada ambigüedad con la que los gobiernos se lavan las manos: «Las administraciones pusimos las normas. Si hay tercera ola, la responsabilidad será sólo vuestra». Con sus medidas parciales e insuficientes, son ellos los que promueven que se produzcan aglomeraciones

Es hipócrita e injusto pedir la misma responsabilidad a quienes viven en pisos pequeños de barrios hacinados, soportan transportes públicos abarrotados para ir a trabajar, en lugares donde la distancia social es una ficción, que a quienes tienen segundas residencias donde ir, dinero para reservar locales privados o hacerse un control de la Covid cuando quieran.

Y sobre todo, ¿dónde estuvo la responsabilidad de los gobiernos cuando entre enero y mayo casi 14.000 personas fallecieron en residencias sin ser traslados a un hospital y 2.500 murieron en sus casas; muchas sin asistencia médica por el colapso hospitalario? ¿Dónde está ahora cuando meses después la Atención Primaria y los hospitales, siguen sin tener suficientes rastreadores ni el personal sanitario que se precisa? ¿O cuando siguen sin reforzar los transportes públicos ni aseguran viviendas dignas para protegernos del virus?

Una sanidad que sigue recortada y sometida a gran presión

Para calmar los ánimos anuncian que «hay una luz en el horizonte» porque pronto llegarán las vacunas. Una campaña que recaerá sobre la Atención Primaria, encargada de las pruebas PCR o de antígenos y de los rastreos, y que sigue colapsada. Falta personal de enfermería para tantas tareas. Y en los hospitales, siguen las largas listas de espera para intervenciones quirúrgicas y much@s enferm@s crónicos no pueden ser atendid@s como se debiera. Nuestra sanidad, gravemente tocada por esta pandemia, aún padece las consecuencias de los graves recortes a partir de 2010.

Para colmo, gobiernos como el de la Comunidad de Madrid lleva a cabo traslados de personal al controvertido hospital Isabel Zendal, a costa de reducir las plantillas de otros hospitales, ya de por sí muy mermadas. En medio de esta crisis, hay dinero para levantar edificios, pero no para contratar más personal médico o abrir UCIS que se mantienen cerradas, como las del hospital Infanta Sofía de Madrid. La salud sigue siendo un negocio para constructoras y otras empresas amigas.

A estas alturas, tenemos claro que pese a la demagogia de sus discursos, la campaña para salvar vidas y a la vez salvar la Navidad, no es otra cosa que el enésimo intento de salvar los beneficios de los capitalistas. La causa de que los contagios y las muertes se mantengan, no está en la conducta individual irresponsable de un@s poc@s, sino en la imposibilidad de los gobiernos burgueses de derrotar la pandemia, lo que es consecuencia del sistema capitalista. En la aprobación de estas medidas los gobiernos actúan «con una mano atada”, porque se encuentran absolutamente condicionados por su carácter de clase y los intereses que defienden.